Edición 73 - Mayo 2012

El pueblo araucano se moviliza contra la explotación petrolera

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Arauca es conocida por dos de sus características fundamentales: la producción de petróleo y su historia de lucha social. Estos dos elementos se vuelven a conjugar hoy, cuando el saqueo del recurso esencial se incrementa, y con él los efectos nefastos en la gente y el territorio. Luego de tres décadas de extracción de crudo en Arauca, las organizaciones sociales inician una nueva jornada de movilización contra esa forma de explotación, en continuidad a las protestas realizadas en otros puntos del centro oriente colombiano, especialmente en Puerto Gaitán (Meta), en el denominado “Campo Rubiales”, una de las zonas de mayor prospección para la actividad petrolera.

En Arauca no sólo se ubica el campo petrolero de Caño Limón (operado por la OXY y Ecopetrol), entre otros muchos puntos de extracción diseminados por todo el departamento, sino que actualmente se construye el oleoducto denominado “Bicentenario”, que conducirá a los puertos colombianos todo el crudo que se extrae de Casanare y Arauca. Por esto se han movilizado las comunidades (inicialmente indígenas y campesinas) de Arauca. Los primeros puntos de bloqueo fueron San Salvador y Rincón Hondo en el municipio de Tame, paralizando los trabajos de construcción del oleoducto “Bicentenario”. A esta jornada se sumaron estudiantes, obreros y dirigentes comunales de la región, quienes conjuntamente bloquearon también el acceso al campo Cari Care en Arauquita y a la subestación de bombeo de crudo “Banadías” en Saravena.

 

¿Por qué se protesta contra la explotación petrolera?

Según la comisión vocera de la protesta, “la explotación indiscriminada de los recursos no renovables por parte de las transnacionales en contubernio con los gobiernos dependientes y arrodillados al monopolio internacional jamás ha beneficiado a nuestras comunidades, a nuestro entorno ecológico, nuestra identidad cultural, y mucho menos ha contribuido a la satisfacción de las necesidades básicas de vida digna para nativos y colonos. Lo poco que existe en la región en materia de bienestar social no ha sido fruto de la voluntad política de esas multinacionales ni de los gobiernos de turno, sino fruto de las luchas sociales, del sacrificio, la entrega, la pertenencia, la resistencia y constancia de las comunidades”.

Además, aseguran los organizadores de las protestas, la explotación del petróleo ha producido una crisis humanitaria con la alta militarización por parte del Estado, la confrontación armada, la guerra sucia o paramilitarismo, y el desplazamiento de comunidades enteras por la ocupación de sus territorios para el establecimiento de las empresas. Eso ha degenerado en una crisis social que se refleja en el desarraigo de los pueblos indígenas, de las comunidades campesinas, la descomposición social de los pobladores, los crecientes cordones de miseria y pobreza de las comunidades. Ejemplo de ello son las más de 72 mil hectáreas que han sido adjudicadas a empresas para proyectos petroleros, en detrimento del derecho que tienen sus verdaderos dueños, es decir, las comunidades indígenas y campesinas que la han cultivado y trabajado durante décadas.

En el saqueo de los recursos, insisten los voceros de la movilización, las empresas que explotan el petróleo en Arauca se han aliado con el Estado colombiano y así han implementado estrategias de persecución y aniquilamiento contra las comunidades y organizaciones sociales que habitan en la región y defienden sus territorios.

La explotación petrolera, aseguran, también ha contribuido al daño ambiental, que es uno de los problemas que amenazan actualmente la existencia de la especie humana, a través de la contaminación de las fuentes y cuerpos de agua, la perforación de varias capas de la tierra, la tala de árboles, la generación de residuos como metales pesados y gases, la alteración de la temperatura del agua, la quema incontrolada de petróleo residual, entre otros.

En cuanto al oleoducto “Bicentenario”, que será usado para sacar el petróleo que se extrae no sólo de Arauca sino también del Casanare, se trata de 93 kilómetros de tramo que atravesará los municipios de Tame, Fortul y Saravena, en el departamento de Arauca, y 247 km desde Casanare hasta Saravena-Arauca. En el momento la introducción de dicha tubería se viene realizando en Puerto San Salvador-Tame, lugar en el que se cometió el 31 de diciembre de 2004 una masacre donde fueron asesinadas 16 personas, entre ellos seis niños. Cerca de allí, aproximadamente a 10km, se encuentra la vereda Puerto Gaitán, uno de los centros de operaciones de la estructura paramilitar denominada “Bloque Vencedores de Arauca”.

¿Para qué la movilización?

Según varios dirigentes sociales de Arauca, con la protesta se le exige al Estado y a las empresas petroleras lo siguiente:

1. El manejo soberano de los recursos naturales, es decir, que el pueblo tenga la posibilidad de decidir directamente acerca de qué, cómo, dónde y quién explota los mismos.

2. Reformular los contratos con las empresas petroleras, para establecer condiciones que favorezcan realmente al pueblo colombiano.

3. El cumplimiento de las obligaciones constitucionales de los organismos encargados de controlar, supervisar, investigar y juzgar a las entidades y funcionarios que tienen relación con la explotación petrolera.

4. El cumplimiento, por parte de las Corporaciones Autónomas Regionales (autoridad ambiental), de sus obligaciones como garantes de la defensa del ambiente.

5. Creación y pleno reconocimiento a las veedurías comunitarias, que sus aportes, opiniones y denuncias sean asumidas y respetadas por el Estado.

6. El pago, por parte de las empresas petroleras, de la deuda social, ambiental y económica que tienen con las regiones que han sufrido las consecuencias de la exploración y explotación de los recursos. Esto, con base en los programas y proyectos del Plan de Vida diseñado por las comunidades.

Con esta movilización y estas exigencias concretas, el pueblo de Arauca, manteniendo la actitud inquebrantable que ha lo caracterizado en la defensa de la vida, el territorio, los recursos naturales y la cultura, y consecuentes con el legado histórico y la dignidad de las comunidades, de nuevo se constituye en ejemplo de movilización y lucha social.

 

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