Edición 107 Junio - Julio 2015

ISIS en el relato periodístico

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Con frecuencia se considera que entre más información consumimos sobre un tema, más nos acercamos a la realidad de los acontecimientos, sin embargo, este exceso de consumo envuelve, satura, paraliza y provoca impotencia. Por eso el oligopolio informativo dominante marca una agenda común y un ritmo abrumador a los medios hegemónicos e incluso a los alternativos. Un ejemplo claro de ello es la forma como se presenta el fenómeno ISIS (Estado Islámico de Irak y Siria  por sus siglas en inglés) en los grandes medios de comunicación.

 

Las megacorporaciones europeas y estadounidenses a las que apelan con reiteración los medios nacionales son AP, REUTERS, AFP, Y EFE. Estas se avalúan en varios miles de millones de dólares, sus accionistas tienen intereses políticos, financieros, energéticos y en producción bélica entre otros commodity, y venden sus unidades periodísticas confeccionadas en función de sus intereses.

Por ello, se requiere de un constante  ejercicio de cuestionamiento a la misma información para cerciorarnos de los intereses que hay detrás de una información, qué credibilidad nos merece la fuente, qué dice, por qué lo dice, a quién beneficia la noticia y por qué.

Recientemente en pantallas y titulares de prensa se ha ritualizado la presencia de ISIS, al que se expone como un grupo fuerte, despiadado, fanático, e inmisericorde, es el nuevo rostro del mal que realiza ejecuciones masivas, decapitaciones y hasta crucifixiones grabadas en imágenes cinematográficas compartidas en redes sociales de manera viral y catapultadas por los medios de comunicación de todo el mundo. Cotidianamente se publica un gran número de piezas periodísticas sobre ISIS en las que abundan las notas que indican la cantidad de asesinatos, la frialdad de sus crímenes y su exponencial crecimiento y control de ciudades y posiciones estratégicas. Sin embargo, ocasionalmente en ésta marea de información se develan pistas sobre los intereses, financiamiento y orígenes de éste fenómeno falsamente representado como un choque de civilizaciones.

Para revisar la naturaleza de éste fenómeno comenzaremos por ubicarnos en el nudo de la historia, el alzamiento armado en Libia, que es la primera intervención extranjera importante de Obama. Los medios lo presentaron como una extensión de la Primavera Árabe, y la participación de la OTAN se justificó en términos humanitarios. 

El hecho de que la CIA estaba trabajando activamente para ayudar a los “rebeldes” libios a derrocar a Gaddafi no ha sido ningún secreto, ni lo fueron tampoco los ataques aéreos que Obama ordenó contra el gobierno libio. El diario El País de España publicó el 30 de marzo de 2011: “Obama autoriza el apoyo encubierto a los rebeldes libios”, con información filtrada por la agencia Reuters. Y efectivamente, con el apoyo aéreo y de inteligencia de los Estados Unidos y la OTAN los alzados en armas libios capturaron a Gaddafi y lo ejecutaron en la calle. A través de las imágenes televisivas se  mostraban a los alzados celebrando como supuestos combatientes de la libertad que luchaban por establecer una democracia liberal en Libia. 

Sin embargo, vale destacar que antes de la injerencia imperialista, Libia tenía el nivel de vida más alto en África de acuerdo con el ranking del Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas para el año 2010, hecho que fue pasado por alto en los grandes medios. En cambio ahora Libia es considerado un Estado fallido, sus arsenales fueron saqueados, y las cantidades masivas de armas fueron enviadas a Siria a través de Turquía, un aliado de la OTAN. El diario The Times, de Reino Unido, informó de la llegada de la expedición el 14 de septiembre de 2012: “syrian rebels squabble over weapons as biggest shipload arrives from libya” 

Dos días antes del arribo, el embajador estadounidense Chris Stevens fue asesinado en un ataque a la sede diplomática de ese país en Bengasi. “Muere en un atentado Chris Stevens, embajador de Estados Unidos en Libia”, publicó la Agencia EFE el 12 de septiembre de 2011. Los medios concentraron su atención en el hecho de que el Departamento de Estado no prestó la seguridad apropiada en el consulado y tardó en enviar ayuda cuando el ataque comenzó. Sin embargo, el periodista ganador del Premio Pulitzer, Seymour Hersh, publicó un artículo en abril de 2014 en el que exponía un acuerdo clasificado entre la CIA, Turquía y los rebeldes sirios para crear lo que se conoce como una “línea de ratas” en la que Stevens sirvió como enlace del gobierno norteamericano con los alzados en armas libios desde abril de 2011.

La “línea de ratas” era una red que transportaba armamento de Libia, a través de Turquía, de manera secreta hasta Siria. Contaba con el apoyo del gobierno de Turquía, Arabia Saudita y Qatar. Con Stevens asesinado, toda evidencia de responsabilidad directa de Estados Unidos en ese aprovisionamiento bélico fue destruida.

El diario El Espectador publicó el 14 de octubre de 2011 un artículo titulado “Represión en Siria superó las 3.000 víctimas: ONU”. En dicho artículo se mostraba que durante los últimos diez días habían muerto al menos cien personas, miles de manifestantes habían sido detenidos, torturados y desaparecidos forzosamente. Era un artículo escrito originalmente por la agencia AFP, que anotaba además: “Desde el comienzo de la sublevación en Siria, el gobierno ha usado una fuerza excesiva para aplastar las protestas pacíficas, con francotiradores desde los tejados, el uso de munición de guerra y el bombardeo de barrios residenciales”. Así se configuró la percepción de un Estado que niega la democracia con violencia y obliga a los manifestantes a recurrir a la lucha armada, legitimando las atrocidades que desde ese momento cometían quienes en el futuro se conocerían como ISIS.

En una entrevista concedida en abril de 2014, el comandante de la FSA, Jamal Maarouf, admitió que sus combatientes realizan periódicamente operaciones conjuntas con Al-Nusra, la rama oficial de Al-Qaeda en Siria. El New York Times publicó en 2012 que la mayoría de las armas que Washington estaba enviando a Siria estaba terminando en las manos de yihadistas, y la agencia Reuters al tiempo informó que el FSA era controlado por extremistas islámicos. Es decir, los EE.UU han estado enviando dinero y armas a la FSA a pesar de que han conocido desde 2012 que la mayoría de estas armas han terminado en las manos de los extremistas de ISIS. 

Esencialmente el yihadismo de ISIS y su autoproclamado califato asentado en un amplio territorio de Irak y Siria, controlado por fundamentalistas fieles a Abu Bakr al-Baghdadi, le ha hecho el trabajo sucio a Estados Unidos, debilitando a Bashar al-Asad, presidente Sirio para favorecer sus intereses geoestratégicos. Estados Unidos y los aliados utilizan a ISIS para justificar su dominio imperial. ISIS, por su parte, parece entender cómo trabajan los medios de comunicación con fines de lucro. La espectacularidad y el morbo son su apuesta y lo logran creando un relato periodístico rimbombante que opaca el interés por su complejo contexto en el que se devela claramente que ISIS es un producto de la política exterior norteamericana.

Violeta Parra

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