Hace 90 años en Antioquia, en la fábrica de tejidos de Bello, tuvo lugar la primera huelga obrera importante no sólo por ser la primera huelga en Colombia, sino además por ser protagonizada por un grupo de valientes mujeres, en una época en la que las mujeres eran totalmente dominadas por los hombres y sometidas por la iglesia católica. Bajo el mando de Betsabé Espinal, 400 obreras paralizaron la Fábrica de Tejidos de Bello.
Esta huelga surgió debido a las condiciones laborales infrahumanas a que estaban sometidas por el dueño de esta empresa, el Señor Emilio Restrépo Callejas, pionero de la industria textil en Colombia, además político y terrateniente.
En los puntos fundamentales del pliego de peticiones pedían lo siguiente:
1. Recibir iguales salarios que los hombres, ya que las mujeres por el mismo trabajo recibían la cuarta parte de lo que ganaba un hombre.
2. Revisión del sistema de multas, ya que las multaban por llegar tarde, por estropear accidentalmente cualquier máquina, por enfermar sin previo aviso, por distraerse en el trabajo, o por cualquier minucia que al capataz se le antojara.
3. Que se acabara el acoso sexual de los capataces de la fábrica al que descaradamente eran presionadas; pues el negarse a sus pretensiones les implicaba sanciones, multas y hasta despidos.
4. Que les permitieran calzarse para asistir al trabajo ya que el tal don Emilio Restrepo les exigía que debían ir a trabajar descalzas para evitar pérdidas de tiempo con el cuidado del calzado.
5. Que se disminuyera la jornada laboral, para entonces de 12 horas continuas con escaso tiempo para almorzar.
6. Que se suspendieran las ofensivas y abusivas requisas de los capataces a la salida de la fábrica.
Al ser completamente desoídas sus peticiones, las 400 obreras bajo la dirección de Betsabé Espinal y de otras líderes como Adelina González, Carmen Agudelo, Teresa Piedrahita, Matilde Montoya y Teresa Tamayo, dieron comienzo a una huelga que duró tres semanas y que haría historia en el sindicalismo Colombiano.
De nada valieron las amenazas de los capataces ni los ruegos del cura de la parroquia, quien no pudo convencer a las obreras para que suspendieran el paro, tampoco cedieron al día siguiente, cuando ya fue el alcalde de Bello y las autoridades eclesiásticas de Medellín quienes tampoco lograron convencerlas. Por el contrario, para ese momento la huelga se había generalizado y sólo quedaron trabajando algunos hombres a quienes las huelguistas trataron de cobardes.
No sólo en Bello sino también en Medellín logró la huelga el apoyo masivo de la ciudadanía gracias a la excelente dirección de Betsabé, quien se trasladó con una comisión de mujeres a difundir la justeza de esta huelga en la prensa y la radio de Medellín y, además, buscó el apoyo de los entes gubernamentales, llegando incluso a lograr el apoyo de la presidencia de la república para su movimiento.
Es de destacar la colecta que realizaron los estudiantes de medicina de la Universidad de Antioquia y algunos periódicos para apoyar esta huelga. Así se refirió, por ejemplo, el periódico el Espectador a esta huelga de mujeres: “Honor a esos cientos de mujercitas que han tenido la locura galante y fértil de confrontar la resistencia y furia del capital, sin más equipaje que una buena porción de rebelión y dignidad… Cómo no secundarlas si son heraldos de una provechosa transformación social, si pueden ser las primeras víctimas ineludibles de toda revolución que se inicia”.
Luego de 21 días de paro, el éxito fue total, pues Emilio Restrepo finalmente tuvo que ceder a todas las exigencias de las obreras. El 4 de marzo marcó el fin de la huelga: Se acordó un aumento salarial del 40%, regulación del sistema de multas, jornada laboral de 10 horas y más tiempo para el almuerzo, permiso para ir calzadas a la fábrica, y el despido fulminante de los acosadores sexuales.