Por: Mariana Toro Escobar
Fotos: Camilo Grajales
¿Qué es abrazar? Ceñir, estrechar, rodear y, más aún, comprender. Son algunos significados que resultan vagos.
Entre danzas nocturnas en coliseos, atardeceres en chivas y arengas en calles con ríos de gente, durante una semana más de cien caminantes y transeúntes de suelo campesino e indígena arroparon a Antioquia en la IV Travesía por el Suroeste: un abrazo a la montaña, organizada por el Cinturón Occidental Ambiental (COA). Esa movilización hoy inspira una definición de abrazar más leal a la realidad: envolver con alegre resistencia.
«AngloGold invasor, esa horrible minera está destruyendo a mi población», fue una de las consignas pregonadas en los ocho municipios (Caramanta, Valparaíso, Támesis, La Pintada, Fredonia, Andes, Publorrico, Jericó) que hicieron parte de la Travesía; una respuesta a la sistemática ocupación de proyectos extractivistas que, privatizando y mercantilizando los recursos de la subregión, contradicen al modo de vida de los agentes rurales que armonizan sus labores con el medio natural que se los posibilita. El Mandato Popular del COA1 calcula que el 90% del Suroeste fue titulado para exploración minera por parte de empresas transnacionales, entre ellas la AngloGold Ashanti de origen sudafricano, la misma que, actualmente, mantiene querellados a 61 campesinos del municipio de Jericó por emprender, en la legitimidad de su lucha, acciones para la protección del territorio, por ejemplo, desmontar una plataforma de perforación minera instalada a escondidas por dicha empresa.
Para Juan Fernando Puerta, un jericoano querellado por haber realizado un cubrimiento periodístico en la vereda La Soledad el día de los hechos, este recurso penal busca estigmatizar al movimiento campesino de Palocabildo, corregimiento de Jericó, que realiza un trabajo meritorio desde hace más de una década en la protección del agua y la tierra. A Juan lo han sometido a una audiencia pública por ejercer su trabajo comunicativo y su derecho a la defensa del territorio, ¿quiénes? El entramado de actores, empresas y entidades que, en su depredadora lógica capitalista, logran polarizar a la comunidad, romper el tejido social y la identidad campesina, fragmentar familias y vecinos, y que se atreven a llamar falazmente “distrito minero” a un ecosistema que reúne bosques de niebla, farallones, acuíferos, petroglifos, cerros tutelares y asentamientos arqueológicos.
Así pues, resplandeciente fue el anochecer del 29 de junio. Afuera de las rejas de una instalación de esta transnacional, ubicada en la vía a La Soledad, los caminantes de la Travesía detuvieron sus chivas para elevar cánticos de rechazo a la empresa invasora que sigue irrumpiendo salvajemente en la subregión.
En este marco de conflictos socioambientales, que además incluye la presencia de monocultivos, se abraza a la montaña para exigir del Suroeste un territorio sagrado para la vida. Articulando corazones y voluntades, la movilización alimenta el debate a nivel nacional sobre las territorialidades interculturales para materializar el Distrito Agroecológico campesino y étnico como demanda popular.
Con esto en mente, sobre el suelo de cada plaza municipal se despliegan los pasacalles que llevan mensajes como «nos quitaron la tierra y nos enterraron en ella, pero no sabían que somos semillas». Herman Vergara, uno de los tenaces voceros del COA, guía la discusión hacia el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos y de especial protección constitucional (Art. 64 C.P). Y a propósito de esto, él y otros líderes, enfatizan en que el particular relacionamiento del campesino con la tierra, y las condiciones organizativas y culturales, supone la defensa del derecho a las semillas criollas y nativas, a los saberes propios y a las prácticas de la agricultura tradicional. Por esta misma vía, reclaman el respeto al Derecho Mayor y a la ley de origen propia de los pueblos indígenas, los cuales velan por el desarrollo integral de prácticas acordes a su vida, cosmovisión y sabiduría ancestral. Todos estos derechos van enlazados a los de las montañas y las aguas que, cuan venas conectadas, tributan al río Cauca, y, así pues, nutren también discusiones sobre la defensa de los bienes comunes y el posicionamiento de las economías campesinas.
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Desde la alborada hasta la escondida del sol en la montaña
Entre carpas silenciosas, alguna alarma suena durante más de cinco minutos. Irónicamente logra despertar a cierta parte del coliseo, menos a su dueño. Mientras unos se duchan con agua helada aún en la oscuridad, a la par se oye algún grito lanzado al aire deseando los buenos días. Esto funciona para todos, menos para los compañeros de la Guardia Indígena, ellos antes de las cinco de la mañana ya están de pie y con sus bastones sobre la espalda. Pero luego, otros pies, torsos y brazos se van levantando para hacer ejercicios de estiramiento sobre las colchonetas, siguiendo la guía de algún caminante que se convierte en “el profe”. Lo que cierra este primer cuadro en las mañanas son los huevos revueltos que, con panes, chocolate y arepas de puro maíz —que no se consiguen fácilmente en la ciudad—, pasan de gigantes ollas de acero sostenidas por manos fraternas, a descansar en las totumas y las cocas de los caminantes que se disponen a iniciar la alborada en el municipio que, aquella mañana particular, recibe a la manada carnavalera en sus calles desde el amanecer.
