
“El que no esté seguro de su memoria debe abstenerse de mentir”
Michel Eyquem de Montaigne
El pasado 9 de abril se celebró el “Día nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas”, esto, de acuerdo con lo estipulado en la Ley de víctimas y restitución de tierras aprobada por el legislativo colombiano el año 2011. Pues bien, en las diferentes ciudades del país se adelantaron marchas y eventos culturales que intentaron refrescarle un poco la memoria a este país amnésico, el mismo país donde, según cifras oficiales, cerca de cuatro millones de compatriotas han sido tocados por una guerra que lleva como símbolo histórico un circulo vicioso.
¿Cuatro millones? Muchos creemos que este número se queda corto, pues los estragos del conflicto transcienden los hechos violentos en sí mismos. Sólo por dar un ejemplo de ello, reflexionemos sobre los otros cuatro millones de colombianos que se encuentran fuera del país. La pregunta obvia que ello conlleva es ¿Por qué nos vamos? Tendrá esto algo que ver con el hecho de que cerca de otros cuatro millones de colombianos se encuentran sin empleo y cerca de seis millones se encuentran en ese mico estadístico del subempleo, que no es más que el rebusque. Otro ejemplo de los estragos de la violencia en nuestro país es el hecho de que hoy a los colombianos sólo en cincuenta y cuatro países del mundo no nos piden visa para entrar; mientras tanto, la ciudad amurallada y otros lugares sagrados de Colombia se llenan de extranjeros con sus monedas fuertes, tomándose de ruana lo que los de ruana, los indígenas, los nadie como diría Galeano, ni siquiera sueñan visitar. ¿Cuatro millones? La cosa va más allá.
Pero regresando a la conmemoración del “Día de la memoria y la solidaridad con las víctimas”, creo pertinente que nos detengamos a pensar sobre el manejo mismo del lenguaje; son innumerables los debates que se dan sobre el uso del lenguaje como medio de reconocimiento y restitución de derechos. Tal vez al que más cubrimiento se le ha dado es al de genero, la inclusión del “señoras y señores”, “damas y caballeros”, “niños y niñas” “los y las” es casi norma, aunque no siempre represente un verdadero reconocimiento de derechos. Pues bien, en ese uso del lenguaje quisiera preguntar si ¿acaso para que hayan víctimas el primer paso no es reconocer la existencia de victimarios? A esos victimarios que han desplazado, masacrado, torturado, desaparecido y robado, démosle nombre propio, pero a todos.
Son victimarios la guerrilla, los paramilitares, o como se les llama ahora bacrim, cambio de nombre que no es más que un sofisma mediático utilizado para no poner en tela de juicio los alcances de la política de seguridad democrática de don Álvaro Uribe. Son victimarios las grandes multinacionales, que de manera descarada financiaron a grupos de asesinos para sacar a los campesinos e indígenas de sus tierras; son victimarios los políticos que se valieron de la guerra para tomar el poder local o nacional y con el robar las arcas del pueblo; son victimarios los señores de la iglesia católica que, como históricamente han hecho, acomodan su discurso al mejor postor. Somos victimarios también los que con salir a una marcha lavamos nuestras manos como el Pilatos.
Y queremos justicia y paz
Después de casi siete años de la aprobación de la ley de justicia y paz, los resultados son, por decir menos insuficientes: condenas que no superan los cinco u ocho años por crímenes de lesa humanidad, y los mayores jefes paramilitares en Estados Unidos en un silencio simplemente vergonzoso. ¿Justicia y paz? Cuando no existe un alto mando del ejército colombiano judicializado por los cerca de mil quinientos jóvenes pasados como bajas en combate y llamados abusivamente “falsos positivos”. ¿Justicia y paz, ley de víctimas y restitución de tierra? Cuando el año pasado mostró el más alto índice de homicidios de dirigentes de desplazados y comunidades que luchaban por volver a sus territorios. Pilas, detengámonos un momento y no llenemos el saco solo de discursos y fechas conmemorativas.
Que no se nos olvide que detrás de cada víctima existe un entramado de victimarios que guardan silencio y, no dudo, son los primeros en salir a apoyar las marchas y eventos culturales por la memoria. Pues, finalmente, sin contenido y un trabajo real no son más que hechos para mostrar en noticieros y, como todo en este país, serán periódico de ayer.
“De haber sido paramilitar,
hubiera sido paramilitar de fusil,
no financiador de los paramilitares”
Álvaro Uribe Vélez. Espectador,
5 de Agosto de 2010
Más salados… (Clases de geografía para no olvidar)
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