
La mayoría de habitantes de Medellín tenemos una noción del barrio Moravia, “el mejor barrio de Medellín”, según algunos moravitas. Está a sólo a unos pasos de la terminal de transportes del norte y de la Universidad de Antioquia. Pasando en metro por la estación Caribe, observábamos miles de casitas acrobáticamente montadas y configurando un morro muy visible. Ahí queda Moravia, un barrio de tradición de lucha por la vivienda y el hábitat propio, de convivencia multiétnica y con un fuerte tejido social. Hoy está amenazado por un proyecto de movilidad vial (ampliación de la vía regional) y recreacional, donde se invertirá más de 145 mil millones de pesos. Según los moravitas, este dinero podría más bien invertirse en vivienda adecuada para los más de 100 hogares asentados allí por décadas, y sobraría mucha plata.
En la asamblea del 11 de febrero de este año, fecha en la cual se conformo el actual Comité de Vivienda de Moravia, un habitante comento que con esta población, correspondiente al 27% de la comuna 4 (Aranjuez), la administración municipal tiene “una deuda social acumulada, debido a sus intervenciones desacertadas. No le cabe en la cabeza que la Administración “venga a reclamar unos terrenos que abandono hace 30 años sobre los que arrojo la basura de todo el área metropolitana como pago a esta comunidad”. Hoy “su esfuerzo es solucionar cosas como el cambio de uso del suelo del morro o basurero”, queriendo así “pagar una deuda económica, y no una deuda social”. Y es que según los moravitas la deuda de la administración de Medellín “es con la gente y no con la basura”, que fue la que les causo el perjuicio.
Al encontrar en el reciclaje la forma de obtener ingresos y comida, muchas familias “convirtieron un morro de basura en vecindario”. Y pese a algunos intentos de legalizar los predios en 1985, los habitantes son conscientes de haber sido ellos quienes construyeron este barrio. “nosotros desarrollamos y pagamos los lotes, día a día, hasta llegar a 25 mil días laborados en apropiamiento de vías, andenes, acueducto, alcantarillado y redes eléctricas”. Pese a este esfuerzo comunitario, solo se titulo el 10% de las viviendas, y ahora el municipio reclama estos lotes como suyos.
Después de este primer acercamiento de la administración municipal, otras intervenciones se han venido realizando, como consecuencia del Plan Parcial de Moravia, (Decreto 1958 de 2006), ya que “prácticamente entregamos el morro, un icono para Moravia del que la administración ha sacado muchos recursos”
¿Quiénes somos? ¡El morro resistiendo!
Luego de anunciar en Teleantioquia el desalojo de 41 viviendas (a finales de marzo), y que, en palabras de una vecina, “les iban a meter al banco la plata por valorización (avalúo), y ahí mismo les sacaban los trapos al sol y se iban para la calle”, esta señora se pregunta “¿Cómo van a expropiarnos así? Si somos de la gente más vieja de estar acá”. Según varios habitantes de la zona, los anuncios son puro terrorismo psicológico del Instituto de Vivienda Social de Medellín –ISVIMED-, que “viene amenazando desde noviembre con expulsarnos del territorio”.
Hoy es El Morro, mañana El Bosque, sector Q. la Bermejala, El Oasis, toda Moravia será desalojada mediante los procesos de expropiación. No sobra decir que 1.634 familias han sido desalojadas del Morro –según cifras del departamento administrativo de planeación-. La alcaldía coloco unas banderillas de colores en el sitio de cada casa arrasada. Hoy vemos 192 casas en pie, al lado de mantos de escombros y de las garras de la maquinaria de construcción. Y ahora contrasta y rastrilla con el gris del puente del metro una grande y brillante pancarta escoltada por la diversidad de formas y materiales de las casas.
Los moradores del morro de Moravia –donde encontramos el proceso de expropiación más avanzado- están haciendo lo posible por no dejarse desalojar de sus moradas, supuestamente por alto riesgo. “el señor alcalde nos está echando a la calle sin derecho a nada, sin saber dónde vamos a parar con hijos y familias. Rechacemos eso: si a la vivienda digna, no expropiación ni desalojo”, esta es la consigna del grupo que se ha organizado en defensa de su derecho.
