Edición 49 - Marzo 2010

La Panela: Alimento tradicional campesino en vía de extinción

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El día 26 de febrero de 2010, en el barrio la Perseverancia de la ciudad de Bogota, se reunieron diversas organizaciones campesinas y comunitarias, preocupadas por la problemática de la extinción de la panela como alimento tradicional. Allí participaron organizaciones como el Proceso Campesino del Macizo Colombiano, la Asocomunal de la Vega Cauca, el grupo de mujeres Altos de la Florida de Bogota, la Asociación de Usuarios Campesinos de la Vega Cundinamarca, el periódico Periferia, la Asociación Agropecuaria de Caramanta- Antioquia, Asociación de Trabajo Interdisciplinario- ATI, la Asociación Campesina de Antioquia y la Red Juvenil de Medellín, entre otros procesos. Uno se preguntaría ¿por qué un encuentro panelero, si en la tiendas y en mercados hay abundancia de panela? Y claro está que la panela no se acabará, por el contrario, estamos a la puerta de la industrialización de la panela. Pero de una panela que no provendrá de los sectores campesinos, ya que los ricos pretenden acabar con la cultura campesina panelera y otorgársela a los industriales de este país.

 

En Colombia se estima que existen cerca de 70.000 parcelas  que cultivan la caña panelera y que funcionan 15.000 trapiches artesanales aproximadamente, en los que se produce panela y miel de caña. Esta actividad genera anualmente más de 25 millones de jornales y se vinculan alrededor de 350.000 personas, es decir el 12% de la población rural económicamente activa. La panela es el segundo renglón campesino generador de empleo, después del café. Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo como productor de panela y el primer lugar como consumidor, con un promedio de 31,2 Kg. de panela por habitante al año. Además, la producción panelera genera círculos de unidad en la economía campesina.

Todo este proceso sostenible y generador de rentabilidad y economía digna para los campesinos se está viendo amenazada por el Estado colombiano y los intereses del capital. A través de leyes y decretos se sometió a un mismo régimen a los pequeños productores paneleros y los usurpadores industriales, bajo el sofisma de “la eficiencia y la competitividad”. Con resoluciones sanitarias, por supuestas razones de salud e higiene, se ha venido presionando a los pequeños productores a que construyan grandes entables paneleros que cuestan entre 80 y 120 millones de pesos, para que supuestamente pasen la prueba sanitaria. Sin embargo, esta transformación no le garantiza a los campesinos que sean certificados; si no lo fueran perderían todo el dinero invertido. ¿Cuántos años los colombianos consumieron panela de los trapiches alados por caballos? ¿Cuántos se  enfermaron o murieron por ello?

La ley que condena a los campesinos pobres es la 779 de 2006. Son dos capítulos de la resolución los que especialmente los afectan. CAPITULO IV: “Condiciones sanitarias de los trapiches y de las centrales de acopio de mieles vírgenes”, y el CAPITULO V, que trata del “Envase, embalaje, rotulado, reenvase, almacenamiento, distribución, transporte y comercialización”. Hasta el momento se han valido del capítulo V para hacer los decomisos de incontables toneladas de panela. Hemos llegado al punto que se podría decir que en Colombia es más “ilegal” llevar una carga de panela natural que una de cocaína.

Para el gobierno poder exigir el cumplimiento del capítulo IV necesita primero saber qué cantidad y en dónde están ubicados  los trapiches artesanales en Colombia; para otros productos alimenticios lo hacen a través del registro sanitario. Este registro de inscripción que está reglamentado en la Resolución 3462 del 11 de septiembre de 2008 se hace bajo un formato único del INVIMA

Según el  gobierno, los  campesinos podrían organizarse y participar de los beneficios de la otorgación de trapiches tecnificados; pero entre los requisitos para acceder encontramos que deben tener un patrimonio de $80.000.000. “¿Habrá algún campesino que pueda cumplir con esos requisitos?” ¡Sí! Ustedes ya saben cuáles. Por esta razón el campesino será remplazado por el trabajador rural, que no es lo mismo, porque el campesino controla su producción, pero el trabajador rural no la controla sino que lo hace la industria de la producción de la panela; es decir, el trapiche será remplazado por cocinas esterilizadas, el sombrero será remplazado por un tapabocas y las botas negras por las botas blancas,  y la ruana por el delantal blanco. El campesino por el trabajador rural explotado.

