Edición 40 - Mayo 2009

Las frías brisas que recorren a Caramanta

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Caramanta es un municipio localizado en la subregión suroeste del departamento de Antioquia. En esta región la crisis de la sociedad colombiana se expresa en el frío que rebota en los muros mudos de unas calles llenas de ausencia, estructuras conservadas por quienes ya no están y los que no estarán. Por estas tierras ya pasó la mano negra de Uribe Vélez y tras su legalización, mal llamada desmovilización, quedaron arraigados los terratenientes, la población disminuyó en casi la mitad y se recrudeció la crisis de los pequeños productores a consecuencia de más de una década de silencio e impunidad que les permitió a estos terratenientes establecer un monopolio en la economía del pueblo.

 

Con indignante certeza todo se determina simplemente en lo que ellos (los terratenientes) se han apropiado y lo que a Caramanta le queda. Porque son muchos los Caramanteños que están pasando hambre en las ciudades capitales, mientras los usurpadores tienen más de la mitad del territorio privatizado. Según la conversa de un campesino de la región: “ellos colmaron con pasto para vacas las tierras donde crecieron varias de nuestras generaciones. Ellos van a explotar minerales y pasarán años antes de que se pueda volver a cultivar en esas tierras. Ellos pretenden consolidar el monopolio de producción de la panela, mientras nosotros perdemos independencia y el beneficio de la comercialización, además quedamos sometidos por un salario. Ellos montaron la administración local, manipulan los proyectos en la región con el aval del gobierno central, y nosotros seguimos resistiendo, proponiendo que permanezcamos en las fincas, buscando maneras de sacar los productos, como con la tienda de la asociación; pero no hay interés por parte de la administración local porque se consoliden esos proyectos”.

Cuando la historia de Caramanta habla, cuenta sobre cultivos de café, aguacate, maíz, frijol, algunos frutales, familias dedicadas a la producción de panela y una cifra de población con ruana muy superior a las que las estadísticas refieren actualmente. A consecuencia de la acumulación de tierras, los terrenos para la agricultura se han destinado para otros propósitos, imponiendo la ley de los más sobre los menos, forjando con el proceso de secularización la pérdida de referentes socioculturales para los jóvenes de la región que cada vez, dada su migración a las ciudades, son menos. “Los procesos de apropiación de tierras-nos cuenta otro campesino- se vienen dando desde hace unos quince años más o menos, y desde hace unos seis años se viene imponiendo un modelo donde una persona es dueña de casi la mitad del municipio, donde se ha establecido una serie de monocultivos”.

“Todo es un montaje muy bien hecho…”
Con la directa persuasión de los medios de comunicación, se ha mantenido la tan necesaria farsa, para poder mantener en el municipio la injusticia legal en la que nos circunscriben las políticas del gobierno de turno. “Llegan a Caramanta y sacan vídeos de lo que se supone somos, unas tomas muy bonitas sí, pero solo muestran 2 o 3 cosas y es de lo que ellos tienen”. Esta es la versión de otro de los campesinos quien además asegura que los medios son sólo las ovejas del único rebaño que tienen en una de las fincas, las tendencias a monocultivos de tomate de árbol, granadilla y aguacate jaspi, una variedad del que, dicen los patronos, es el que “sirve” dado que solo se da en tierras frías, y esas ya las acapararon todas. También muestran la explotación de algunos maderables, sin incluir que para establecer estos últimos tuvieron que acabar con los bosques naturales de la región.

La ambición que acarrea el comercio en conjunto con la crisis económica ha llegado desplazando costumbres, pasando por encima de tradiciones, eliminando los referentes de las comunidades. Facilitando este proceso de desarraigo el estado ha aprobado la resolución 779 del 2006, que regula la producción de la panela, de manera que garantiza la imposibilidad de fortalecer las propuestas organizativas de los pequeños cosecheros y productores, dejando como única salida la esclavitud, ante la exigencia de adecuar los trapiches contemplando gastos de hasta ochenta millones de pesos. Estas leyes son leyes fundamentadas en el canceroso y excluyente proceso de globalización, con las cuales pretenden su perpetuidad y expansión terratenientes y corruptos.

Al hablar de ayudas por parte de la administración, se vuelve a vislumbrar las estrategias con pretensiones unilaterales. Como propuesta de la administración local y la gobernación aparece el Centro de acopio de mieles, el cual está predispuesto a ser sostenido por los pequeños paneleros, que no estando en capacidad de adecuar sus trapiches, son expuestos a la necesidad de formar alianzas para pasar de ser productores y comercializadores a netos asalariados.

“… existieron grandes trapiches donde el beneficio por la producción y comercialización de la panela iba por mitad para el cosechero y el dueño del trapiche”, cuenta un señor al que le tocó estos tiempos mejores. No sucede algo parecido con la propuesta tejida por el ente gubernamental, puesto que con el centro de acopio solo se pretende exigir al cosechero la producción de la miel, mientras intermediarios usurpan la comercialización de la panela y los beneficios de la misma. “Todo es un montaje muy bien hecho…” Los grandes trapiches se extinguieron en la época que la caña dejó de ser rentable y los “dueños” de la tierra optaron por ganado. Empezaron por pagar a los pequeños cosecheros por la sepa, cultivo de caña. Dichos procesos de compra se dieron con facilidad en la mayoría de los casos, mas donde hizo falta fuerza no se dudó en proceder: para ejemplo, tenemos el incendio provocado en los cañaduzales de Manzanares, Sucre.

