Ese fin de semana tuve que reconocer que si la gente es supersticiosa o tiene sus dichos y creencias es porque a veces pasan cosas que las ratifican. En este caso, seguramente, no es tanto la superstición sino la paranoia. Y es que todos mis amigos de Pereira andaban diciendo que el control paramilitar de las bandas en Pereira era enorme, entonces andaba mirando para todo lado y me parecía que en efecto en cualquier cafetería que uno se sentaba a conversar un pintadito, como le dicen allá al café con leche pequeño, unos manes estaban pendientes de lo que uno hablaba. Para colmo, cuando fui a visitar una finca de las que trabajan exitosamente la agroecología me mostraron un predio muy bonito de propiedad de Roberto Jiménez, hermano de alias Macaco, quien además es ni más ni menos que candidato, muy opcionado por cierto, a la alcaldía de Dos Quebradas. Todo esto me tenía inquieto y paranoico, pero ya verán por qué tenía mis presagios.
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Bueno, primero lo que me tocó en una cafetería que queda por la principal de Dos Quebradas. Nos sentamos a conversar con un amigo, como de costumbre sobre política, porque estábamos impregnados de ella por lo del Congreso de los Pueblos, pedimos jugo y café y unos buñuelos. El sitio se puso tenso, cada que volteábamos a mirar había una moto parada a dos metros con su piloto tratando de escuchar la charla; cuando lo mirábamos, como diciéndole qué hace usted ahí escuchando, entonces se iba. Después era un pequeño de unos 12 años preguntando bobadas, ¿ustedes de dónde vienen y cómo se llaman? No en tono amenazante, sino más bien falsamente humilde. Después llegaron dos policías en una moto y se parquearon cerca, en seguida empezaron a llegar como moscas una serie de comensales a hablar con ellos o quizás a informar o pagar, qué sé yo. Primero un tipo con presencia de lumpen, después el mecánico del taller del lado, una señora, las meseras de la cafetería, que era grande y bonita y con varias empleadas uniformadas, toda una romería.

Cuando sentimos tanta presión, porque era claro que los únicos extraños del lugar éramos nosotros, nos fuimos parando a pagar y fue cuando sentí de reojo una luz y sorprendí a una de las meseras guardando rápidamente en su delantal una cámara con la que nos acababa de tomar una fotografía. De allí salimos como pepa de guama. Después me enteré que esa esquina en donde está ubicada la cafetería es la entrada al barrio La Mariana (Puerto Nuevo), en donde opera la famosa banda Cordillera y que anda en confrontación con la de los Rastrojos.

Ahora la otra situación, no la historia sino la extraña sensación. Cuando fui a la finca agroecológica a conocer a un gran señor y comprometido profesor, que ahora es mi amigo, me señalaron una finca muy bonita de propiedad de Roberto Jiménez, hermano de Macaco. Esta finca queda en una pronunciada y angosta carretera por la que hay que pasar siempre que uno va donde el profe. Cada vez que pasábamos me decían: mire, esa es la finca del hermano de Macaco y todos los predios de por aquí son de control de paracos; los pelos se me pusieron de punta todas las veces que pasé por allí y se me vinieron a la mente los atroces crímenes de estos asesinos, sobre todo recordé que los peores desafueros de esta gente ocurrieron en fincas y en medio de bacanales y orgías de sangre.

Pues bien, el último día que estuve en Pereira me iba a quedar a dormir allí en la finca agroecológica, pero como salimos muy tarde del trabajo no quise ir, me dio miedo, no quería pasar por allí a esa hora. Esa finca me dio mala espina, tuve un presagio. A los ocho días los medios darían cuenta que en esa finca o en otra, no sé si de propiedad de el hermano de Macaco o alquilada por él o por su gerente de campaña, asesinaron a una joven de 24 años y luego la votaron como a un animal, a un kilometro de allí. Los presagios sí existen. O será que me estoy volviendo supersticioso.

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