

El 31 de diciembre del año pasado la prensa internacional alertó sobre la extraña muerte de aves en Estados Unidos, Brasil y Suecia. Esto nos recuerda que en 1965, a consecuencia del accidente del buque “Ger Maersk”, se vertieron al mar 8.000 toneladas de petróleo, matando más de 800 mil aves pertenecientes a 19 especies. También el derrame de hidrocarburo del Exxon Valdez en Alaska en 1989 causó la muerte de 33.000 aves. Hoy sabemos que anualmente las compañías petroleras vierten más de 3 millones de toneladas de petróleo al mar; por esto, sólo en Gran Bretaña el número de aves víctimas de la contaminación del mar se eleva a 650 mil ejemplares por año.
En el 2007, durante un proceso de adecuación de suelos para dedicarlos al cultivo de extensas plantaciones de cereales, finqueros y propietarios de grandes territorios del municipio de Necoclí – Antioquia – sembraron semillas transgénicas tóxicas, con consecuencias sobre el ecosistema, como la muerte de miles de aves, cuya población se ha visto reducida a consecuencia de la acumulación de DDT, aldrin y otras síntesis químicas de origen clorado. Su potencial tóxico reside en que mata las aves por contacto, afectando su sistema nervioso. Su efecto tóxico, luego de ser aplicado, se conserva durante años por su alto poder residual.
Terroristas Ambientales Controlan el Comercio de Vida Silvestre
El comercio internacional de plantas y animales silvestre es un negocio que dinamiza más de 20 mil millones de dólares al año en todo el mundo. Un 45% de este comercio involucra especies endémicas y en peligro de desaparecer, atrapadas clandestinamente y pasadas de contrabando o mediante soborno a través de las fronteras. Cada año, millones de animales vivos son transportados por todo el mundo para abastecer el comercio de mascotas, pieles, cuero y marfil.
En un solo año se compra y se vende en todo el mundo 95 mil primates vivos, 7 millones de aves vivas, 12 millones de pieles de reptil, 20 millones de pieles de mamíferos, más de 460 millones de peces tropicales, y alrededor de 2 millones de orquídeas. La población total de las nueve especies de rinoceronte del planeta está en la antesala de la extinción. Anualmente las mafias matan 286 elefantes africanos para obtener marfil de sus colmillos. Hasta 1986, el marfil procedente de 30 mil elefantes víctima de una despiadada masacre, pasaba a través de Burundi hacia los emiratos árabes unidos, donde se otorgaban permiso para legitimar la sangrienta matanza.
Los productos obtenidos de la vida silvestre son un gran botín. Una daga con empuñadura de cuero de rinoceronte africano puede costar 19 mil dólares, mientras que la piel del rinoceronte asiático se vende para medicina en el Lejano Oriente por un precio de 32 mil dólares el kilo. Un abrigo de piel de leopardo puede valer más de 150 mil dólares, en tiendas exclusivas de Japón, Europa o Estados Unidos. Un guacamayo Spix raptado en la selva amazónica se transa en estos mercados siniestros por 40 mil dólares. Un envío de loros en peligro de extinción interceptado por funcionarios de la aduana europea, tenía un valor de 200 mil dólares. La matanza de ballenas prácticamente ha extinguido esta vida oceánica, pero ha generado excesivas ganancias a los terroristas que infunden pánico colectivo por la destrucción de la naturaleza. Cada año, según la National Geogrphy, mueren 4 seres humanos víctima de tiburones, pero en este mismo lapso de tiempo, los humanos matan 40 millones de tiburones.
Al irse extinguiendo las especies, el equilibrio de la naturaleza se altera peligrosamente. La desaparición de una especie puede desestabilizar una cadena alimentaria y multiplicar las plagas de insectos. Ejemplo clásico: en Asia, la malaria va en aumento debido a una sobreexplotación de las ranas toro, que comen larvas y mosquitos transmisores de esta enfermedad. Todos los años se cazan más de 300 millones de ranas, cuyas ancas aportan grande ganancias para los terroristas del medio ambiente.
En América latina, cada año saquean a la selva más de 210 millones de animales, siendo Brasil una de las mayores fuentes proveedoras de fauna. Más de 12 millones de animales, especialmente aves, son raptados cada año de las selvas amazónicas para condenarlos a jaula perpetua, entre ellas, las pajarerías de Estados Unidos y la Unión Europea, que hoy, compungidos como las harpías, rasgan sus vestiduras fungiéndose protectores de la vida salvaje por la aparición de aves muertas en sus territorios. Pero Us Pirg·s Clean Water denuncia que, entre julio de 2003 y diciembre de 2004, más del 62% de las plantas industriales descargaron 5.6 trillones de metros cúbicos de agua ácida y lodo tóxico al mar, lagos y ríos de Estados Unidos, dejando en riesgo inminente millones de aves y peces.
También los seres humanos son mercancías de estas mafias
Los terroristas ambientales no se detienen aquí en su lógica capitalista. El comercio con especies humanas se ha convertido en el tercer negocio criminal mundial, después del tráfico de drogas y el tráfico de armas. Según datos emitidos por la Organización Internacional de Migraciones (OIM), una mujer puede ser vendida a una red de explotación sexual por 1.600 dólares, mientras los terroristas del negocio criminal obtienen ganancias netas anuales de 32.000 dólares.
Según datos de UNICEF, más de 90 millones de niños y bebés, son secuestrados con fines de explotación sexual y tráfico de drogas, para pedir limosna, cometer delitos, trabajo forzoso en condiciones de esclavitud o para asesinarlos y comercializar sus órganos (Amnistía Internacional denunció que en Colombia han sido raptadas más de 3.000 niñas en el año 2007 para robarles los órganos). UNICEF denuncia que más de 12 millones de niños en el mundo se prostituyen por estas mafias. Se trata de un negocio que da ganancias similares al tráfico de drogas y al tráfico de armas. Por cada menor explotado sexualmente, se puede obtener alrededor de 180.000 dólares al año.