Edición 72 - Abril 2012

¿Con qué plata se compra el río Guarinó?

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El Río Guarinó nace helado y limpio, en lo alto del Páramo de Marulanda, al oriente de Caldas. Cae directamente al norte del Tolima, donde forma una pequeña curva y sigue pasándosela de un departamento al otro hasta que se choca con el Magdalena, que lo absorbe. El Guarinó surte de pescado a varios municipios de los dos departamentos y ha sustituido el alimento que dejó de brotar en los territorios de varias comunidades afrodescendientes que llegaron hasta él.

En La Dorada, sin embargo, la fuente de agua durante muchos años era el Magdalena, que ya venía de recoger las aguas negras del Bogotá y que llegaba a Caldas con residuos pesadísimos para el estómago de los niños. Esa agua se consumía siempre a medio desinfectar, porque al hervirla se veía que las paredes de las ollas quedaban negras y que por todos lados saltaban los pequeños residuos blancos que desencadenarían no se sabe cuántas semanas de diarreas en los niños del pueblo.

Hasta que en una “Fiesta de Agua”, preocupados por la situación, los doradenses se volcaron a tomar agua directo del Guarinó y se dieron cuenta que el río llegaba frío y sin contacto con materiales pesados. Se alegraron de que la pureza de ese río que caía del páramo no sólo calmara el calor, sino que también transformara la alimentación de los niños, y bañara el tesoro natural que se mira en la región.

Desde ese momento la vida del pueblo era la vida de su río. El acueducto municipal se construyó a las orillas del Guarinó y las comunidades afrodescendientes que habían estado en busca de comida pudieron llegar hasta un agua sana. Y no sólo el pueblo contó con buena suerte, el río también era afortunado porque hasta mediados de los años noventa pasó de agache a los proyectos hidroeléctricos que ya habían encadenado al río La Miel en el punto en que se encuentra con el Manso.

Pero su suerte se fue terminando, y en 1997 los habitantes de La Dorada conocieron que desde el año anterior se venía gestionando un proyecto para trasvasar los ríos Guarinó y Manso al río La Miel, para aumentar la generación de energía que se había logrado con la Hidroeléctrica la Miel I. En ese proyecto se instalaron tres turbinas de las que sólo funcionaban dos a la perfección, y por eso los empresarios de Isagen y EPM se empezaron a afanar por controlar los dos ríos que bañaban la zona.

Esta noticia, así viniera con un costalado de promesas por parte de la empresa, no le gustó nada a los pobladores de las orillas del río, que ya se lo habían apropiado. Por eso, dos años después, en 1999, varias organizaciones sociales lograron llevar un acumulado organizativo hasta una audiencia con el Ministerio de Ambiente y las Corporaciones Autónomas Regionales de Caldas y Tolima.

Herenia Polanía es una docente que se preocupó desde que se enteró de la iniciativa de trasvasar su río y cuenta que en esa audiencia “se admiraba la gente de que se presentaran 38 ponencias. Y eran de personas humildes, del vendedor de la plaza, del pescador, del habitante de un barrio, de un maestro; cada uno con un argumento diferente, claro y preciso. Unas pocas ponencias eran a favor del proyecto, pero después nos dimos cuenta que había políticos como Jorge Hernán Barco o Mario Aristizábal Muñoz detrás de eso, y supimos que Aristizábal es accionista de Hidromiel y por eso alabó tanto el trasvase”.

Sin embargo, el proyecto parecía que se les venía encima. Ya la empresa tenía todo planeado y programado: se desviaría el río por medio de un túnel de 3.5 kilómetros hacia La Miel, capturarían del río 29 metros cúbicos de agua por segundo y planeaban que se generaran 375 megavatios a través de tres turbinas. Cuando todo esto se conoció, los doradenses sintieron la necesitad de organizarse y reclamar su río y su vida.

Así que se creó un Comité Intergremial que se dedicó a estudiar el problema junto con la Universidad de Caldas y se descubrió que la intención de desviar 29 cm cúbicos acabaría con el río, porque un estudio del mismo Ministerio del Medio Ambiente se había dado cuenta que el caudal del río en la parte donde sería intervenido es de 28cm cúbicos de agua por segundo. Esto quiere decir que les quitarían casi la totalidad del agua que pasa por allí.

Por otro lado, Norman Alarcón, director del Comité Intergremial, publicó en un escrito que “los impactos ambientales y socioeconómicos serían altamente negativos, tal como lo concluyen los tres conceptos técnicos emanados del Ministerio del Medio Ambiente, según los cuales la flora y la fauna sufrirían daños incalculables, amén de que en los suelos de la cuenca baja mermarían los niveles freáticos y, por ende, la productividad de los mismos”.

Sin embargo, Isagen seguía empujando para su construcción, y el presidente de la república, Álvaro Uribe, en el 2006 desechó los estudios elaborados por los ministerios de los gobiernos anteriores y ratificó la licencia para el trasvase.  La empresa llegó a la región con el objetivo de encarcelar al río y empezaron a ofrecerle trabajo a los pescadores que ellos mismos habían desempleado.

Recorrer la orilla del río, después de escuchar el trabajo de las turbinas, era desesperante para los pescadores. Se tenían que ver los esqueletos de miles de pescados que eran empujados por las turbinas y no podían ser rescatados por el grupo de los 20 contratados por la empresa. Además, se desencadenó un problema mayor, porque los pescadores de las veredas de abajo se estaban quedando sin peces y no culpaban a la empresa, sino a los pescadores de las veredas de más arriba y al grupo de impedidos rescatistas. Heredia cuenta que “también se veía la hipocresía de la empresa con letreros que dicen ‘Isagen cuida la vida. ¡Cuidado! No pescar hembras enhuevadas’. Pero ¿quién dijo que no son enhuevadas las que se quedaron atrapadas en la horilla de la carretera?”.

Pero como para el pueblo era el momento de resistir y trabajar, todo esto animó las voluntades para crear el Comité Cívico por la Defensa del Rio Guarinó, y a partir de allí iniciar una serie de movilizaciones en contra del proyecto. “En el 2006 en el marco de la campaña ‘el agua como bien público’ hicimos una movilización de más de 10 mil personas y eso nos significó que la campaña reconociera a nuestro proceso como caso simbólico de la lucha por el agua. También hicimos el Foro por la Defensa del Agua, la Biodiversidad y las Culturas, y luego, en la lucha por el referendo, tan sólo en La Dorada recogimos 15 mil firmas porque allá con ese calor la gente se dio cuenta que es muy complicado tener el agua caliente y escasa”, comenta Heredia.

Hasta hoy el corazón de La Dorada trabaja por la vida de su río en una lucha en la que han sobrado los argumentos. Por eso el periodista Gustavo Reyes concluye que “no es gratuita la obstinada resistencia a la construcción de una segunda hidroeléctrica (Miel 2), no sólo porque implicaría volver a un pasado en el que las aguas a medio descontaminar del Magdalena cobraban una alta tasa de mortalidad infantil, producían erupciones cutáneas, y enfermedades gastrointestinales, sino porque ahora habría que agregarle desplazamientos sociales, y la desaparición irremediable de culturas y ecosistemas”.

 

 

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