Texto: Cocorná Consciente
Ilustración: Valentina González
La naturaleza se ha expresado y ha venido recuperando su lugar.
Esta pandemia les dio un respiro a nuestros ríos, un respiro que nunca antes le había dado nuestro sistema socio-económico.
Y la naturaleza agradece, no solo tenemos un ambiente mucho más limpio, sino que nuestros ríos fluyen casi sin basuras, y los animales empiezan a sentir que este mundo también es de ellos.
Hemos cambiado como sociedad; sin embargo, está claro que hay causas que nunca dejaremos de defender.
La naturaleza está recuperando su lugar, de la misma forma es importante que reflexionemos como especie y organicemos nuestras prioridades.
A estas alturas, ya nos dimos cuenta de la importancia de los campesinos, y su incansable labor para alimentarnos, su trabajo es fundamental para nuestra subsistencia y no se nos puede olvidar.
Los médicos, siempre en crisis, han hecho gala de su juramento hipocrático, y han dejado literalmente la vida en hospitales y clínicas, protegiéndonos, y siendo superhéroes de carne y hueso.
Los maestros han hecho lo imposible por seguirnos educando y han puesto a prueba su capacidad de desaprender, para reeducarnos, y ponernos al día con la tecnología.
¿Ya no suena tan descabellada la idea de irse a vivir al campo y cultivar la propia comida, no?
He aquí la importancia de garantizar la soberanía alimentaria, y cultivar nuestro propio alimento, y proteger al pequeño agricultor y recordar para siempre que sin agua no hay vida, que sin maíz no hay país, que sin campo no hay ciudad, y que hay que pensar primero en nuestros productos, por más que en las grandes cadenas sea más barato.
Hay que fortalecer los mercados campesinos y las economías propias.
Hemos vivido tanto tiempo alejados de nosotros mismos, que parecemos extraños ante la soledad, no estamos acostumbrados a nuestra presencia, nos ponemos ansiosos y sentimos que, si no estamos haciendo algo productivo, no servimos.
No está mal frenar un poco, respirar profundo y reinventarse. Sin pausa, pero sin prisa.
Desde nuestras casas seguimos pensando en el patrimonio natural, no se nos pasa por alto el hecho de que existen empresas a las que no les importa el virus, y aprovechan la cuarentena para destruir, contaminar y sembrar el miedo.
Queda prohibido olvidar. Cuando todo esto pase, seguiremos atentos, luchando por la naturaleza, por la salud, por la paz y por la soberanía alimentaria. La naturaleza nos agradecerá y nos dará la razón, porque cuando pase todo esto seremos mejores, habremos revaluado nuestras prioridades y tendremos una idea más clara de lo que significa un territorio libre y en paz.