A megáfono abierto proclaman: “ahora que en El Morro estamos siendo sacados a sangre y fuego, convocamos a la comunidad de Medellín y Moravia, que sea consecuente con los derechos de los habitantes del morro vulnerados de forma violenta”. Insisten en que es urgente comprometerse y unirse para apoyar el derecho a la vivienda digna y a estar tranquilos. “Es necesario hacerle frente a las políticas agresivas en todo Medellín, pues ya vimos que para hacer el parque Bicentenario desaparecieron La Toma, uno de los barrios más antiguos de Medellín”.
Los vecinos de este barrio insisten también en que el área metropolitana debe estar unida y organizada por la vivienda digna, pues aunque es un asunto de toda la sociedad, “hasta ahora somos solo algunas personas afectadas directamente quienes damos la cara y la pelea a diario”. Las familias dicen estar dispuestas a defenderse, así sea solas. Ellas consideran la posibilidad de concertar con la administración, pero siempre a la expectativa, esperando que la solidaridad del movimiento social se manifieste.
“Todos queremos vivir el Moravia”
En el plan parcial de Moravia está incluida la construcción de las Unidades de Gestión de Interés Social –UGIS I-II. Estas contemplan el aspecto habitacional, de reasentamiento y productivo de las familias afectadas por el proyecto. Pero el reasentamiento de población en estas UGIS depende del traslado de la Asfaltadora Colombia, una empresa de propiedad de la Cámara Colombiana para la Construcción (CAMACOL). El emporio económico no ha cumplido con el Plan de Abandono de la Asfaltadora, determinado por la comunidad y la alcaldía en medio del decreto 1958 de 2006.
Entre tanto, hay unos acuerdos promovidos por la organización comunitaria, algunos de los cuales coinciden y están soportados en los “Principios y directrices para los desalojos forzados” del Relator especial del Hábitat y la vivienda de la ONU. Allí se plantea que: “los desalojos no deben generar personas sin hogar, ni vulneración de otros derechos humanos” e instan a que los causantes (organismos de gobierno y empresas) dispongan u ofrezcan “vivienda adecuada alternativa, reasentamiento o acceso a tierras productivas…lo más cerca posible del lugar inicial de residencia”. Además, debe asegurar que las familias ampliadas o comunidades no se separen como consecuencia de los desalojos.
Según algunos líderes de esta comunidad, el desconocimiento de los derechos por parte de la comunidad es aprovechado por los funcionarios que, amparados en figuras como la función social de la propiedad o la declaratoria de utilidad pública, despojan de sus viviendas a muchos hogares. Así, lo argumenta también la Corporación Jurídica Libertad, que realiza el acompañamiento jurídico a esta comunidad.
A pesar de que ya la mayoría de habitantes firmaron los avalúos que el ISVIMED realizo a sus viviendas, su aceptación no correspondía a un conocimiento cierto e informado de lo que firmaban. Hoy existe un rechazo generalizado a dejarse expropiar con la indemnización, pues este dinero no alcanza para comprar otra vivienda; por eso quienes aun no firmaron concertaron no hacerlo. Las 192 familias que todavía resisten a la expropiación no se oponen al desalojo del Morro, pero acordaron que la única garantía que tienen es su casa –“mal que bien, algo forjado con dedicación y amor”-, exigen reasentamiento (vivienda nueva o usada) alrededor del barrio. Como restitución mínima exigen una vivienda digna y adecuada para cada hogar (de Interés Prioritario: 70 salario mínimos, más no 70 millones, ni 10 o 20 millones del avalúo).
La reubicación en otra parte no les suena muy atractiva, ya que alrededor de mil familias han sido reubicadas en las urbanizaciones La Aurora, La Montaña, La Cascada, La Huerta y Cantares II de Ciudadela Nuevo Occidente (vía al corregimiento de San Cristóbal), donde se ha incrementado la complejidad de orden público y la violencia de bandas. Y resulta tan alejado que les dificulta seguir desarrollando sus oficios, obtener ingresos y satisfacer las necesidades y servicios básicos (transporte, salud, servicios públicos domiciliarios), que son más costosos allí. Así la cara de los desalojos forzosos se les parece como un medio de aislamiento social y de segregación.
