Edición 70 - Febrero 2012

La muerte: mucho más que el fin de la vida

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“La muerte es una quimera, que no debemos temer ni nos debe preocupar: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, yo ya no existo”.  Epicuro

La educación burguesa y formal no da elementos filosóficos sólidos para analizar y reflexionar profundamente temas tan complejos como son la vida y la muerte. Enseñan que la vida es un proceso lineal de nacer, crecer, reproducirse y morir. Por eso, promueven que usted sea una persona juiciosa, que estudie, trabaje, se case y tenga unos hijos mientras se pensiona y/o se muere. Pero que tenga mucho cuidado de no salirse de esa propuesta.

Nos dicen que la muerte es sólo quietud, frío, soledad, ausencia y el paso esperado, anhelado al paraíso y a la maravillosa eternidad. Que la muerte es la liberación de ese cuerpo mundano y de todo sufrimiento; y que si fue “bueno” le espera una vida eterna en el cielo con los angelitos. Nos hacen creer que el destino y el cielo existen y nos llevan a vivir y comportarnos según esos preceptos. Además, nos hacen creer que usted puede hacer con su vida lo que le dé la gana y que sólo de usted depende el logro de todos sus objetivos.

Pero no le dicen que la vida es dura, que es difícil pero a la vez muy bonita; es una gran oportunidad para disfrutar, para compartir, para aprender, para luchar, para construir, para transformar y para morir con dignidad.

Hay miles de causas y formas indignas e imbéciles de morir y muy pocas maneras de morir dignamente y por una causa justa. Todos tenemos que morir. No es lo mismo morir de una enfermedad no curable a los 70 u 80 años, que morir de una enfermedad prevenible y curable a los 6 meses de edad. No es lo mismo morir en un accidente azaroso que morir en una masacre programada. No es lo mismo morir en el planeado y decidido suicidio que morir en manos de un asesino a sueldo y con odio prestado. No es lo mismo morir por una causa revolucionaria que morir por el robo de una gallina. No es lo mismo morir en las luchas del pueblo que morir persiguiendo y asesinando al pueblo. No es lo mismo morir solo y abandonado que morir rodeado de amigos y familiares. No es lo mismo.

Sólo los suicidas escogen su forma de muerte, los demás deberíamos preocuparnos por escoger la causa, ya que la forma nos puede llegar de repente, ocurre en instantes y no da tiempo para la discusión ni la reflexión. Pero lo que considero más importante es tener claro la realidad de la muerte ajena y propia para aprovechar y potencializar todas las posibilidades que nos da la vida; tener en la mira la muerte para disfrutar y aprovechar todo lo que se hace en la vida y no para amargarnos.

Existen personas, procesos, cosas tan bajas, tan dañinas y tan ruines que merecen la muerte; hay personas, procesos y cosas tan valiosas y maravillosas que merecen una larga vida. Lo difícil es aprender a conocerlos y a reconocerlos y a ponernos de acuerdo en lo que se debe hacer. 

La muerte no es lo peor, lo más grave es tener una vida no vivida, es estar muerto en vida. Lo triste es querer morirse a diario y no lograrlo.

Los seres humanos tenemos una gran capacidad de negación y olvido consciente o inconsciente frente a todo aquello que es desconocido y que nos causa miedo y sufrimiento. Y la muerte es un caso particular donde ese complejo e incomprensible comportamiento se manifiesta.

La muerte es lo único seguro que tenemos garantizado, es el final del camino que recorremos desde que nacemos y nos encontramos con ella en cualquier momento o lugar, pero de la cual no queremos saber nada y la rechazamos.

No hay muerte sin vida ni vida sin muerte. En todo instante algo nace y algo muere, tienen una relación dialéctica donde no puede existir la una sin la otra. Se debería reflexionar sobre ambos aspectos filosóficos para tener una mínima claridad y posición frente a ellas. Lo común es que se piense sobre la vida pero se le saque el cuerpo a discutir sobre la muerte. La negación y el temor a la muerte es muestra clara de nuestro atraso cultural y filosófico que hace que no seamos capaces de luchar por propuestas reales y concretas que acaben con todas las causas de miles de muertes inútiles e inaceptables. Ese solo hecho de muerte nos tendría que llamar a construir una revolución social para tener un futuro luminoso.

Por último, tengo una propuesta concreta para todos aquellos religiosos, católicos, evangélicos, cristianos, musulmanes, etc., para que no salgamos engañados y cabeceados de este mundo, y es la siguiente: tenemos que construir y asegurar un paraíso terrenal para el bienestar y el disfrute de todos; porque si existe el cielo – nadie lo ha asegurado – nos disfrutaremos dos paraísos; pero si no existe (como pienso) no tendremos ni paraíso en la tierra ni en el cielo.

“Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte”.  Leonardo Da Vinci

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