Edición 95 - Mayo 2014

“La Boquilla está a punto de desaparecer”

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Inicialmente éste poblado tenía siete bocas, a través de las cuales el mar alimentaba la Ciénaga de la Virgen, y ésta a la vez les servía como fuente de trabajo a sus habitantes ya que con el arte de la pesca muchos de ellos subsistían con el producto extraído de sus cristalinas aguas. La Boquilla se encuentra ubicada en la zona norte de la ciudad de Cartagena, y muy cerca del aeropuerto Rafael Núñez. Fue un corregimiento habitado por afrodescendientes, su única calle central era utilizada por camiones, que iban a recoger arena gruesa y delgada, china, chinita, minerales para la construcción que muchos habitantes extraían del mar; además, la gente sembraba palmeras de coco, que comercializaban en el mercado de Getsemaní.

En la década de los años sesenta y setenta, para llegar a éste corregimiento se caminaba por la orilla del mar, o, como se dice coloquialmente, por la playa. Además, la Boquilla era un centro de turismo. Por su serie de cabañas que se encuentran a lo largo de la playa, y en general propios y extraños iban allí para disfrutar de un rico baño de mar, y a la vez degustar de un delicioso sancocho de pescado con arroz de coco y todo lo relacionado con la comida de mar.

En ese tiempo, la Boquilla tenía mucho movimiento en lo social y económico ya que apenas se comenzaba a desarrollar la construcción en Cartagena; barrios como Bocagrande, El Laguito, Castillogrande, Manga, Crespo, Pie de la Popa, para mencionar algunos, fueron construidos con materiales extraídos de este importante corregimiento de Cartagena. Paralelamente existía el populoso mercado de Getsemaní, y en la Boquilla solamente había dos chivas (buses) en donde las personas que ejercían el oficio de la pesca les entregaban, en las madrugadas, los peces a muchas señoras, y éstas lo comercializaban en el mercado de Getsemaní. Las chivas (buses) salían de madrugada, a llevar los pasajeros a la plaza de mercado, y a los muchachos y muchachas que estudiaban en las escuelas de la ciudad. Estos buses en la parte de arriba tenían unas parrillas donde acomodaban la carga, incluyendo las cajas y cajones donde iban guardados los pescados con hielo para evitar su descomposición, esta carga era amarrada con cabuyas. Los pasajeros iban dentro del bus debidamente sentados en los cojines.

Los viernes, sábados y domingos, en el corregimiento se prendía el picó, que son unos altoparlantes encajonados y a través de estos suena la música y funcionaba con plantas eléctricas que utilizaban ACPM. Las cantinas se llenaban de los señores y señoras que iban a divertirse. Solamente se consumía licor y bailaban en muchas ocasiones solos o con sus respectivas parejas.

Las fiestas de este poblado se celebran todos los años para el mes de Junio, las cuales se denominan los bailes del pescador, donde se realizaban: carreras en sacos, vara de premio, nado abierto, carrera de atletismo, carreras en botes, pesca con atarraya, buceo en el mar, dulce de coco y feria gastronómica.

Existían muchos clubes que tenían sus asociados, y éstos pagaban una cuota mensual y cada mes los clubes realizaban sus respectivas fiestas, que incluían bebida, comida y baile. En muchas ocasiones estas fiestas, o bailes de clubes, duraban hasta una semana de parranda.

Este corregimiento le hizo un importante aporte al desarrollo de la ciudad. Pero llegó la revolución del concreto, y se construyó la Vía del Mar, que conecta a Cartagena con Barranquilla pasando por la Boquilla. Enseguida llegaron los “ladrones” de cuello blanco a robarse la tierra, y allí comenzó la decadencia de éste corregimiento.

Muchos habitantes de la Boquilla fueron amenazados, otros desaparecidos. Llegaron incluso a construir un hotel supuestamente en el espacio público. Aún está en litigio la legalidad de esta tierra donde se construyó este hotel, cuyos dueños incluso intentaron privatizar más de 5 kilómetros de playa. Pero el Consejo Comunitario de este corregimiento, integrado por afrodescendientes, instauró una acción popular y la Corte Suprema de Justicia avaló esta petición y obligó al hotel a devolverle las playas a todos los cartageneros, ya que las playas nos pertenecen a todos.

Pero lo más curioso de todo esto es que el Distrito también hizo su aporte para que se desplazaran los afrodescendiente, es decir, que con la vía del mar le dispararon los recibos de impuesto predial, cobrándole unas sobretasas bastante altas. También con el sistema de valorización. Así tuvieron que ir saliendo los nativos y refugiarse en veredas como: Puerto Rey, Manzanillo del mar, Pontezuela o invadir en el cerro de la Popa para construir sus ranchos.

Hoy a la Boquilla la convirtieron en un centro de desarrollo de la construcción, muchos edificios de 15 a 20 pisos. Y se ha desarrollado de manera escandalosa la especulación con la tierra en este sector de la ciudad. Prácticamente el raizal ha desaparecido, porque no tienen con qué pagar los altos costos de los servicios públicos domiciliarios, y porque la estratificación los colocó en estratos 5, 6 y 7.

En este corregimiento no se aplicó el sistema de identificación y clasificación de potenciales beneficiarios del SISBEN, pues se juzgó que hoy allí solo viven ricos. Y es así como muchos ricos del país han establecido sus imperios en este corregimiento, por su situación geográfica. Sería bueno que los entes de control entraran a verificar la legalidad de las escrituras de estos lujosos edificios, y si es posible se le devolvieran sus propiedades a los que verdaderamente las poseyeron durante más de 200 años. No se debe dejar desaparecer este corregimiento, que tradicionalmente les ha servido a todos los colombianos y que aún conserva la pesca artesanal.

 

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