Edición 64 - Julio 2011

El bazar de la confianza: una fiesta con historia

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El pasado 3 de julio, domingo, se realizó en el Jardín Botánico de Medellín una gran fiesta cultural y solidaria; se trata de la 12º edición del Bazar de la Confianza, organizado por la Fundación Confiar, evento que se ha vuelto tradicional desde su primera versión en 1999 como uno de los espacios más amplios para la cultura popular y las más diversas expresiones de la economía solidaria en la ciudad. El incremento de los asistentes al evento en estos años es muestra ya del éxito y la aceptación de la convocatoria por parte de las organizaciones sociales y populares de Medellín: mientras en el bazar de 1999 el jardín Botánico recibió a unas seis mil personas aproximadamente, este año la asistencia superó las 35 mil personas.

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Según nos cuenta Martha Restrepo, directora de la Fundación Confiar, el Bazar de la Confianza nació en medio de una crisis general del país, especialmente sentida en el sector financiero cooperativo y microempresarial. “El gobierno colombiano aprovechó para comprimir el sistema financiero y salvar a los monopolios financieros fuertes; para el sector de ahorro y crédito cooperativo no hubo ningún salvamento por parte del gobierno, al contrario, más bien creó medidas para que todas las entidades del Estado que tenían dinero en las cooperativas lo retiraran de manera inmediata. Más de 54 cooperativas de trabajadores y de la población tuvieron que cerrar sus puertas”.

En concreto, no era, aparentemente, el momento más propicio para grandes fiestas. Pero la crisis sirvió también para que algunas cooperativas hicieran un análisis profundo de sus políticas y de sus prácticas y reconocieran que, efectivamente también allí hubo fallas que se hacía necesario corregir. En esa medida el bazar no fue ni un acto improvisado, ni desesperado. “Nosotros veníamos de hacer unas fiestas de la familia, y las fiestas del niño. Pero llegó el momento de preguntarnos: ¿y de dónde vamos a hacer fiesta? Nosotros no teníamos dinero para eso. Al mismo tiempo reflexionábamos que, si bien el dinero juega, también juegan los actos solidarios y las construcciones de relaciones que se venían construyendo en esos años con las organizaciones sociales y las organizaciones artísticas. En ese entonces estaba la red de organizaciones comunitarias muy organizada y con mucha articulación en sus dinámicas en los barrios, estaba también el movimiento cultural vivo, el movimiento ambiental y movimiento de mujeres y de jóvenes. Entonces decidimos hacer un llamado a estas organizaciones para que nos uniéramos a la fiesta y mostrar así que la cooperación está viva, que la solidaridad es posible y que una cosa son las crisis, pero que otra cosa es la vida que sigue y hay que recrearla. Ese fue el origen del Bazar de la Confianza”.

Ahora en el Bazar participan más de 100 organizaciones en la ciudad, que están moviendo otros públicos, muy cautivos en cada una de las zonas. El relacionamiento, según Martha Restrepo, es tan fuerte, que si Confiar se descuida puede salir rebasado en su capacidad. Pero este programa ya hace parte de las prioridades de Confiar. “Nosotros sabemos que hay que trabajar en 4 dimensiones: la parte de economía, la cultural, la social y la política. Y un momento de encuentro, donde se ponen en juego la construcción en estas cuatro dimensiones son las fiestas. En el encuentro se renuevan las energías y compromisos, o simplemente descubrimos la dimensión humana del otro. Porque en el encuentro me descubro yo, descubro al otro, y descubrimos lo colectivo”.

En 1999, cuando se realiza el primer Bazar de la Confianza, en Medellín se venía trabajando con fuerza la iniciativa de los mercados campesinos, un programa que tenía la secretaría de agricultura en el municipio los domingos, en distintas plazas o parques de los barrios, a donde se llevaban los productos de los campesinos directamente. El Bazar hizo también un mercado campesino, articulándose a esa dinámica que traía la ciudad. En ese mercado participaron también los pueblos donde la Cooperativa Confiar tiene presencia, como Andes, Támesis, Jericó y los seis municipios del oriente antioqueño que venían participando con Confiar.

