Francisco es un líder barrial de la comuna 8 de Medellín que ha intentado que, en medio de la pobreza y la marginación en que está sumido su barrio, puedan establecerse relaciones transparentes entre las comunidades y las autoridades municipales, las mismas que últimamente pregonan la participación comunitaria. En ese empeño se encontró con el paramilitarismo que está aprovechándose y beneficiándose de lo que por derecho les corresponde a las comunidades. Por oponerse a que los “paras” despojaran a la gente de lo que les corresponde le ha tocado salir varias veces de su barrio y alejarse de su familia para preservar su vida. En una conversación extensamente con él nos contó algunas de las circunstancias que rodearon la distribución del presupuesto participativo de los barrios La Sierra y Las Mirlas durante 2005 y el asesinato del presidente de la acción comunal de Las Mirlas.
Entre mayo y agosto de 2005 estuvimos, con Augusto Henao, el presidente de Acción comunal de barrio, participando en las reuniones que la alcaldía de Medellín programaba para discutir lo del presupuesto participativo. En una reunión de esas, a mediados de junio, en la que se encontraban el entonces secretario de gobierno, Alonso Salazar, y el director de derechos humanos de la Personería, nos informaron lo que el municipio asignaría para cada barrio: en esta oportunidad salieron 108 millones para el barrio Las Mirlas, que era donde vivíamos Augusto y yo. También se informó que para el barrio La Sierra, vecino al nuestro, no se había asignado ningún presupuesto.
Edwin Tapias, que era el presidente de la Junta de Acción Comunal de La Sierra, se encontraba en esa reunión. Se enojó y dijo que él era quien había pasado el presupuesto de Las Mirlas y necesitaba de esos 108 millones para el barrio La Sierra, porque en las Mirlas no se necesitaba ese dinero. Cuando él terminó de hablar yo pedí la palabra y le dije que me daba mucha pena pero que ese presupuesto nosotros lo habíamos estado planeando hacía unos 4 años, que eso era del barrio Las Mirlas. La reunión, en la que participábamos como unas trescientas personas, se suspendió unos minutos para ponernos de acuerdo en cómo se iban a repartir los 108 millones entre los dos barrios. Edwin Tapias se opuso rotundamente a eso y decía que la plata la necesitaba el barrio la Sierra para un centro de Computadores, pero el resto nos pusimos de acuerdo entre todos cómo íbamos a hacer. Luego los de la alcaldía dijeron que iban a repartir esos 108 millones por partes iguales para los dos barrios. Tampoco eso le sonó a Edwin y exigió que le dieran 58 millones para él y 50 millones para las Mirlas. Augusto me dijo: “¿qué hacemos, le damos esos 58 millones y hacemos lo que podamos con el resto? Efectivamente así se hizo. La reunión se acabó y cuando íbamos a coger la buseta me contaron que Edwin había dicho que ese par de hijueputas no se iban a salir con la suya, que eso no se quedaba así.
Con Augusto habíamos quedado en hacer una reunión el 21 de agosto para comentarle a la gente lo que habíamos conseguido, estábamos muy contentos con esos 50 millones. Pero 8 días antes de esa fecha, Edwin Tapias programó una reunión en el Rinconcito Cafetero, un espacio en Las Mirlas, que está en límites con La Sierra. Augusto me dijo: “vamos a la reunión y dejamos la de nosotros para el domingo”. Yo le contesté que no, “yo no voy porque usted sabe que estoy cochino con esa gente. Vaya más bien usted y me cuenta lo que digan”. Efectivamente la reunión que había programado Edwin se realizó. Al otro día fui donde Augusto para hablar, y muy asustado, sin siquiera saludarme, lo primero que dijo fue: “sabe qué, ese man de Edwin Tapias me dijo: Usted y Francisco no se van a disfrutar esa plata malparidos”.
El viernes antes de la reunión de nosotros con la gente de Las Mirlas me había resultado un trabajo. Me fui al medio día y al día siguiente por la mañana me avisaron que habían matado a Augusto. Sentí un dolor muy grande y denuncié con nombre propio a Edwin Tapias como responsable del asesinato. Inmediatamente denuncié la muerte de Augusto, me fui a vivir a Robledo y a los ocho meses de estar allá, llamaron a donde mi hermana a amenazarme. Como de Caicedo a Robledo no hay mucha diferencia, entonces me dio miedo y me fui lejos de Medellín. Esa era la segunda vez que me iba y era el año 2006. Cada día estaba más lejos del barrio y la familia.
Regresé ahorita en la semana santa del 2008. Sucede que yo regreso y encuentro las cosas peor de cómo las dejé; siempre había mucho temor y mucho murmullo de la gente, me decían que me cuidara. Y entonces a los tres meses un man fue a la casa a amenazarme con una 9 milímetros. Yo le dije que le dijera a los jefes de él que yo no les tenía miedo. Me contestó agresivamente: “sabes qué pirobo, yo puedo ir allí y traerte 8 muchachos y matarte y enseguida me pierdo, pues por acá nadie me conoce”.
A los días hubo una visita por allá de la secretaría de obras públicas del municipio. Entonces me fui con Jaime Henao, el papá de Augusto, a mostrarles lo que había para hacer y saber qué era lo que iban a dar. Esa mañana uno de esos asesinos, Tracy le dicen, que es el jefe de los bandidos allá en las Mirlas, con los manes con los que anda llamaron a mi señora para que me avisara que me perdiera sino quería que hicieran lo mismo que con unos negritos que habían matado 8 días antes en la Terminal. Con esa amenaza me fui a dormir donde una hermana en Buenos Aires. Pero esa misma noche llamaron allá y le dijeron: “dígale a ese triple hijueputa que ya sabemos dónde está escondido y que vamos a sacarlo de allá”. En vista de eso, al día siguiente me fui para una reunión de Presupuesto Participativo con el municipio. Llegué como a las dos de la tarde y la interrumpí para contarles lo que me había pasado. Resulta que ahí había un señor del alto gobierno que habló con el doctor Ceballos de la Personería y él conocía el problema mío desde el 2005.
El tipo nos llamó a mí y a Jaime Henao y nos dijo: mañana a las ocho los espero en la alcaldía para que comenten el problema. Allá nos reunimos con el secretario general del alcalde y subsecretaría de gobierno. Cuando yo les comenté el problema ahí mismo el secretario de gobierno y el doctor Ceballos ordenaron que nos internaran en un albergue. Allá me encuentro en estos momentos, ya va para dos meses. Pero sigo teniendo problemas con los paracos. Pues el 23 de septiembre a las 6 de la tarde yo estaba conversando con Jaime Henao, cuando de pronto se nos lanzó un man con un cuchillo mata ganados y nos hirió a los dos; a mi me dio una puñalada en el pulmón derecho y a él le corto el dedo anular de la mano izquierda y parece que lo va a perder por que le cogió los tendones. Ahorita estamos esperando ver qué más se puede hacer, qué es lo que va a pasar, nosotros tenemos todo esto denunciado.
Mientras tanto los crímenes siguen sucediendo y Edwin Tapias que es el Jefe, baja cada mes cualquier día con los asesinos que lo cuidan, para cobrar la vacuna a los negocios que tienen maquinitas, les cobran 50.000 pesos mensuales, a veces bajan hasta 15 rufianes de esos.