Edición 44 - Septiembre 2009

La resistencia en Honduras se mantiene

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Aprovechando nuestra corta estadía en Panamá, conversamos con el doctor José Luís Vaquedano Hernández, fiscal de la confederación sindical de la CUT, candidato a diputado y uno de los líderes más reconocidos del Frente de Resistencia contra el golpe de Estado en Honduras. Con él pudimos hacer un breve bosquejo de lo que es la situación de Honduras hoy, dos meses después del golpe de estado contra el presidente elegido constitucionalmente, Manuel Zelaya; pero también conocimos algo del contexto que rodeó dicho golpe.

 

Una mirada panorámica

Rubén: ¿a qué se dedica la gente de Honduras?
JL: Los hondureños son gente laboriosa, les gusta el trabajo, se desempeñan en el sector industrial fabril, el sector agrícola y otros frentes productivos. Pero el desempleo es muy preocupante, el índice se sitúa en 14 por ciento sin incluir el subempleo. El sector formal está en declive, pero crece el empleo informal donde se refugian miles de hondureños.

Rubén: ¿el sector agropecuario a qué se dedica?
JL: A la producción de carne, leche y sus derivados. Verduras y frutas, entre ellas el banano que se exporta hacia los mercados de Estados Unidos y la Unión Europea.

Rubén: ¿quienes son los exportadores?
JL: Tradicionalmente han sido los grandes empresarios quienes ejercen de intermediarios entre los mercados internacionales y los pequeños productores. Son ellos quienes compran la producción a los campesinos y pequeños empresarios para dar valor agregado a los productos destinados al mercado internacional.

Rubén: Y en el sector industrial, ¿cuál es la actividad laboral más importante?
JL: Prevalecen las maquilas, que no benefician al país por su escaso aporte tecnológico. En estas fábricas se vinculan hombres y mujeres a partir de los 18 años, y después de los 35, debido a la filosofía de las empresas, no les permiten continuar trabajando. Las transnacionales textileras de Estados Unidos y México desmantelaron sus grandes fábricas para trasladarlas a estos países centroamericanos. En un momento coyuntural, aprovecharon la pobreza y la abundancia de mano laboral barata.

Rubén: ¿qué relación existe entre el sector público y el sector privado?
JL: La oligarquía hondureña actúa en estrecha simbiosis: los políticos son empresarios y los empresarios participan activamente en el espectro político. Los Flores Facussé manejan un vasto sector empresarial; los Callejas, los Carpati y los Ferrari ejercen el monopolio de la comunicación; los Nasser y Kafie son los magnates que controlan el emporio de la energía térmica. Estas familias se han reservado el derecho de manejar los intereses del pueblo hondureño.
Por otra parte, Honduras ha estado gobernada por la partidocracia, un partido conservador que enarbola dos banderas: una roja liberal y otra azul conservadora. Hablamos de una dinastía que hereda de padres no sólo el desgobierno, sino el cohecho, el fraude y la corrupción en función de sus propios intereses y el de la oligarquía. No ha llenado las expectativas nacionales ni mucho menos ha tenido un proyecto de país para desarrollarlo. Por eso la visión del presidente Zelaya está centrada en dar un cambio estructural, hacer una profunda transformación social que permita acceder a una justa redistribución de bienes y servicios.

El fenómeno Zelaya

Rubén: ¿quién es el presidente Zelaya?
J.L: El presidente Zelaya es un hombre que surge de los sectores agro – productores, y llega al poder a través de los partidos liberal y conservador. Pero una vez en el poder, orienta su mística y su visión hacia los sectores más postergados del país, dando una apertura que jamás había existido en la historia popular hondureña.

Es un fenómeno político. Zelaya surgió de un partido liberal y una vez en el poder dio un giro inesperado en la política nacional, virando hacia una vertiente izquierdista y socialista. Puso en marcha cambios profundos. Por ejemplo, el proyecto de educación, que prevé el no pago de matrículas ni costo de educación en el nivel primario para favorecer a las familias pobres. Se promulgó una normativa de restaurantes escolares para suplir el deber de las familias pobres que no tienen con qué alimentar a sus hijos. Luego, el presidente dictó un decreto de expropiación de tierras ociosas que estaban en manos de una minoría terrateniente y deberían pertenecer a los campesinos y no continuar improductivas.

