Viendo que los hechos vuelven a ocurrir, volvemos a reivindicar nuestro justo pasado histórico para fatalmente volver a configurar la contradicción en todas sus dimensiones. El poderío del horror histórico, aquel que solo progresa en modernizar sus aparatos de terror confrontados en dos frentes históricos contradictorios, esmad: modernidad-efectividad= armaduras-gases-balas contra indígenas: tradición-cultura e historia= bastones, identidad, trabajo comunitario y minga. Esto en la reciente movilización indígena y campesina, para poner ejemplos que precisamente se constituyen como referente y recurrente histórico, como muestra de una clara reivindicación histórica tradicional de los pueblos autóctonos del país. Que nos vuelve a confrontar con ese boomerang de la historia, siendo este mismo en sí una recurrencia histórica.
En 1.994, el ejército nigeriano abría fuego contra una manifestación pacífica de ancianos y habitantes de la ciudad de Bori, al oeste de Nigeria. La dictadura militar asesinaba a la progenie de la comunidad Ogoni, que, célebres por ser uno de los pocos pueblos de la volátil historia de Nigeria en haber resistido la colonización inglesa en el siglo XIX, se volcaban a las calles de Bori escribiendo una página más de la historia común y lineal de la mayoría de los pueblos africanos plagada, de expoliación y olvido gritando: “ fuera la Shell, fuera la Shell”. El gigante industrial del petróleo, que por más de 20 años explotara el hidrocarburo del subsuelo de Bori, era la versión reciente de la colonización industrial que dejaba a su paso el arrasamiento del poco bosque tropical existente en la zona y la total contaminación del delta del río Níger, el sur-plus y corazón de este pueblo nigeriano que les permitió levantar su pueblo y escribir su historia como comunidad Ogoni.
La intensidad de estos incidentes se trazaba entre la sanguinaria dialéctica de la dictadura militar abiertamente financiada y respaldada por la Shell en la agudización de las protestas y la dialéctica de la resistencia civil no violenta por la que había apostado la comunidad Ogoni, sumida en la más completa miseria, usada como mano de obra barata en condiciones cercanas a la esclavitud.
La dirección ideológica de la resistencia civil no violenta de los Ogoni estaba encabezada por Ken-Saro Wiwa (1.941), líder ogoni que a inicios de los 90.s encabezó la resistencia civil de carácter pacífico más importante que se haya dado en un país plagado de la más dura violencia en los estertores del siglo XX. Escritor y ecologista, Wiwa dejó una prolífica obra de carácter literario, poético y político que lo convirtieron en uno de los voceros de la comunidad ogoni y uno de los activistas más importantes del continente africano.
En 1.991 Wiwa, egresado de la universidad de Umuahia y profesor de las universidades de Ibadán y Msukka en la década de los 60.s, crea el MOSOP (movimiento para la supervivencia del pueblo ogoni) y automáticamente se consagra a la lucha que el pueblo ogoni venía manteniendo con la dictadura imperante y contra los desmanes económicos y ecológicos producidos por la extracción de petróleo por parte de la Shell. El carácter espiritualista de la no violencia de Wiwa (la hierba seca y árida es combustible para el fuego y la hierba verde y vigorosa lo detiene) se conjugaba con su propuesta objetiva de crear mecanismos alternativos de explotación de los recursos naturales sin dañar la naturaleza y sin alterar la raíz cultural del pueblo Ogoni, razones para ser arrestado varias veces por el régimen militar. En 1.994 durante el terror y genocidio militar, Wiwa fue encarcelado varias veces, sin desviar los objetivos trazados desde el Mosop. Las autoridades lo empezaron a ver como una seria amenaza.
Ese mismo año es candidato a recibir el premio alternativo de paz en Viena Austria, negándole por parte del régimen militar su salida del país. Posteriormente y ese mismo año, Amnistía Internacional lo declara preso de conciencia, en una de las pocas miradas occidentales hacia la olvidada África, cuando ya eran más que claros los objetivos del régimen militar para tratar la “insurrección Ogoni”. En su último arresto junto a ocho activistas más del Mosop en 1.994, es sometido a un juicio sin ninguna garantía para los acusados y posteriormente el 10 de noviembre de 1.995 es ejecutado sin compasión alguna, firmando así el régimen militar su acta de defunción política, luego de que admitieran sus errores y la Shell emitiera una inútil y tardía carta de desagravios junto con una exigua indemnización cuando las crepitantes e indignadas voces del mundo les crispaban los oídos.
En Latinoamérica y Colombia, la causa por la conservación y defensa de la naturaleza y las culturas autóctonas conocen también la máquina feroz de la explotación, terror y saqueo de los recursos naturales. Todo a manos de la más fría lógica mercantilista que todo lo ve como una mera fuente de explotación y uso desmedido en la más palurda manguala de poder, conformada por políticos corruptos, latifundistas avaros y militares sanguinarios.
La sangre de Francisco Alves Méndez (Chico Méndez) corrió en 1.988 por toda la Amazonía brasileña, en defensa contra el mismo enemigo de la naturaleza y los pueblos con el que se enfrentaron los ogonis y Ken-Saro Wiwa. En nuestro país, solo por mencionar uno, la desaparición de Kimi Pernia era la declaración de muerte contra todo el movimiento indígena y ambiental colombiano, el mismo que hoy se moviliza en contra de ese boomerang histórico y más aun cuando en Colombia se desplazan comunidades enteras para darle paso a cultivos de palma africana, se desconocen derechos ancestrales de las comunidades indígenas y afrodescendientes, se secan ríos ( caso drumond) en la guajira para extraer carbón, y cuando se pretende firmar leyes forestales para dar nuestros bosques en concesión a emporios madereros. El ejemplo de Ken -Saro Wiwa puede dejar sentado una vez más nuestras similitudes históricas, si bien el terror silenció sus acciones. Estas, sin embargo, trazaron el derrotero del por qué es viable bregar por un mundo mejor, en la batalla contra una lógica histórica que, al igual que sus palabras, no se ha cansado de retumbar, en la enconada disputa por la preservación y defensa de la naturaleza y la dignidad de los pueblos.
(En memoria de ken-saro wiwa a 13 años de su muerte)