Para dar continuidad al debate Participación Vrs. Cooptación en las dos últimas administraciones distritales que algunas organizaciones y sujetos sociales y políticos del Proceso Popular Aula Abierta de la ciudad de Bogotá plantearon en la edición anterior del Periódico Periferia, a continuación presentamos otras reflexiones para continuar en esa búsqueda de sembrar los horizontes de Paz, Dignidad, Soberanía y Poder Popular. En los distintos escenarios y propuestas de movilización nacional es muy claro el análisis que indica que Bogotá, ciudad capital, aporta muy poco a los procesos de articulación y fortalecimiento sociales, más allá de algunos líderes y organizaciones claramente definidos, pero….. ¿ y el resto ?
Con frecuencia nos convocamos para articularnos, para unirnos, para actuar juntos, pero siempre terminamos afirmando, con buenas argumentaciones: “es que hay demasiada fragmentación, es que la gente no comprende, sólo piensa con el estómago, la gente no tiene formación política, o las organizaciones se despolitizaron”. ¿Qué es lo que está sucediendo? ¿A qué se debe todo esto? ¿Somos sólo nosotros? Veamos:
Si queremos avanzar en procesos de articulación y unidad política debemos entender las dinámicas que conducen a la fragmentación social. Este es uno de los obstáculos para la resistencia en estos tiempos y por eso analizarlo y comprenderlo es imprescindible tanto para asumir los procesos de articulación de las organizaciones en su conjunto, como para debatir el carácter y la metodología de las propuestas de formación política.
Escarbando un poco se puede afirmar que hoy en día son varias las razones que se pueden señalar como posibles causas del debilitamiento de los procesos de formación política en los últimos años. Algunas de ellas serían, sin duda, los avances de la violencia y persecución contra dirigentes populares y la arremetida de actores armados por el control de los territorios, así como la estigmatización de las luchas cívicas y las protestas populares que desmoralizaron a muchos líderes y lideresas populares. Así se incorpora en la mentalidad de la gente y de las organizaciones la desconfianza, el miedo, el derrotismo, la desmoralización y una cultura de sobrevivencia basada en el “sálvese quien pueda”.
Así mismo, las políticas neoliberales desplegaron una auténtica guerra cultural destinada a ganar las mentes y los corazones de los pueblos, en concordancia con la coyuntura que se dio a nivel mundial en los años 80. El desconcierto, la crisis teórica del movimiento social, la vulnerabilidad frente a la pérdida de certezas –muchas veces basadas en dogmas-, se reforzaron ante el cambio brusco en las relaciones de fuerzas producido a nivel mundial después de la desarticulación de la Unión Soviética y de las experiencias del Este Europeo, del controvertido rumbo de China y de otras revoluciones asiáticas.
El desmoronamiento del socialismo real era presentado como triunfo del capitalismo. El fin de la historia, el fin del trabajo, la desaparición de la clase obrera, “la utopía desarmada, fueron algunas de las ideas fuerza que horadaron en el imaginario popular las convicciones sobre las posibilidades del cambio social, de las revoluciones, del socialismo, del marxismo, dejando el campo abierto a la posmodernidad, y a su prédica funcional a la fragmentación del movimiento popular”.3
Pero no todo terminó
No habían pasado dos décadas de la imposición de las políticas neoliberales para que en América Latina los pueblos comenzaran a expresar su inconformidad frente a las consecuencias de este modelo. Su perversidad se veía reflejada en la devastación de la naturaleza, la superexplotación de los trabajadores y trabajadoras, la pérdida de derechos sociales, la precarización de todas las formas de trabajo y de vida, la exclusión de amplias franjas de la sociedad, el refuerzo de los fundamentalismos conservadores, las opresiones culturales, la degradación de una parte de la humanidad, sostenida por debajo de los límites mismos de la sobrevivencia a través de políticas de asistencialismo y de control social, la criminalización de la pobreza y la judicialización de la miseria.
¿Una Escuela Popular o un Proceso de Formación Política?
En este contexto y ante esta dinámica es que gana claridad una propuesta de formación política, entendida esta como la que nos permite visualizar el panorama de las relaciones de poder en este modelo de sociedad que nos han impuesto, la cual inevitablemente busca perpetuar la relación mando – obediencia. Gracias a ésta formación, podemos identificar a los verdaderos factores de poder –los poderes fácticos de la sociedad.
La formación política nos proporciona herramientas claves para avanzar en nuestro nivel de conciencia crítica y política y poder así organizarnos coherentemente con mayor capacidad de lucha para transformar la realidad actual. Pero la formación política se completa cuando se desarrolla en la vida y en el quehacer de las organizaciones una visión estratégica y la capacidad de construir un poder propio.