Edición 49 - Marzo 2010

EDITORIAL No. 49NO VOTE, luche y p…

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Una horda de alimañas se dispone a salir del Congreso y de la casa de Nari; Sin embargo, la mayoría de ellas se quedará. En el caso contrario, alimañas de peor calaña los reemplazarán. Ese es el futuro que nos ha construido Álvaro Uribe Vélez y la élite mafiosa que lo acompañó en estos ocho años de perversidades políticas al frente del país. Pero aunque el hecho de que el congreso y la casa de Nari sigan habitados de alimañas ya no depende de nosotros, sí depende de nosotros la legitimación que le demos y de esta legitimación depende la prolongación en largos años de desventura para el país o el inicio de un periodo nuevo en donde reconstruyamos la dignidad de los colombianos. Por eso, NO VOTE, es el mejor favor que le puede hacer al país y a la humanidad.

El Congreso de este país es una vergüenza y el equipo del ejecutivo es vergonzante. Pero lo peor no es eso, sino que a lo largo de estos dos periodos de gobierno de Uribe se ha instaurado la desvergüenza moral y política como la máxima de los gobernantes y los legisladores, y con ello se ha hundido en el pantano la moral general del pueblo colombiano. El mayor esfuerzo del uribismo ha sido instalar en nuestro contexto social y político la cultura traqueta y mafiosa de la trampa, del cinismo y la atarbanería, del irrespeto por la verdad, la dignidad y la vida como algo tolerable y permitido. Esta cultura se retrata perfectamente en la petición que le hacía Álvaro Uribe a los congresistas de la aplanadora uribista investigados por parapolítica de que mientras no estuvieran condenados no se inhibieran de votar en el congreso sus proyectos para incrementar el terror, el hambre y la miseria.

Muy poco de qué pegarse. Las propuestas para congreso y presidencia son apenas reediciones más burdas o más elaboradas de la política de seguridad democrática con la que Uribe a intentado extinguir al movimiento popular y beneficiar al capital sin miramientos políticos ni éticos. De hecho, los caciques del congreso que se cierra ahora, investigados por parapolítica y narcotráfico se las han ingeniado para colocar sus fichas que les garanticen su continuidad en el poder legislativo para el próximo periodo, sin que, ante la postración moral del pueblo y las instituciones haya poder capaz de impedirlo. Nunca como hoy hubo tanta corrupción en las campañas políticas y sin embargo todo seguirá como si nada.

Es cierto que aún persisten figuras respetables, dignas y honestas empeñadas en dar la pelea desde estas instituciones. Piedad Córdoba, Jorge Enrique Robledo, Germán Reyes, Gloria Cuartas, entre otros, son ejemplo, de tesón, compromiso y honestidad por la causa de la transformación social. Pero la condición de minoría en que llegan al Congreso los vuelve impotentes y al pueblo que vota por ellos les restriega en la cara su ingenuidad. Este voto, por más bien intencionado que sea, termina siendo perjudicial para el país porque legitima la democracia de muerte que ha construido la élite asesina de este país. ¿O cree usted que el descuento del 10% en la matrícula de la universidad pública, medio día de trabajo y otras prebendas por el estilo justificarían empeñar el futuro del país en este tipo de democracia?

Y para el caso de las elecciones presidenciales el panorama es todavía más desolador. Ni un solo personaje que merezca el favor del pueblo, por sus historias de reformas humillantes y traiciones aberrantes. Todos son una continuidad del uribismo, incluso el candidato del Polo, Gustavo Petro, cuya única función en esta campaña fue haber sacado del camino al único personaje que se pensaba en serio la renovación de la política como un compromiso ético con el país. Los demás, los que se reclaman independientes son meros ventrílocuos del capital. Incluso su discurso de renovación política es una mera estrategia publicitaria como la del exalcalde de Medellín, Sergio Fajardo, que se lanza a esta campaña con las manos y el corazón sucios de la sangre derramada por los paramilitares con quienes convino un pacto de gobernabilidad, y con su mente embadurnada de seguridad democrática y neoliberalismo.

La única posibilidad real de renovación de la práctica política está en la organización popular, en su trabajo de articulación y en su construcción de un proyecto justo, liberador e incluyente para la sociedad. Lo demás es carreta. Por eso no vote, no legitime esta política de alimañas venenosas. Intégrese a las organizaciones populares, impulse las propuestas de base en los barrios, universidades y sindicatos. Hagamos de estos cuatro años de desgobierno que vienen, los cuatro años de construcción de poder popular para redireccionar el futuro del país en una dimensión ética y de justicia social.

La Panela: Alimento tradicional campesino en vía de extinción

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