
Los agrocombustibles han sido vendidos por las transnacionales y los gobiernos como una opción ecológica para remplazar gradualmente los combustibles derivados del petróleo. Se supone entonces que el uso de ellos es menos dañino para el ambiente, disminuye la emisión de contaminantes, sobre todo de los gases de invernadero, que provocan el cambio climático acelerado. Pero este es en realidad otro mito capitalista que se cae por su propio peso. Los agrocombustibles, en realidad, producen mayor efecto invernadero que los tradicionales hidrocarburos, destruye masivamente la biodiversidad y condenan al hambre a muchísimas poblaciones agrarias.
¿Qué son los agrocombustibles, en el supuesto de estandarizar esta palabra? Se habla de “biodiesel” y de “bioetanol”. El biodiesel o agrodiesel, se obtiene a partir del procesamiento de aceites vegetales: girasol, solla, palma africana. El combustible se mezcla en una proporción de 20% de agrodiesel y el 80% de diesel derivado del petróleo. El B100 significa agrodiesel al 100%, que produce menos contaminación. El bioetanol es un alcohol obtenido a partir del azúcar de la remolacha, la caña o a partir del maíz, cebada, trigo, que se mezcla con gasolina en diferentes proporciones.
El uso de los hidrocarburos no disminuye
El aumento espectacular de la demanda de estos agrocombustibles está causando deforestación, erosión, incendios forestales, aumento agroindustrial -más consumo de hidrocarburo para la maquinaria y el transporte -, aumento de uso de pesticida, fungicidas, herbicidas y abonos químicos. Produce, además, aumento del uso de semillas genéticas manipuladas, aumento del consumo y contaminación del agua; y, en cambio provoca la disminución de tierras dedicadas a la producción de alimentos, es decir, más hambre.
Global Forest Coalición calcula que 600 millones de hectáreas de tierra arable desaparecen cada año en los países industrialmente atrasados a causa de esta práctica. Las transnacionales utilizan de forma masiva los fertilizantes, los plaguicidas y los herbicidas, productos químicos derivados del petróleo, que causan contaminación y deterioran los suelos. La producción de agrocombustibles es el segundo responsable de las emisiones producidas por grandes monocultivos y además son causa de un cambio en los suelos. Liberan en el proceso de producción gas de efecto invernadero, uno de los principales elementos explicativos del dramático cambio climático del planeta, que afecta la vida en su conjunto.
Agrocombustibles por agua y alimentos
La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico -OCDE- estima que para sustituir el 10% del combustible fósil de la Unión Europea – EU -, habría que dedicar el 70% de la superficie agrícola de Europa. Estos cultivos dejan a merced del hambre y la sed a millones de europeos. Esto en términos hipotéticos; pero en términos reales encontramos hoy que el cultivo de materias primas para la producción de biocarburante se ha convertido en la segunda causa de deforestación en América Latina, según declaró Global Forest Coalition ante la Novena Conferencia de la Convención de Biodiversidad de la ONU. El informe manifiesta que la reconversión de terrenos de bosques en campos para cultivo en América Latina ha superado a los cultivos para alimentación humana; y es incoherente que los gobiernos prioricen los biocarburantes como método supuesto para reducir los índices de dióxido de carbono emitidos a la atmósfera si, como contrapartida, es necesario acabar con los bosques y la biodiversidad del planeta.
El 87 % de la deforestación en Malasia entre los años 1985 y 2.000 fue provocada por plantar palma africana. En Indonesia las extensas plantaciones de palmeras de aceite han aumentado un 123 % en los últimos años y el gobierno prevé próximamente plantar 3 millones de hectáreas más. Para tal efecto, grandes áreas de bosques tropicales del Sudeste de Asia están siendo incendiadas para dedicarlas al cultivo de los agrocombustibles.
La existencia de flora y fauna, especialmente el hábitat de primates, entre ellos el orangután, de las selvas tropicales y subtropicales de Borneo y Sumatra, está amenazada por las multinacionales ante la brutal devastación de bosques para cultivar palmas aceiteras. Y es que la palma africana da mayor resultado en clima tropical, por ello se desforestan millones de hectáreas de selvas, aniquilando al mismo tiempo la flora y la fauna que alberga. Provoca enormes incendios forestales que, a la vez, contribuyen al cambio climático y destruyen en promedio 20 toneladas de insectos, por hectárea: larvas, gusanos, nematodos, lombrices, arácnidos y millones de microorganismos que viven en estrecha simbiosis, en activa dinámica día y noche para producir 10 centímetros de capa de suelo fértil, en un proceso interminable de 100 a 400 años. Algunos geólogos han opinado que el proceso creador de fertilidad del suelo podría tardar hasta 1.000 años, pero la actividad humana puede arrasarla en un minuto.
Se demostró en esta conferencia de la OCDE que el uso de maquinaria necesaria para condicionar un área de bosque para cultivo de plantaciones como la caña de azúcar, maíz, solla o palma de aceite, de las que se extraen los biocombustibles, producen más emisiones que el uso de combustibles fósiles. Por otra parte, el uso de biocombustibles sólo permite reducir las cuotas de emisión de los países industrializados, pero dispara los de las naciones industrialmente atrasadas. El informe de la Global Forest Coalition analiza, entre otras cosas, que la producción de combustible agroindustrial sólo servirá para ahorrarles a los países ricos más del 15% del consumo anual de sus automóviles a escala mundial. Pero ello significa a la vez la globalización del hambre. Condenaría a muerte prematura y por sed a más de 3 mil millones de personas. Y aceleraría la destrucción del planeta. La producción de etanol a partir del aceite de girasol, por ejemplo, requiere un 118% más de consumo de agua que la de combustible derivado del petróleo.