Jengibre, miel y dos copas de ron acompañan el remedio que cuida la garganta de las pregoneras que invitan a cantar: «a defender el agua, la tierra y la hermandad». Todos los días, la movilización tiene como punto de concentración una bomba de gasolina de cada pueblo y finaliza en sus parques. Pero no solo se entonan consignas caminando bajo el sol que pica salvajemente sobre los hombros, entre gentes que miran curiosamente desde sus balcones, las chivas también se convierten en un escenario de cantos, cuentería, comedia con chistes a los que se les reclama un sentido político, en el camerino de los artistas que, cubriendo sus cuerpos con trusas y maquillaje, son siempre los últimos en bajarse. «Cuidado, que esos mochan cabezas», es la advertencia sobre los cables de luz que hace alguien en el capacete para quienes están con él arriba practicando malabares, registrando con fotografías, golpeando la tambora, o como sucedió en las carreteras de Jericó, celebrando con gritos y silbidos el gol de un niño que, sin más compañía que la de un caballo, lograba la jugada en una cancha al lado de la vía.
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Los almuerzos vegetarianos, a veces apetecidos hasta por los carnívoros estrictos, se convierten en igual de impredecibles que los recibimientos de la Travesía en cada municipio: unas veces con personas esperando afectuosamente con pasacalles en mano, como las mujeres de Fredonia; otras con músicos de melodías andinas dispuestos a unirse a la manada, como los Sikuris en Pueblorrico; con palabras de gratitud y apoyo, como las de monseñor Noel Antonio Londoño en Jericó; con la invitación a prescindir de las diferencias para alentar la lucha colectiva por la protección de la madre tierra, como las enunciadas por de la gobernadora Luz Emilse Panchí en el resguardo indígena Karmata Rúa; o con una entidad herida pero sujeto de derechos a la protección conservación, mantenimiento y restauración, como el río Cauca (su cuenca y afluentes) en La Pintada. A este último, entre mensajes de perdón por hacer de él un río cortado y detenido, y de gratitud por «sacar de las profundidades a almas que claman por justicia», se le rinde tributo posando sobre sus aguas una balsa con un mandala de flores y mensajes de resistencia, la cual sale a flote y termina como ofrenda “al abuelo río”, perdiéndose de vista y fusionándose con su horizonte.
Al día, entre dos a tres municipios son visitados por el Abrazo a la montaña con un diverso repertorio artístico: cintas, banderas, soplo de sikus, danzas en zancos, arengas en megáfonos, personificaciones del Estado y la minera en obras de teatro, actos circenses, coplas de rap y mujeres que cargan a sus hijas con unas telas amarradas a sus torsos para poder sostener los pasacalles. Todo esto como excusa para amplificar las voces del Suroeste que denuncian los agrotóxicos, las concesiones de ríos a particulares para el montaje de hidroeléctricas, y las feroces aguacateras.
Finalmente, la noche se presenta como un oscuro manto que arropa cumbias danzadas con pies descalzos en los parques, voces de niños pidiendo actos de fuego más peligrosos y círculos de la palabra guiados con medicina ancestral; como una madre que recibe con brazos abiertos el Abrazo.
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La construcción popular que articula un Suroeste para la vida
Construyendo Distrito Agroecológico es la consigna de la IV Travesía por el Suroeste, aquel Abrazo funciona como voz del COA y como proceso pedagógico de ese tejido de territorialidades que quieren posicionar la economía campesina orientada a la soberanía y la autonomía alimentaria; que recuperen las garantías de participación, los circuitos solidarios, la cultura panelera y los mercados interculturales; que se sostenga sobre la agroecología como eje articulador de la agricultura familiar, campesina e indígena.
En la Audiencia Pública y Popular, realizada el 30 de junio en Jericó, se abordaron los retos y los avances de esta propuesta. El representante del Ministerio de Ambiente manifestó que este Distrito se viene reglamentando de la mano con la gobernación. Mencionó además algunas figuras implementadas por el Ministerio de Agricultura como las áreas de producción agropecuarias. Finalmente, enfatizó en que desde el 2023 se está diseñando la declaración de una reserva temporal en el Suroeste con miras a proteger las reservas del suelo, discusión que orbita alrededor de sus usos.
La representante del CEAM (la Corporación de estudios, educación e investigación ambiental) advirtió la importancia de armonizar las alternativas populares con las políticas públicas, pues las comunidades se encuentran abrumadas por los marcos normativos y jurídicos que no se ajustan a la toma de decisiones inteligentes según sus cosmogonías sobre el buen vivir, por lo que genera dudas si la implementación final del Distrito responderá a la construcción colectiva de acuerdos. Para ella, el territorio es una construcción histórica y social que debe ordenarse alrededor del agua y del patrimonio cultural, comprendiendo esto, la esencia de las comunidades podrá quedar plasmada en la reglamentación de los Distritos siempre y cuando exprese el sentir popular, sea claro e incluyente. Por último, invitó a una acción multisectorial para incidir en el ordenamiento territorial, que pase por progresivas transiciones culturales hasta llegar a la elaboración de Distritos supramunicipales que aseguren la permanencia de esta apuesta.
