Del 9 al 12 de diciembre de 2016 se realizó en Medellín el 4to Festival Nacional de Arte a la Esquina y la Vereda. Con aproximadamente 300 artistas de todo el país, algunos de los barrios populares de la ciudad se contagiaron con la risa, el color y la diversidad que llevaban consigo los visitantes, que tienen como propósito, además, que el arte se manifieste desde una apuesta crítica y transformadora.
Con 80 presentaciones culturales distribuidas en 14 barrios del Valle de Aburrá, los 320 artistas provenientes de diferentes regiones del país recrearon el 4to Festival Nacional de Arte a la Esquina y la Vereda, que además de ser un espacio para la expresión cultural y artística, fue un espacio de debate y discusión sobre el papel que debe tener el arte frente a las realidades sociales, políticas y económicas de Colombia.
Por ese motivo, fue común que antes de las presentaciones y visitas barriales, los participantes trabajaran en mesas temáticas alrededor de temas como formación, economía, organización y comunicación, con el objetivo de adelantar discusiones de cara a la conformación de un Movimiento Nacional de Artistas. Esta idea, que nació desde el primer Festival, pretende contribuir al desarrollo creativo del país pero desde una posición que refleje el sentir de las expresiones populares, y que además visibilice y genere propuestas ante las diferentes problemáticas del país.
Para Ferney Vergel Cárdenas, participante e integrante del Colectivo Teatro Errantes, el festival es una ganancia en materia cultural dado que logra convocar a las regiones desde el sentir más natural de las expresiones culturales y populares. Para este colectivo, comenta Ferney, “el arte no puede estar de espaldas a la realidad, pero tampoco puede dejar de ser arte; tiene que sostenerse en su plataforma estética, creativa, productiva, siendo arte en sí mismo, pero dándole la cara a la realidad, evidenciando, mostrando, criticando, reivindicando, sin caer en el panfleto y en la subestimación de la misma esencia artística. El arte debe despertar preguntas en la gente”.
Aunque lo anterior ha sido tema de debate desde el primer Festival, todavía entre amigos o colectivos, y en diferentes espacios, se siguen escuchando preguntas sobre el carácter del arte y del artista. Y no están de más, porque para la consolidación de dicho Movimiento Nacional de Artistas aún queda otro camino por delante en el que será necesario generar consensos y apuestas comunes. Por eso entre todos los participantes, además de escoger a Bucaramanga como próximo anfitrión del festival, priorizaron cinco ejes sobre los que giraría el Movimiento: el artista como sujeto político; circuitos de circulación alternativa del arte; organización de los artistas; dignificación de la labor artística y memoria y ancestralidad.
Según Nelson Román Castro, integrante de la escuela popular Taller Sur de Bogotá, este proceso debe incidir socialmente, pero además “pelear con varios monstruos, como la industria cultural, y los imaginarios culturales de élites que privilegian los circuitos económicos. El propósito es llegar a la cuadra, donde están los niños, la abuela, la gente, para enraizar en arte en el contexto de la vida social y desde los saberes artísticos construir tejido social”.