
Ayer 4 de octubre se realizó en Medellín la jornada continental por el derecho al trabajo decente y el derecho a una educación de calidad y gratuita, donde se movilizaron docentes, estudiantes, desempleados. La justa demanda de los venteros ambulantes de la ciudad a no ser desalojados violentamente de los espacios públicos donde ejercen su trabajo informal, única alternativa de vida para ellos y sus familias, también estuvo presente en la masiva movilización.
En Medellín, como en el resto del país, hay demasiadas razones para protestar y marchar. El desempleo galopante que afecta a miles de familias que no encuentran otra posibilidad de sustento que la informalidad y el rebusque como venteros ambulantes en las calles de la ciudad; los salarios de miseria que reciben quienes tienen empleo pero que no les alcanza para una subsistencia digna; la precariedad generalizada de un derecho fundamental como la salud, que afecta a miles de personas; el estado de mercantilización y privatización de la educación pública superior; el incremento constante de los precios de los combustibles que hacen de Colombia uno de los países con mayores costos de producción, haciendo que el costo de vida se dispare; la brutal respuesta policial, judicial y represiva contra el derecho a la protesta; la permanente persecución y judicialización (falsos positivos judiciales) contra los defensores de derechos humanos, líderes campesinos, estudiantes, informales, trabajadores y docentes sindicalizados; la militarización de la sociedad y el abultado gasto militar para la continuación de una guerra que se ha mostrado inviable y que el Estado se empeña en mantener aún en medio de unos diálogos por la solución política al conflicto armado, en los que, sin ebmargo, está excluido completamente el pueblo; la demanda por una paz entendida como la más profunda y extendida justicia principalmente para los excluidos y desheredados de la riqueza.
La marcha de ayer fue una señal positiva de que la ciudadanía de Medellín está cansada de tanta injusticia y tanta represión. La respuesta de las organizaciones, movimientos sociales, colectivos, sindicatos y ciudadanía en general a esta convocatoria marca un punto importante en las luchas que se vienen librando de parte de los sectores más goleados por la crisis, tal y como lo vivió la ciudad esta semana con la protesta de los venteros ambulantes contra el desalojo y la represión policial que lanzó el gobierno municipal.
Hay un estado de descontento e indignación general en la población más excluida económica, social y culturalmente. Son los sectores sociales más afectados por el modelo económico neoliberal que durante los últimos veinte años se la pasó privatizando todo lo público y de carácter nacional (hospitales, escuelas, universidades, entidades estatales, instituto de seguros sociales que garantizaban las pensiones de los trabajadores/as, suelos y subsuelos con las mejores riquezas minerales, soberanía, etc.). El modelo ha llegado incluso a plantearse la privatización del espacio público con el argumento de que hay mucha criminalidad, como si el sistema mismo no fuera el principal generador de violencia y exclusión contra millones de ciudadanos/as cuando sus derechos básicos les han sido conculcados y arrebatados por la violencia del capital.