Otra voz se sumó a la discusión. Una representante de la Universidad de Antioquia visibilizó dos problemáticas fundamentales: la desaparición del sujeto campesino (la conciencia campesina), y el envenenamiento de la tierra, los alimentos, y los ríos por la irrupción de las transnacionales con sus paquetes tecnológicos. Dicho esto, planteó ella, es fundamental traer a la discusión la soberanía alimentaria en tanto proyectos como los mineros contribuyen al empobrecimiento de las economías de los territorios, pese a que los productores agrarios son especiales sujetos de derechos, lo que significa que son actores con prevalencia en sus territorios. Por esto, la institucionalidad debería disponerse a su protección con escenarios e instrumentos que aseguren su efectiva participación política. Como complemento a ello, luego de socializar una investigación sobre petroglifos en la subregión, se concluyó en la audiencia que el registro arqueológico muestra pautas de asentamiento y de utilización del espacio que coinciden con la propuesta del Distrito.
Frente a los avances, Yamid González, líder del COA, señaló que la organización se encuentra en una etapa de negociación y concertación con los ministerios del Gobierno. Las han llamado Mesas Planes de Vida, que ya están activas en Caramanta y Valparaíso, y a la espera de ser instaladas este año en Támesis y Pueblorrico. Además de posicionar las propuestas campesinas, estas mesas han permitido el diálogo con alcaldías locales y concejos municipales para materializar una territorialidad que dé solución a los conflictos socioambientales.
Para avanzar en ello se ha planteado la creación de una comisión de conflictos ambientales que agilice los lentos y burocráticos trámites que decretan condiciones de protección. También la creación de comités municipales de reforma agraria, que resignifiquen el valor de la tierra y las economías propias, desde la producción hasta la transformación de los alimentos. El Mandato Popular del COA hace un especial énfasis en llevar estas discusiones a las familias y a las escuelas; en activar la participación directa y efectiva a través de cabildos comunitarios, cabildos abiertos y, sobre todo, consultas autónomas, no solo en lo relativo a la explotación de megaproyectos, también desde sus fases de exploración.
Los llamados Planes de Vida Comunitarios, que apuestan por la educación, los ejercicios de democracia, la interculturalidad e identidad, la comunicación y la construcción de políticas de cultura y agroecología, son un modelo de protección comunitario especial, pues son la manera de tejer las diversas expresiones del buen vivir que practican las comunidades. Por ello es necesaria su priorización como la alternativa al “desarrollo”, ese modelo económico que, con sus proyectos extractivos, llamados de “utilidad pública” e “interés social”, está definido según los intereses y las ganancias de las multinacionales.
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El nutrido debate gestado por el Abrazo a la Montaña finalizó en medio de interpelaciones a las cuestionables medidas de protección al medio ambiente tomadas por la Corporación Autónoma Regional del Centro de Antioquia (CORANTIOQUIA), quien, bajo el argumento de limitarse a cumplir normas, desconoce las conflictividades históricas del territorio y perpetúa problemáticas como la tala inapropiada y los monocultivos en Caramanta, conflicto que indigna a lideresas sociales del municipio. La travesía además sirvió para reconocer las insuficientes articulaciones interinstitucionales de largo plazo que logren desmontar los fortines políticos que impiden la participación efectiva y vinculante de las territorialidades; para exigir que se replanteen y se robustezcan las evaluaciones de impacto ambiental de los proyectos extractivos y turísticos; para que los campesinos exigieran acciones concretas que frenen las empresas extractivistas que agotan la paciencia y han anunciado el reinicio de perforaciones mineras de uso industrial en veredas de Jericó, donde las comunidades ya han rechazado contundentemente la instalación de este tipo plataformas.
«¡Caramba, no soy feliz!
Suicida, el alma me increpa, y que toda Antioquia sepa
Que soy sombra de la nada en la USA abandonada
Por la ausencia de la arepa
(…)
Que en vez de la extradición, convenios bilaterales, extraditen los maizales, la batea y el pilón
Que haya certificación y se acabe la Camorra
Y que manden pa’ la porra los problemas con Samper
Pa’ que vuelva a florecer la paz y la mazamorra».
Así como Mario Tierra lo recitó en uno de sus poemas, en un Abrazo, cientos de campesinos reclamaron un trato de dignidad y renovaron su compromiso con la protección del territorio. Son ellas y ellos quienes cargan en sus hombros el 70% de los alimentos del pueblo colombiano. Los invasores son las empresas y las mineras que han despedazado violentamente la armonía del Suroeste.
1Cordón Occidental Ambiental. (2024, 28 de febrero). MANDATO POPULAR COA: distrito Agroecológico en el suroeste de Antioquia. https://coaterritoriosagrado.org/mandato-popular-coa-distrito-agroecologico-en-el-suroeste-de-antioquia/
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