Uno de los efectos más negativos del cambio climático se verá reflejado en la escasez de agua dulce. Actualmente la agroindustria consume el 70% del agua dulce a escala mundial, tornando la situación más crítica a mayor expansión del monocultivo a gran escala. Las multinacionales en la mayoría de los países pobres tienen prioridad sobre el uso de recursos hídricos, ejemplo clásico: The Coca-Cola Company en Italia está dejando a poblaciones enteras sin acceso al consumo de agua. Y en otros países, especialmente en África y América Latina, muchos cultivadores no poseen agua para sus cultivos y para su consumo vital, porque esta ha sido desviada para el uso de los grandes monocultivos. Y para completar, como es obvio, esta situación dramática está causando aumento de precio en algunos alimentos básicos, con lo que se acaban de agravar las condiciones de vida de las poblaciones.
El aumento en los precios de los alimentos como los cereales, especialmente el maíz y el arroz, evidencia un sombrío panorama por estar los suelos adecuándose sólo para el cultivo con fines de energía automotriz. La política neoliberal se convierte así en una jugada siniestra: mientras en el mundo ruedan más de 800 millones de carros contaminando y consumiendo combustible a ritmo imparable, al mismo tiempo más de 1.200 millones de personas sufren desnutrición severa y, más de 1.400 millones de trabajadores viven en la indigencia.
Acelerando el cambio climático
Varios estudios han demostrado que el proceso y uso de aceite de palma provoca más cambio climático que el uso del petróleo. Ejemplo clásico: Una de las causas es el hecho que el mejor suelo para el cultivo de la palma africana es la “Turba”. La “Turba” es una especie de esponja de materia vegetal en descomposición, que contiene enormes cantidades de carbono, que son liberadas a la atmósfera. Una vez seca, suele ser quemada para despejar los terrenos que serán dedicados a las plantaciones de palma africana. Un estudio Holandés calcula que, en un año, este proceso en Indonesia emitió 2.000 millones de toneladas de carbono a la atmósfera, lo cual significa un 8% de todas las emisiones a escala mundial producidas por los hidrocarburos.
La normativa concertada y adoptada por los gobiernos y las multinacionales productoras de agrocombustible permite hasta 2020 la quema de los restos de las cosechas. Cada hectárea incinerada libera a la atmósfera 4.500 toneladas de carbono y contamina 30 litros de agua por cada litro de etanol producido. Según GREENPEACE, en los últimos cinco años se han destruido en Brasil 70.000 km2 de selva amazónica, en cuya acción, en 2002, 4.000 personas murieron y 200.000 sufrieron casos de envenenamiento por pesticidas fabricados por la Transnacional Monsanto.
Biocumbustibles y envenenamiento de la vida
Monsanto produce uno de los venenos más tóxicos del mundo: el herbicida ROUNDUP, utilizado en los cultivos de palma africana, solla, maíz, girasol, caña de azúcar etc. Un informe secreto de Monsanto, según denunció el diario “The Independent” del Reino Unido, demuestra que los cereales transgénicos MOS 863 producen riñones pequeños y mutaciones en la composición de la sangre. Y su peligrosa hormona sintética de efecto cancerígeno aumenta la producción de leche en las vacas.
ROUNDUP es un defoliante de amplio espectro, mata indiscriminadamente toda la flora, incluida la vida bacteriana y microbiana. Compromete seriamente la salud humana, dejando intacta solo las cosechas transgénicas tolerantes al herbicida. Posteriormente la flora se vuelve inmune, por lo cual la cantidad de herbicida utilizado aumenta cada año, aumentando al mismo tiempo la contaminación atmosférica, el envenenamiento de los suelos y la contaminación de fuentes hídricas. La fumigación con insecticida se ha multiplicado desde 1948, pero ahora los insectos devoran el 14% de la cosecha cuya pérdida anterior era de 7%.
Recientemente, esta transnacional ha obtenido el permiso del gobierno colombiano para sembrar semillas de maíz genéticamente manipulado: MON 810, para producir agrocombustible. Uno de los cereales que produce deformación de órganos y cambios en la estructura sanguínea.
La poderosa MONSANTO es una de las multinacionales más destructoras del planeta. Produjo el herbicida “Agente Naranja”, con concentración de dioxina industrial más alta que la producida por Dow Chemical, utilizado en cantidades masivas e indiscriminadas durante la guerra de Vietnam. Es productora del veneno glifosato: “…Herbicida no selectivo de amplio espectro, desarrollado para eliminación de hierbas y arbustos…de efecto total y principio del herbicida Roundup”. Este veneno es utilizado para fumigar cultivos de coca en Colombia y otros piase –excepto en USA, que sólo lo produce-. Al mismo tiempo que destruye los cultivos de Coca, el glifosato destruye toda especie de cultivos alrededor, produce deterioro de la salud, destierro de poblaciones enteras y muerte de especies animales, especialmente, arácnidos y anfibios. Por sus consecuencias degenerativas en los seres humanos, Estados Unidos prohíbe aplicarlo en su propio territorio.