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Patinando de periferia a periferia-Cartas desde Túnez(Fausto Giudice)

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Fausto Giudice, abril 18-Mi primera columna está dedicada a los acontecimientos en Ucrania, que centran la atención de Europa y del mundo Mediterráneo

desde hace varias semanas. Actualmente el Imperio realiza  operaciones  de desestabilización a gran escala, simultáneamente en Venezuela y en Ucrania, operaciones estas que no pueden hacernos olvidar que ha fracasado en sus planes en Irak, Afganistán y Siria.

160 años después: ¿hacia una nueva guerra de Crimea?

El golpe de Estado blando que depuso al Presidente de Ucrania, Yanukovich el 22 de febrero último ha puesto en marcha un mecanismo infernal que podría dar lugar a una nueva guerra cuyo primer campo de batalla podría ser la península de Crimea. El 27 de marzo de 1854, Francia, el Reino Unido y el Imperio otomano declararon la guerra al Imperio ruso. A estos “aliados” se les unirían un año más tarde el Reino de Cerdeña. El episodio más dramático y más sangriento de la guerra fue el asedio por los “aliados” a la ciudad de Sebastopol en poder de las fuerzas rusas. Duró 332 días y causó alrededor de 250 000 muertos en ambos lados. La Guerra de Crimea fue la primera guerra “moderna” en varios sentidos: fue muy publicitada, en particular por los fotógrafos británicos incrustados”, y ella vio nacer el derecho humanitario de la guerra, es decir, un intento de hacer la guerra más “humana”. El 30 de marzo de 1856 se firmó el Tratado de Paris, poniendo fin a la guerra: declara la neutralidad del Mar Negro, en el cual prohíbe la navegación a los buques de guerra, así como la construcción de fortificaciones y, al mismo tiempo proclama el principio de la libertad de los estrechos. Se trata en primer lugar de los Dardanelos y el Bósforo, que permiten el paso del Mar Negro al Mediterráneo. Pero esta libertad sólo se aplica a los buques civiles. La flota de guerra rusa por lo tanto se encuentra encerrada en el Mar Negro.

Crimea, ocupada y colonizada por el Imperio ruso en 1774, es hoy  una República Autónoma que hace parte de Ucrania, en donde la ciudad de Sebastopol tiene un estatus especial con su arsenal y su puerto militar arrendados a Rusia hasta el 2042. El 60% de los habitantes son de lengua y cultura rusa, el 24% de lengua y cultura ucraniana y el 12% son tártaros, turcófonosy musulmanes. La mayoría de la población parece haber tomado posición contra la destitución del presidente Yanukovich y ser más bien favorables a mantener lazos estrechos  con Rusia, e incluso una reincorporación en la Federación Rusa. La toma de control por las fuerzas rusas y / o pro rusas de los principales puntos de acceso  a la península y a los lugares estratégicos como el aeropuerto de Simferopol ha suscitado una tormenta, de Kiev a Washington pasando  por  Varsovia y Bruselas. El espectro de la ocupación de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia el 21 de agosto de 1968esta evidentemente en las  mentes.
En la Plaza de la independencia de Kiev, los oradores  se suceden para llamar a los ucranianos a luchar por la “libertad” de la “nación ucraniana”. Pero al parecer son pocos los que están dispuestos a luchar contra las fuerzas especiales del ejército ruso. El ejército ucraniano esta reducido a un esqueleto amorfo y los nuevos líderes procedentes del golpe de Estado del 22 de febrero no parecen muy entusiasmados con la idea de una guerra con la Federación de Rusia. El boxeador Vitali Klitchko, del partido UDAR, que es patrocinado y “aconsejado” por Alemania y Polonia, incluso ha propuesto negociar con Moscú. Y Angela Merkel le ha seguido los pasos, proponiendo la creación de un “grupo de contacto” para entablar un “diálogo político” en Ucrania. Propuesta aceptada inmediatamente por Vladimir Putin.

En cuanto al recién nombrado  jefe de la marina ucraniana, Almirante Denis Berezovsky, simplemente  declaró su  lealtad al gobierno  autónomo de Crimea, es decir a favor  de la Federación de Rusia, por  lo que fue destituido por Kiev, que prevé juzgarlo por  “alta traición”…

Los ucranianos, una vez más, pagan un alto precio por su ubicación geográfica y su trágica historia. Se encuentran en el corazón de una nueva guerra fría o más bien de un simulacro de guerra fría, porque ni Estados Unidos ni Rusia tienen realmente los medios de lanzarse y los europeos, empezando por los alemanes, los poloneses y los franceses no parecen muy entusiasmados con la idea de dar el paso. Los poloneses tiemblan ya ante la idea de tener que acoger a las oleadas de refugiados ucranianos en su territorio, lo que obviamente preocupa poco a Washington.

El principal objetivo de Washington es romper cualquier intento de autonomía europea frente a su afán de “control total” planetario: control de los recursos, los mercados, las sociedades y hasta las mentes. Por lo tanto, no se puede tolerar ni una onza de “gaullismo-adenauerismo”* por parte de los franceses y los alemanes y aún menos de los poloneses o  los baltos.  El objetivo de los europeos es mucho más básico: son ahora dependientes del gas ruso, que garantiza entre un cuarto y un tercio de sus necesidades. Y este gas transita por Ucrania. Si Moscú cierra la válvula, sencillamente la Europa occidental muere de frío. Y en cuanto a asociar a Ucrania a la Unión Europea, Bruselas no se siente verdaderamente dispuesta a inyectar los miles de millones  necesarios para “actualizar” un país aplastado por 22 años de independencia,  que fueron 22 años de corrupción, de destrucción y de saqueo por los nuevos oligarcas.

Sin duda no habrá una nueva Guerra de Crimea en el terreno, sino solamente en el espacio virtual. Y la “nación ucraniana” va a seguir durante largo tiempo existiendo solamente en el mundo virtual e  imaginario de nacionalistas atrasados en un siglo y medio. Como dice Brecht, “ Y como ser humano/el hombre lo que quiere es su pan/Las habladurías le bastan ya/Porque éstas nada le dan“.

El autor es periodista, traductor, escritor y editor. Vive en Túnez. Sueña desde hace mucho tiempo con el  día en que podrá ir a beber ron en el Parque del Obrero de Itagüí.

* Tanto de Gaulle como Adenauer fueron protagonistas de la coexistencia pacífica con la Unión Soviética [NdT]

Traducido por María Piedad Ossaba

 

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