
Parques biblioteca, colegios, universidades garaje, construcciones de emporios empresariales, centros de desarrollo tecnológico, centros comerciales, parques tecnológicos y plataformas de negocios, han invadido la ciudad de Medellín en la última década. Los gobernantes y empresarios de la mano de sus medios de comunicación han resaltado esto como el más vivo ejemplo de desarrollo para el país, queriendo ocultar las graves problemáticas de despojo, pobreza, paramilitarismo, desempleo y miseria por la que atraviesa la ciudad.
Las ciudades como Medellín buscan concentrar las actividades de administración y realización de las ganancias del capital. En un país como el nuestro estas actividades obedecen a los intereses particulares de una clase minoritaria, que bajo la acumulación y la dominación entrega bienes naturales y minero-energéticos a empresas trasnacionales y vende la biodiversidad, renunciando a la soberanía de los territorios tanto urbanos como rurales, con el fin de acrecentar la construcción de plataformas de infraestructura en favor de la competencia con los mercados mundiales.
No es raro entonces que Medellín, la llamada ciudad “cluster” (los clusters son concentraciones geográficas de empresas e instituciones interrelacionadas que actúan en una determinada actividad productiva), sea pionera en esto, aun bajo la necesidad indiscutible de resolver la grave situación de pobreza por la que atraviesa. Los programas de emprendimiento -tan fomentados desde las escuelas- buscan, por el contrario, hacer de la desigualdad el principal motor que rija la vida de todos/as los que habitamos la ciudad. Bajo este falaz ideal de “supervivencia”, el tejido social del barrio, la comuna, el colegio, es resquebrajado por la lógica de emporios económicos como Bancolombia o el más reciente Ruta N, que buscan cooptar todos los espacios de la ciudad posibles, incluyendo universidades y sus investigaciones, pequeñas empresas y cooperativas barriales, y así acrecentar las ganancias tanto para los grupos empresariales locales como internacionales.
El pasado 21 de diciembre de 2011, por ejemplo, Hewlett Packard (HP) recibió oficialmente su edificio de 15.000 metros cuadrados en nuestra ciudad. Este monstruo estará ubicado en una de las torres del centro de Innovación y Negocios Ruta N, que tiene en total 132.000 metros cuadrados de área construida. Esta descomunal obra pone en paralelo cómo “desde los cerros” la realidad es otra, las personas viven en pocos metros cuadrados edificados por tablas y latas, sin acceso a servicios básicos y, peor aún, no son pocas; son miles de familias que viven bajo estas condiciones, mientras este monstruo (y muchos más) sigue levantándose a toda carrera.
La venta de conocimiento es clave para este modelo de ciudad. La importancia de fomentar la relación Universidad-Empresa tiene como objetivo construir formas y esquemas que garanticen la conformación y sobrevivencia empresarial; las universidades son vistas como fuentes de riqueza, la calidad académica no es la prioridad si de innovación y competitividad se trata. Además se le asigna a la universidad el papel de fomentar las ganancias de las elites, en vez de una universidad al servicio de las necesidades de la sociedad, que busque contribuir a la construcción de una ciudad mejor, más justa, donde la vida digna sea la prioridad y todas las profesiones estén al servicio de todos/as.
Bajo esta lógica, la ciudad no sólo busca promocionar y vender servicios a nivel mundial, también busca ampliarse en las áreas rurales con los proyectos de bioemprendimiento. Estos proyectos buscan agrupar las empresas de productos agroindustriales para vincularlos a multinacionales con el fin de usar alimentos como el café, el banano, la caña, el cacao, el cardamomo, para producir hamacas, cosméticos, medicinas y exportarlas. Un proyecto de bioemprendimiento tiene como énfasis un modelo de negocio que lo haga sustentable financieramente, dejando de lado el cuidado del ambiente y los territorios.
Todos estos proyectos buscan la consolidación de una economía que demande y genere riqueza y bienestar particular. Es decir, que acumulen en beneficio de unos cuantos y sus empresas, no que beneficien al grueso de la sociedad inundada hoy de informalidad, hambre, represión y exclusión.
Como podemos ver, los cambios de nuestra ciudad no son por la buena voluntad de unos cuantos de “ponernos una ciudad bonita”. Por el contrario, son estos monstruos de concreto estratégicamente ubicados en toda la ciudad, que buscan acorralarnos y precarizar mucho más nuestras condiciones de vida, además de darle las vías, los mecanismos y los centros empresariales que el capital mundial -aquel que está buscando desesperadamente salir de la crisis-, necesita para seguir sometiendo a pueblos enteros alrededor del mundo. Y Medellín, ubicada en uno de los países con mayor diversidad del mundo, es como hace mas de 500 años, la gallinita de los huevos de oro.