“¿Cambiar la vivienda por un subsidio de arriendo temporal que postergaría por años la esperanza de tenerla?” Eso no les suena. Por eso otro de los acuerdos de la comunidad es “no aceptar” estos arriendos, dado que muchas familias desalojadas pasan años pagándolos por su cuenta. Incluso algunos dueños de casas arrendadas quieren quitársele al negocio propuesto por la alcaldía, pues cuando sus funcionarios pretenden comprar las casas se demoran para celebrar el negocio, además de que se tardan para pagar.
De este modo, según argumentan los habitantes de Moravia, “la reposición de vivienda no es un capricho ni antojo, ni un regalo, sino un derecho y una necesidad”. Y hay muchos instrumentos que lo respaldan, “incluso el alcalde sabe que el deber con quienes desaloja es entregarles otra vivienda. Pero si nosotros no sabemos eso, nos embolatan con arriendos temporales o con cualquier valor por mejoras y así quedamos intranquilos, pero dejamos de pelear”, comenta una abogada de la Corporación Jurídica Libertad.
“Ojala todo nos salga muy bien”
Muchos se preguntan ¿será que la Personería está a favor de la gente del Morro?, pues allí, según dicen algunos, es “la misma cabuya del ISVIMED, obligando a que llevemos sus estrategias”, y “llamándonos uno por uno”. Por eso se creó el Comité de Vivienda, donde se canalizaran las preocupaciones y decisiones, como apoyo a toda la comunidad y no para que cada uno resuelva por su lado.
Con un monitoreo de gases que realizo la Universidad de Antioquia en el morro en 2005 se justifico, según los habitantes, la causa de varios incendios y el desalojo de ahí en adelante. Pero, insisten los viviendistas, los gases que más han afectado directamente son los lacrimógenos lanzados por la policía para desalojar la gente a la fuerza. Según una de las mujeres que incansablemente resiste en el Morro, “una vez nos fuimos por Carabobo, cerca de la Universidad de Antioquia, y al ver que íbamos muchos, taponamos la vía. Lo que dice el actual alcalde es que, a él le protestemos pacíficamente y hoy lo hacemos porque en experiencias pasadas sentimos la violencia de la fuerza pública, que no se fija en las familias y niños a quien agreden.
Cuando a los pobladores los tiñen de tristeza con los desalojos, salen a la calle con alegría cornetacillos y tamborazos invitando a la movilización y a decir no al despojo. El 30 de marzo hubo una comparsa, donde se enlazaban las consignas con los sonidos de la cornetilla y en medio de la cual entregaron de puerta en puerta volantes como en Chocó Chiquito y por callejuelas estrechas. Con el acompañamiento de jóvenes artistas, al son de la comparsa y en medio de carrozas de revuelto y costalados de reciclaje en algunos sectores demostraron el ánimo de la movilización: “Peor es quedarse encerrado en la casa, hasta enfermándose, y esperando a que la tumben”, dice una señora que decidió unirse a la comparsa. Era, según concluye Carlos, vecino del Morro, “una actividad lúdica y formativa con la que vamos abriendo conciencias, pues lo que queremos es ir desarrollando una actividad propia, que la comunidad sea capaz de organizarse, visualizar sus derechos, proponer soluciones y decir a la administración cómo y dónde vivir”. De modo que, “no les vamos a mostrar el brazo caído, vamos a enfrentar con dignidad, cabeza en alto y puño cerrado lo que venga agresivamente hacia nosotros. Necesitamos soluciones concertadas, no estamos pidiendo limosna, si no exigiendo el derecho al hábitat” o sea la vivienda comprendida no solo como 4 muros, si no con el entorno y un futuro con dignidad.
Con tantas experiencias vividas en el vecindario del Morro de Moravia, la conclusión que le queda a esta comunidad es contundente: “De nada sirve luchar 30 años por un morro, y luego entregarlo a otros para que pasen bueno, no podemos permitir que Moravia sea para los ricos y la clase dominante y no para los moravitas.”.