A la par que se  crean leyes y normas que controlan la producción y la comercialización de la panela en el campo, se ha incrementado el pie de fuerza militar, el cual se hace evidente en el reclutamiento rural y urbano y en el aumento del  presupuesto para la guerra. A los campesinos se les esta quitando no sólo su fuente de trabajo y economía, sino a sus hijos para la guerra. Antes los hijos de los campesinos se dedicaban a las labores del campo heredadas de sus padres, hoy tienen que dedicarse a otras cosas para conseguir el sustento, la mayoría van a parar a las ciudades al rebusque; esto lo confirma un campesino asistente al encuentro: “Nosotros no estamos en un Estado social de derecho porque estamos viviendo en uno en él cual quieren exterminar a los campesinos. Hoy el hijo sale del colegio y es a prestar el servicio militar, nos están arrancando a los hijos. El campo no tiene nuevas generaciones porque se las están llevando para la guerra. Los campesinos estamos siendo expulsados de nuestras tierras en aras de la industrialización del campo”.

Los alcances de la resolución 779 de 2006 romperán la relación directa con la tierra, generará técnicas enmarcadas en cadenas productivas y sobreproducción industrial para bajar precios. Debe quedar claro que la panela como producto no va a desaparecer, va a pasar al dueño grande; desaparece la pequeña producción y el campesino. Como consumidores no nos quedaremos sin panela, pero ya no tendremos panela campesina sino industrial. Pero los consumidores también somos responsables de que se acabe la economía campesina porque preferimos los alimentos industrializados al momento de comprar.
Ya existen casos en donde las grandes superficies como el Éxito quebraron grandes cooperativas campesinas de paneleros, porque le compran toda la producción pero quien coloca el precio es el éxito, entonces empezaron a producir a perdida para cumplirle a ese monstruo y no pudieron.

Estrategias de resistencia

También se socializaron en este encuentro diversas experiencias de resistencia en torno a esta problemática. En la ciudad de Medellín, por ejemplo, se vienen proponiendo redes de consumidores y productores, como la distribución de la panela y otros alimentos en los barrios populares; buscamos que las familias de estos barrios puedan ser las que distribuyan los productos tanto en las tiendas como en las demás familias. Este proceso de comercialización disminuye  los costos, así ninguno va a acumular sino que la ganancia va a quedar entre todos. Vendiendo la panela en el barrio nos sale 30% más barata de lo que sale en la tienda.  Y así se aporta a la economía campesina y a la economía de la ciudad.

En  Bogotá hace más de dos años se viene sacando una feria mensual para compartir los productos y los procesos que están detrás de los productos, empezar a mover a la gente a reactivar la vida y la economía local. Hay unas 9 o 10 organizaciones en este proceso. “En Agrópolis tenemos 756 familias organizadas a través de una plataforma campesina- cuenta uno de los participantes-, venimos de procesos sociales pero pusimos una figura de sociedades por acciones dando privilegio al ciclo alimentario. En la plataforma se dice qué productos tienen, nosotros lo operamos desde Bogotá a costos de operación y no de intermediarios. Invitamos para que más campesinos se vinculen. Tenemos la posibilidad de 4 cadenas, frutas y verduras, hortalizas, abarrotes, lácteos. Tenemos capacidad para apoyar redes y procesos sociales, negocios y encuentros como este, por ejemplo. Pensamos hacer un encuentro de campesinos a mitad de año”.

Por otro lado, se está adelantando El Congreso Nacional de pequeños productores paneleros para el 8, 9,10 y 11 de octubre en Supía Caldas. La estrategia es reunir a más de dos mil campesinos colombianos para crear una figura diferente a Fedepanela, que sea representativa del pequeño productor. El Objetivo del Congreso Nacional es la conformación de una organización en el ámbito nacional de productores paneleros con menos de 20 hectáreas, hay que promover la producción de panela de pequeña escala y masificar el consumo de la panela campesina. 

Habitantes afectados en Medellín por las obras del “desarrollo”

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