Apuesta por la soberanía alimentaria
“Actualmente solo quedan pequeños trapiches, la mayoría medianos, y solo quedan dos comunitarios. El de la Sierra es uno, aloja entre 20 y 30 familias productoras asociadas o sea de 120 a 150 personas aproximadamente. Adicional a ello al rededor de los trapiches aun funcionan colectivos de personas que obtienen el beneficio de la siembra de caña”. Este es el testimonio de otro caramanteño curtido en las lides de la caña. Dado el alto contenido calórico de la panela y su importancia en la alimentación de los campesinos, se tiene clara la necesidad de adecuar los trapiches, pero también está claro que sin ayuda no da. Es allí cuando juegan nuevamente las exigencias de la administración, al dejar por sentado que solo recibirán ayuda aquellos pequeños productores que mediante asociaciones se destinen a jornalear.

Desde la Asociación de Agricultores de Caramanta -ASAP-, en conjunto con varias comunidades, al visibilizar la esclavista esencia de la propuesta, han asumido el autosostenimiento y fortalecimiento local con proyectos agro-ecológicos, como base para entrar a competir en otros niveles de comercio. Fundamentan su proyecto en recuperar lo tradicional y lo han presentado a la administración incluso antes de formular el plan de desarrollo local para que fuera incluido, pero no ha sido tenido en cuenta. Lo que hizo la alcaldía fue llevarlo a donde no hay caña y ahora se proponen construir un trapiche, con valor aproximado a los 120 millones de pesos, para establecer la caña desde un principio en sectores que tradicionalmente no son paneleros.

Hace unos días tuvo lugar un cabildo con el gobernador Alfredo Ramos y quedó sobre la mesa la “donación” de un trapiche para la comunidad. El dilema es dónde se va a construir. “La decisión quedó en manos de la administración y por los indicios que se tienen no va a ser propiamente donde la comunidad lo ha pedido”, comenta uno de los asistentes al cabildo.

La mano de la Tesalia y la corrupción de la administración
Se han realizado algunas asambleas veredales convocadas por la administración, en las que han podido participar los campesinos disidentes, porque no a todos los convocan ya que el diablo sabe a quién puede engañar. Lo que estos disidentes han recibido en respuesta a sus peticiones son malos tratos acompañados de desprestigios y señalamientos, dejando a menester su protección personal. Además, es clara la mano pesada sobre la mesa del representante legal de la Tesalia S.A., empresa a la que están subscritas la mayoría de los terrenos privados. El presunto accionista mayoritario de la misma es Hernando Mario.

La tesalia ya tiene montado un trapiche que cumple con todas las especificaciones de la resolución y ahora avanzan comprando las tierras al rededor de este, aprovechando la crisis en la que ha hundido a los pequeños que están a su paso. “Así se genera desplazamiento, pobreza y por ende acceso fácil a mano de obra barata”.

Las políticas de engaño surtirán efecto cuando se construyan los trapiches donde se necesiten sufragantes. Adicional a ello, la popularidad que ha venido adquiriendo Hernando Mario va garantizando la permanencia de la administración. Hoy por hoy, cuando a las comunidades llegan, por ejemplo, brigadas de salud, ya resulta que no están llegando por parte de la administración, gracias a las contribuciones y por ende como derecho al que todos deben tener acceso, sino que se hace ver que es este señor quien las esta remitiendo. “… ya tienen es como una administración interna.”

Transnacionales mineras al asecho
Tras una no muy sublime cortina de lana, se han dejado entrever los intereses mineros que se tienen en algunas zonas propuestas para ser explotadas a cielo abierto en áreas que ya están definidas y vinculadas a compañías como la Anglo Gold Ashanti Mines, con su nombre Kedhada S.A para Colombia. Se da entonces, además de la concentración de la tierra que hemos descrito, la necesidad del aval a este tipo de procesos; y por este aval a los terratenientes no les ha quedado difícil la apropiación del 75% del territorio. Para rematar aparece el municipio abogando por el medio ambiente, con la firme intención de prohibir el sostenimiento de marranos en las cocheras, fuente de sustento para algunas familias, dizque por la contaminación; pero dentro de sus planes está el construir una marranera para 250 cerdos.

Al sol de hoy, aproximadamente cinco mil Caramanteños continúan subsistiendo de la economía campesina, mientras unos seiscientos se desempeñan en los empleos gubernamentales y particulares. Los medios hacen ver como si el avance estuviera llegando por La Tesalia y no valoran a esa gran mayoría que aún continúa tratando de inculcar el gusto de vivir de su propio trabajo y en búsqueda del bien común.

Sobre la minería a cielo abierto no informa con veracidad la administración, por más que se les solicite en las asambleas; los perjuicios en los que repercute y su temporalidad no son expuestos con claridad. Ahondan sin perder el tiempo consultando en las veredas como en Yarumalito, Buenos Aires, por Sucre, en Manzanares, San José, San Antonio, simplemente consultando si le parece bien o no la cuestión de la minería. Sin mucho preámbulo abordan a los menos informados, con el heredado carretazo del patrón y van sustentando la supuesta aprobación, de parte noble, para los proyectos.

“Por el río Arquía ya tienen identificados unos 4 proyectos de micro-centrales eléctricas, se cree que van a ser utilizadas para todos esos trabajos que van a hacer de minería”. De esto advierte otro campesino que ha estado inquieto por el futuro de su terruño.

Con el fin de no desestabilizar los proyectos identificados en otras zonas, desde la administración nace la pretensión de montar dos trapiches más, uno “en una vereda cerca de Valparaiso, que cuenta con condiciones óptimas para frutales” y el otro “en terrenos de tradición cafetera y producción de ganado”. Fortalecer la producción con años de experiencia y los trapiches existentes no está dentro de los planes de la actual administración, por lo menos no sin antes sobreponer los intereses del sector privado. De hecho ya tienen elaborado “el mapa sueño” del municipio, además ya están parados sobre todos los nacimientos de las aguas que bañan la región.

Salud, Te` walas y resistencia por la madre naturaleza

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