Desde esta articulación, poco a poco sefue estableciendo la necesidad de la Red de Economía Solidaria de Antioquia, iniciativa que se materializó cuatro años después; de allí nació fomentamos y otras cooperativas de microcrédito y microfinanzas, tejidas entre varias ongs y cooperativas. “Y a través de etas redes- cuenta Restrepo- vamos dinamizando el contacto con los municipios, en este caso también con la RECAB, que es la Red de Agricultura Agroecológica de Antioquia”. Esos primeros años de la década pasada van decantando también la presencia de formas organizativas, no solamente cooperativas, sino de otras expresiones de los pueblos, de los campesinos y de los barrios, de economía de subsistencia y economía solidaria”.
También ha sido el Bazar de la Confianza un espacio para la creación y recreación artística, para que las diversas expresiones de la cultura popular en Medellín se muestren y entren en conversación con un público amplio de una manera interactiva. “Hablamos de una diversidad de talleres, de manualidades, de juegos. Por ejemplo, le hemos hecho una apuesta permanente a las expresiones culturales de los jóvenes, no sólo de los colectivos que se mueven alrededor de Confiar, sino también iniciativas juveniles de los barrios, desde las expresiones musicales, de muchos bailes y expresiones con el cuerpo, pero también desde el trabajo manual, el trabajo de la palabra, la lectura, la escritura”.

Generalmente cada Bazar define sus apuestas en la articulación con otras organizaciones sociales para impulsar campañas sociales de gran aliento. Las apuestas en el reciente bazar fueron fundamentalmente tres: “Le apostamos a la visibilización y fortalecimiento de la Red de teatro Grupo de Amigos del Oriente Antioqueño (GATO), que son 7 grupos en los que participan unas 200 personas. Eso fue como una especie de molienda teatral, donde participaron 100 artistas directamente interviniendo con sus actuaciones en el bazar, y detrás de esos 100 venían muchos otros”. También, en asocio con la Corporación Penca de Sábila, el Bazar le apostó a la campaña por la defensa del agua, en la que se informó ampliamente y con antelación a los asistentes que allí no se iba a vender agua; en cambio de eso, se iba a distribuir gratuitamente, tomada desde las fuentes de EPM, para lo cual cada persona debía llevar su botellón o su vaso. Adentro, las mismas personas que repartían el agua conversaban con la gente acerca de la importancia de no dejar privatizar el agua y, en cambio, defenderla como un bien público fundamental. Por otro lado, y en asocio con la Corporación E-Reciclaje, el Bazar asumió la campaña de esta organización de “limpiar el planeta”, realizando el reciclaje desde la propia fuente de las basuras, explicándole también a la gente sobre la importancia del reciclaje desde la propia casa.

Pero tal vez lo más importante fue la decisión de realizar un Bazar limpio de marcas, donde no entraba ni siquiera la marca de la Alcaldía. “En otros bazares negociábamos con empresas como Pilsen y Postobón para que vendieran sus líquidos, entre ellos el agua; a cambio ellos nos ayudaban con la instalación de sus carpas. Pues hicimos una mejor reflexión y dijimos: no vamos a vender agua industrializada ni vamos a hacer la negociación con las empresas Pilsen y Postobón. Nunca lo hemos hecho con Coca cola, pero esta vez extendimos la negativa a todas las marcas comerciales, y decidimos irnos con carpas blancas. O mejor sólo con las carpas, los pendones y marcas de las organizaciones sociales y populares; en vez de cerveza hubo en cambio mucho guarapo producido artesanalmente por los campesinos. Esa fue una decisión política de la organización del bazar, más consecuente con la dimensión que le queremos dar, de construcción de tejido y relacionamiento con las organizaciones sociales, barriales y populares”.

¿Y si erradicamos de qué vivimos?Este es el reclamo de las comunidades del Tambo, Cauca, al Estado

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