
Lo primero que hay que dejar claro es que así como el hígado, el riñón o el corazón se enferman, el cerebro, que es el órgano del pensamiento y del sentimiento, también se enferma. Pero así como hay un gran rechazo y tabú con el tema de la muerte, también hay mucha dificultad en aceptar y reconocer la enfermedad mental. Se le considera un campo de la brujería y el esoterismo, los pacientes no están enfermos sino poseídos por el diablo o uno de sus emisarios; se ve como un castigo divino o un maleficio que le hicieron y muchos pacientes terminan frente a un sacerdote que le practica un exorcismo.
Es una vergüenza tener una enfermedad mental, da mucha pena, se rechaza y se oculta el diagnóstico; se hace el tratamiento con pastillas pero con desconfianza y al escondido. La misma ley 100/93 en salud y en seguridad social le ha dado un tratamiento especial y diferente al tema. Y esa misma forma de discriminación ha traído muchos inconvenientes para el tratamiento y la rehabilitación de los enfermos mentales y de la visión que se debe tener de la enfermedad mental.
En el cerebro se pueden dar trastornos estructurales como en los traumas, en los tumores, problemas genéticos, enfermedades congénitas (desde el nacimiento); trastornos en la actividad eléctrica cerebral como en la epilepsia; daños vasculares como en los aneurismas, las trombosis, las hemorragias; disfunciones metabólicas de la glucosa, el oxígeno, el gas carbónico; problemas de exceso o escasez de neurotransmisores como la serotonina, que pueden excitar o inhibir ciertos procesos y comportamientos.
Existe una larga lista de enfermedades mentales conocidas y reconocidas como la depresión, la esquizofrenia, adicciones, enfermedad maniaco – depresiva (Bipolar), demencia, retraso mental, trastorno psicótico, trastorno compulsivo, fobias irracionales, paranoias, anorexia, etc., todas requieren tratamiento y un seguimiento especial.
En el caso particular de la depresión (como una de las condiciones principales que pueden llevar al suicidio) hay que diferenciar entre los factores medio-ambientales que pueden desencadenar una crisis de depresión y la depresión endógena donde hay un inadecuado funcionamiento de los neurotransmisores, independiente de las excelentes condiciones del medio externo en que vive. En ambos casos el paciente no duerme, no come, llora constantemente, está muy triste, no ve futuro ni salidas, se aisla, no quiere hablar ni compartir con nadie; y lo peor aún, muchos no aceptan, no reconocen la enfermedad y no buscan ayuda.
Hay un tema que es muy polémico y complejo de discutir y es la esencia de la causa de la enfermedad mental; se ha propuesto que la enfermedad mental es el resultado de la relación genética – ambiente. Pero hay unos científicos actuales que le dan sólo prioridad al origen genético, dicen que su causa está en los genes y que ubicando el trastorno o la mutación allí y haciendo terapia genética se resolverán esos problemas. La otra postura le da al ambiente la posición que se merece y lo relaciona con la carga y la herencia genética que nos tocó a cada uno.
La eugenesia propuesta como la manipulación genética para crear los organismos y seres humanos perfectos que “deseamos” tiene muchos inconvenientes que tiran hacia el racismo, el nazismo y el fascismo. Se puede tener un ser humano con una genética 100% perfecta, pero si se coloca en un ambiente totalmente hostil: sin comida, sin cariño, sin estímulos positivos, sin amor ni compañía, ese individuo tiene muchas posibilidades de desarrollar una enfermedad mental y perecer. En cambio, con una genética regular, promedio, un ser humano en unas condiciones ambientales muy favorables puede hacer y crear maravillas para él y para los que lo aman.
Es innegable e inocultable, la medicina occidental en su proceso de mercantilización se ha deshumanizado, desde el médico como individuo hasta el gremio como colectivo. Y esto se ve en el área de la psiquiatría donde la atención y el trato que se le da a la mayoría de pacientes que son del régimen subsidiado (SISBEN) es inhumano, con indiferencia y distante. Los psiquiatras se dedicaron a mandar pastillas sin mirar la integralidad que debería tener el tratamiento y las condiciones ambientales donde viven, sufren y gozan los pacientes.
¿Quiénes definen que es lo normal y lo “anormal”?, ¿quién está sano o enfermo? Hay pacientes con los que es completamente claro que tienen una enfermedad mental, y deberían recibir una excelente atención humana y médica independientemente de si tienen o no plata. La situación se complica cuando hay personas que se salen de los esquenas impuestos y los encasillan con un sello de “locos” porque no viven ni se acogen a todos los preceptos represores y explotadores de la sociedad donde les tocó vivir.
En este descontrol y desorden actual de la sociedad del no futuro, ¿quiénes son los enfermos mentales? ¿quiénes son los desquiciados? ¿a quiénes hay que tratar para salvar el planeta y la especie? ¿qué es lo que no funciona y que hay que tratar de raíz? ¿por qué permitimos que hayan vuelto todo un negocio y nos adaptamos sin luchar? ¿no son esa pasividad e indiferencia signos de una enfermedad mental colectiva? ¿no es un trastorno de debilidad mental la idiotez colectiva?