
Estando en Pasto el día 4 de enero se respira un ambiente de jolgorio, alegría, parranda y cultura, pero cómo no, si se trata del comienzo de los carnavales de Negros y Blancos que se realizan en el departamento de Nariño cada año a partir del día 4 de enero hasta el día 6 de enero. La fiesta empieza con el desfile de la familia Castañeda, día en el que la gente sale a las calles vestida con trajes de épocas pasadas, las comparsas a bailar y a exponer lo mejor de sí. El día 5 es el día de negros, cuando se arma un gran parrando en las calles, en especial en la plaza de Nariño; la gente se pinta el rostro de color negro en honor a sus gentes de la costa. El día de blancos es el gran cierre, se colman las calles con harina, talco y hasta una especie de espuma llamada “carioca”.
Resulta curioso el hecho de que en los grandes medios de comunicación masiva como Caracol y RCN se dé un gran despliegue y cubrimiento a las ferias de Cali y Manizales, por nombrar aquellas que se celebran al sur del país, mientras que los Carnavales de Negros y Blancos apenas merecen una mención de 30 segundos en sus noticieros, como si ignoraran el hecho que fueron declarados Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, mientras que a las ferias de Cali y Manizales dedican gran parte de su sección de “farándula” con el cubrimiento de la cabalgata, el Rumbodromo y demás.
La razón es más obvia de lo que parece, ya que los carnavales de Negros y Blancos aún pertenecen al pueblo, como fiesta popular; caso contrario al de la feria de Cali donde la élite sale a la cabalgata a exponer lo mejor de las lógicas traquetas y degradantes de nuestro país, con caballos que cuestan millones, mujeres que son más silicona que carne, y trago a diestra y siniestra, como si el mundo se fuera a acabar (cosa que la mayoría de nosotros no podríamos costear ni teniendo dos empleos); y cómo dejar de lado el maravilloso Rumbodromo donde años atrás se presentaban grandes, sino los mejores, exponentes de la música salsa a nivel mundial de forma completamente gratuita, pero que ahora cuestan bastante y el pueblo ya no tiene acceso a él. Así como en la feria de Manizales, donde la entrada a la mayoría de eventos (los que realmente valen la pena) es de costos elevadísimos actualmente, que únicamente pueden costear o personas con grandes flujos de dinero o traquetos.
Es decir que los medios y los ricos se encargaron de transformar a tales, ferias que nacieron del sentir y la alegría popular, en un simple negocio donde únicamente disfruta el que tiene dinero y no el que lo siente y lo quiere disfrutar con su corazón.
En el Carnaval de Negros y Blancos, en cambio, la fiesta se vive de una manera totalmente diferente, ya que tu sales a la calle el día 6, día de Blancos, y fácilmente te paras por la avenida Panamericana –por donde pasa el desfile de carrozas- con tu familia, compras tres “cariocas” por 10 mil pesos y empieza la fiesta con la persona que está a tu lado que te reta arrojándote harina o carioca, mientras esperan la llegada de la próxima carroza para ser admirada; luego puedes ir a la plaza pública a un buen concierto, como en el caso de Ipiales donde se presentó Willie Colón completamente gratis.
A parte de ello, se rinde un culto a los artesanos que dedican días y noches enteras al diseño y construcción de las carrozas que desfilan el día de Blancos por la ciudad, ya que las técnicas e ideas utilizadas por los maestros artesanos son únicas en su tipo, no más cabe resaltar que algunas carrozas ganadoras del concurso, que se realiza anualmente, han sido llevadas a Europa para desfiles que allí se realizan. Algo maravilloso es el hecho que se respete y tenga en alto el trabajo de nuestros artesanos, que han sido explotados y menospreciados a lo largo y ancho de nuestro país en el transcurso de nuestra historia, olvidando su papel como luchadores y encargados de mantener la memoria de nuestros pueblos viva.
Ahora es cuando se entiende por qué los grandes medios le restan importancia al carnaval de Negros y Blancos, no representa su afán consumista, como diría la canción “cuánto tienes, cuánto vales”, donde si no gastas o no tienes exuberantes cifras de dinero para mostrar y despilfarrar junto a una mujer con grandes implantes, no eres importante para nuestro sistema, y si más bien disfrutas del arte producido por un artesano que fácilmente puede vivir a una cuadra de tu casa, con los mismos e inclusive menores ingresos, no eres importante.
Claro está que el capitalismo no se ha rendido con esto, ya que se escuchan proyectos para ingresar capital privado en la financiación del carnaval, pero ¿cómo se verá una obra de arte como una carroza con el eslogan de “movistar”?. Creo que no muy linda. Además, seguramente empezarán a proyectar una propuesta de carnaval excluyente por medio de algún tipo de pago, ya que si algo nos han enseñado las transnacionales o los grandes capitales es que no tienen ni el más mínimo interés filantrópico bajo ninguna circunstancia.
Así pues, los caminos que podemos seguir son, o alienarnos y permitirle al capitalismo que conquiste hasta la última barrera del sentir y vivencia popular como las ferias y carnavales, o salir a las calles y disfrutar con lo único que el capitalismo nunca podrá dominar, nuestros sueños, esperanzas y sentimientos hacia lo que es realmente un sentir y una expresión popular.