Con relación a la base de Parmerola, planteó una postura de soberanía. Está dentro de su programa transformar esta base en un aeropuerto internacional, para beneficio de los hondureños y extranjeros, no,como hasta ahora es, una territorialidad privada donde a los hondureños les está prohibido su ingreso. Los estadounidenses han usurpado territorio soberano de Honduras y todo lo que tenían en las bases militares de Panamá y la Escuela de las América fue trasladado hacia esa base de Parmerola con fines estratégicos.

Honduras en el ALBA

Rubén: ¿tiene que ver el viraje de Zelaya con el apoyo que le ha brindado Venezuela?
JL: la ayuda de Venezuela ha sido importante para Honduras, se ha hecho sin condicionamientos, en igualdad de condiciones y recíproco beneficio. A diferencia de la ayuda concedida por los organismos financieros internacionales, Venezuela ha brindado solidaridad al pueblo hondureño, dando su apoyo incondicional en algunos convenios que no afectan interese venezolano. Y, otras condicionadas, de acuerdo a la capacidad de pago del pueblo hondureño, básicamente tranzado en especies y productos. Convenios no permitidos por Estados Unidos ni los organismos internacionales de crédito, quienes exigen pagos en dólares, obligándonos a contraer una enorme deuda externa para cubrir intereses en detrimento de la economía hondureña.

Rubén: ¿que beneficio ha obtenido Honduras con la anexión al ALBA?
J.L: Con relación a PETROCARIBE, los fondos que en efectivo se pagaban al instante en dólares a las empresas “norteamericanas”, el gobierno de Chávez nos dio 25 años de “gracia”, con la condición de que esos fondos, dejados de pagar a Venezuela, se invirtieran en generación de energía hídrica y en el rescate de las empresas estatales de energía eléctrica; además de fortalecer las pequeñas y medianas empresas y a pequeños productores a través de financiamiento.

Al sector campesino se donaron 100 tractores con todos sus equipos de adecuación de suelos agrícolas, para incrementar el rendimiento productivo del campo. Otros fondos, con baja tasa de interés, estaban destinados a la construcción de vivienda solidaria para personas de escasos recursos económicos, dando prioridad a las madres solteras, incluyendo las esposas e hijos de policías y militares muertos en cumplimiento de su deber. Fortalecer el agro implicaba que a Venezuela se le pagaría con productos agropecuarios: leche y sus derivados, frutas, verduras y carnes. En una decisión de Zelaya, consensuada con las centrales obreras, se estudió y se concluyó que la inversión del campo favorecería el sector agropecuario. Equiparó entonces los salarios a los trabajadores del campo, que ganaban menos del 50 por ciento del costo de la canasta básica.

Rubén: ¿Cuál fue la reacción de la oligarquía ante la anexión al ALBA?
JL: Todos los sectores de la oligarquía reaccionaron enérgicamente. Empresas privadas, industriales, sector exportador y asesores de Estados Unidos se unieron en reacción común con los políticos y grupos de poder para confrontar a Zelaya, que debió hacer concesiones al presidente del Congreso, señor Micheletti, quien hoy usurpa el poder en nuestro país. Los diputados también recibieron concesiones económicas para que el congreso aprobara en última instancia, la anexión al ALBA. La reacción violenta del sector privado se neutralizó con la participación del pueblo, manifestada públicamente en apoyo al presidente Zelaya para que Honduras se adhiriera al ALBA.
La oligarquía inició una campaña mediática de desprestigio y terror en contra del proceso, hasta tal punto de decir que el presidente Chávez practicaba canibalismo comiendo niños. La anexión al ALBA implicaba, según el desesperado intento desinformativo, la pérdida de sus bienes y de sus hijos, que pasarían a ser propiedad del Estado. La mayoría de los hondureños, lejos de creer las mentiras, respondieron que si el Estado se hacía cargo de sus hijos, brindándoles educación, salud y alimentación, respaldarían incondicionalmente la política progresista de Zelaya.

