El departamento de Antioquia está dividido en 9 subregiones, una de las cuales es el suroeste antioqueño, ubicado en la vertiente oriental de la cordillera Occidental y la vertiente occidental de la cordillera Central. Esta subregión es reconocida por sus bellezas paisajísticas, su arquitectura colonial, su gran afluente hídrico y por la agricultura. Pero no todo lo que brilla es oro, ¿O sí? Una parte específica de esta subregión (que involucra los municipios de Ríosucio, Supía, Marmato, Caramanta, Valparaíso, Támesis, Jericó, Tarzo, Pueblo Rico, Andes y Jardín) es considerada como el cinturón de oro de Colombia por su gran riqueza aurífera; algo así como el nuevo dorado como aquel que en su tiempo obsesionó a los conquistadores europeos, quienes asesinaron y despojaron a millones de indígenas, de la misma forma que hoy lo intentan las transnacionales mineras.
Organización del Cinturón Occidental Ambiental
Ante esta situación, el 26 de julio de 2011, a 121 kilómetros de la ciudad de Medellín, más exactamente en el frío corregimiento de San Pablo, en el municipio de Támesis, se realizó un foro sobre la problemática minera. De allí surgió una articulación regional que, en oposición a las multinacionales depredadoras, hace suyo la idea de cinturón, pero no de oro, sino ambiental, por su finalidad.
El Cinturón Occidental Ambiental articula algunos procesos organizativos de los municipios de Pueblo Rico, Tarzo, Jericó, Valparaíso, Támesis, Caramanta, Marmato, Ríosucio, Quinchía y Supía (los cuatro últimos pertenecientes al departamento de Caldas) y busca hacer frente a la fiebre del oro, es decir, al afán de las transnacionales mineras por extraer hasta la última partícula de este mineral, que pueda haber en esta tierra llena de café, ríos y montañas. De hecho, algunos otros municipios de esta articulación aún no sufren la problemática minera directamente en su territorio, pero desde ya se preparan para enfrentarla. El cinturón Occidental Ambiental (COA) busca visualizar y realizar acciones en contra del plan nacional minero que se viene materializando en dicha zona.
Dimensión de la Problemática Minera
Según Don Alfonso Patiñoo, un líder de la Asociación Agropecuaria de Caramanta (ASAP), la problemática minera en la subregión comenzó hace 5 años con el proyecto de extracción Marmato-Caramanta. Este proyecto se encuentra en fase de explotación en los territorios marmateños, esos mismos que están sometidos a la explotación minera desde hace cerca de 500 años. Es territorio, según la página web del municipio, “es como la metáfora de una mina, su entorno recuerda permanentemente que es un pueblo minero”.
Pero ahí no se queda la problemática, pues el afán depredatorio no se detiene. Primero comenzaron los sobrevuelos de exploración en los municipios aledaños, es decir, Valparaíso, Támesis y Jericó, pero hoy estos sobrevuelos se dan a lo largo y ancho de todo el cinturón occidental ambiental; algunos proyectos, incluso, han pasado de la etapa de sobrevuelo a la exploración en terreno con lo que gran parte de los ríos de Támesis se han visto afectados.
Por lo demás, casi el 80% de los territorios de Caramanta y Támesis están pedidos en concesión; se han comenzado exploraciones en Jardín e incluso en un resguardo indígena de Valparaiso. Y ya viene creciendo en la región el rumor de que el gobierno va a ubicar un batallón militar en la cuchilla de Támesis, Jardín y Caramanta.
Situación de la resistencia
La situación ha indignado a la población, sobre todo después del 2006, cuando las empresas mineras pidieron en concesión gran parte del territorio de Támesis. Eso fue lo que motivó la realización de varias reuniones, foros y distintos espacios de articulación entre algunos municipios. A mediados de 2008 se realizó un foro sobre minería en Támesis y las ideas que allí surgieron se materializaron el 12 de octubre en una jornada de protesta en Támesis. Esta movilización provocó la salida de la empresa minera que ya se instalaba en el municipio; pero fue sólo temporal. En el 2010 empezaron de nuevo los sobrevuelos, las exploraciones y la llegada de los expropiadores (transnacionales).
Esto dio pie para que en Jericó se hiciera un foro minero en junio de 2011, donde se definió que era necesario enfrentar el problema como región. Entonces se propone un segundo foro, esta vez en Támesis, que tuvo mucha participación de la comunidad, y se ha profundidad la problemática y desde todos los puntos de vista. Participaron en el foro también la Universidad de Antioquia, Corantiaquia, Censat Agua Viva, la Secretaría de Minas de Antioquia, la empresa canadiense Solvista y las comunidades afectadas.
“No todo puede ser gris, y si así es, le damos color”
Este naciente proceso que se viene consolidando, ha logrado realizar acciones legas, movilizaciones populares, y marchas como las realizadas en Támesis en octubre del 2008 y febrero de 2012. Realizó también una comparsa en Jardín, y varios plantones y tomas de instalaciones públicas en toda la región. Y lo más importante, según sus dinamizadores, es la cualificación que han tenido las organizaciones y sus integrantes en cuanto al problema que enfrentan.
Según integrantes del COA, se han “logrado avances en el reconocimiento de zonas en las que no sabían que habían proyectos y han logrado reconocer cuáles son las problemáticas con estas empresas mineras. También se logró crear procesos organizativos en todos los municipios de la región, acorde con las dinámicas del COA. Este es el caso de CODEATE (Comité para la Defensa Ambiental del Territorio) en Támesis o la MESA AMBIENTAL en Jardín, que tiene dinámicas propias y que con sus propuestas nutren y dinamizan el COA.
Con el motivo de contrarrestar la propuesta de guerra realizada por las trasnacionales a los territorios y sus pobladores, el COA viene pensando y construyendo una acción popular que se realizará desde cada municipio, para pasar en un segundo momento a una movilización regional unificada. El COA no sólo se remite al plano de lo legal, si no que piensan en acciones directas que les sirvan para defender la cultura, las selvas alto-andinas que resguardan el agua, los bosques, la biodiversidad, el paisaje; la seguridad alimentaria, la economía, la identidad, y la vida en los territorios.
El COA le dice “no a la minería, pero eso no quiere decir que estemos negando la minería artesanal, si no que nuestra región no la necesita para vivir. Decimos es no a la minería de la multinacional. Tenemos que seguir luchando por que éste siga siendo un cinturón ambiental, porque nuestros ríos no se mueran, porque nuestros osos de anteojos tengan hongos qué comer, porque nuestros loros orejiamarillos no se extingan, porque nuestros hijos tengan comida y en donde crecer; porque si el paisaje nos lo quieren volver blanco y negro, nosotros y nosotras lo defendemos para poder darle color”.