La gota que hizo estallar a la oligarquía

Rubén: ¿qué fue lo que finalmente llevó al golpe de Estado?
JL: El acto consensuado, que acogió la voluntad popular, para consultar al pueblo si quería una cuarta urna en las elecciones de noviembre que permitiera nombrar una constituyente con el fin de redactar la nueva constitución. Pensamos que el Movimiento Social hondureño debía tener amplia participación mayoritaria, con visión diferente para equilibrar la correlación de fuerza. La actual constitución fue redactada por los grupos de poder y las dictaduras hace más de 25 años, donde consagraron límites al derecho de todo hondureño. La idea era cambiar esa estructura de poder para dar al pueblo lo que en justicia le pertenece. Estos hechos se transformaron en detonante que permitió a la oligarquía desvertebrar el proceso de cambio y transformación democrática exigido por los hondureños. El 28 de junio se produce el golpe de Estado, que venía gestándose un mes antes. Las fuerzas militares estaban en contra del proceso. Las empresas privadas y la oligarquía partidista, en alianza con la iglesia católica y la iglesia protestante, generaron un clima de tensión en Honduras, para fraguar el golpe de Estado, a la que se sumaron las distintas ramas corruptas del poder. Pero el pueblo estaba a favor de la constituyente.

Rubén: ¿por qué dicen los golpistas que Manuel Zelaya actuó en contra de la constitución?
JL: El artículo 5º de la Constitución de la República señala que debería haber existido hace 10 o 15 años una ley de referendo y plebiscito, pero esta ley no fue promulgada y, por eso, el presidente se amparó en la ley de participación ciudadana. Cuando Zelaya propone la cuarta urna, el Congreso y los grupos de poder recurren con asombrosa rapidez a estructurar una ley que reglara el referendo. Una ley amañada a su antojo, respondiendo a los intereses de la empresa privada y a la oligarquía hondureña. Una ley para que los hondureños no puedan consultar en materia social, económica ni política. No podrán expresar lo que piensan y lo que quieren para forjar su propio futuro. Ni podrán exigir revocatoria del mandato. Fue una ley sin contenido de fondo, algo abstracto para detener el proceso de Estado Social de Derecho, y de participación ciudadana que el presidente Manuel Zelaya quiere construir. El temor de los partidos tradicionales que han gobernado durante cien años era no poder obtener las mayorías en la cuarta urna, por ser partidos desacreditados, que ya cavaron su propia tumba. Por no haber respondido en más de cien años a los verdaderos intereses de los hondureños que exigen cambio de fondo.

Rubén: Después de más de dos meses en que, a pesar de la dinámica resistencia, el gobierno golpista se mantiene y enraíza ¿Cuál es la perspectiva inmediata?
JL: No ha sido fácil, la lucha continúa dentro de un clima de abierta agresión. Hemos tenido muertos, heridos y desaparecidos. Pensábamos que Zelaya regresaría pronto, pero la brutal represión se ha manifestado con excesiva violencia. Luego aparece un personaje extraño a la política social de los hondureños, el presidente conservador Oscar Arias, defensor a ultranza de los intereses de Estados Unidos y de las oligarquías americanas, cuya intermediación estuvo viciada en contra de Zelaya, quien presuntamente volvería, con muchas limitantes, en setenta y dos horas al gobierno. Pese a haber aceptado el presidente Zelaya y la comisión del Movimiento Social lo acordado con Arias, el plan fue rechazado por los golpistas. Ahora nuestra decisión es que si no llega el presidente Zelaya tenemos que boicotear las elecciones convocadas por un gobierno que ha llegado al poder a través de las armas. Pero si llegase, participaremos en el proceso electoral para rescatar a Honduras para los hondureños.

El Lenguaje del Regimen ¡Soberania Colonial!

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