Edición 42 - Julio 2009

Una pequeña historia de vida

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EEscribo para comunicar y comunicarme. En un mundo donde la comunicación dominante es una mentira con rostro de hipocresía que se sostiene sobre un cuerpo nauseabundo y famélico; sistema que lo único que le importa es la manipulación, el dinero y el poder para concentrar riquezas y destruir la naturaleza. Comunicarme con palabras, que el viento no se ha podido llevar, para recuperar y resaltar su valor e importancia histórica y social.

Considero que todos los seres biológicos y, principalmente, todos los seres humanos deberíamos tener una vida plena, placentera y agradable. Pienso que a eso tenemos derecho. Y eso no significa negar las tristezas y las cosas duras que nos impone la vida, pero las fuerzas de la vida y de la naturaleza no son lo mismo que las fuerzas de la sociedad. No mata ni enferma en la misma proporción la naturaleza que la sociedad; las causas de muerte sociales prevenibles son miles comparadas con las naturales. Las guerras y la desnutrición matan y enferman a miles de seres humanos diariamente y eso no tiene razón de seguir sucediendo.

Desde un punto de vista materialista científico, no es lo mismo la aceptación de la muerte por accidente o enfermedad no prevenible que la muerte por asesinato o hambre. En el primer caso, la naturaleza tiene su dinámica propia; en el segundo caso, la sociedad tiene su degradación interna que la carcome y esa es la sociedad que hay que transformar completamente, para que no siga sucediendo lo que le ocurrió a una mujer trabajadora de nuestro pueblo.

Después de sufrir una infancia de maltratos y tristezas causadas por la combinación explosiva de miseria, ignorancia, abandono del padre y garrote de la madre, logró conseguir el amor de su vida para tener tres hermosas hijas.

Dado el desempleo y/o el lavado cerebral frente a la posibilidad de “escoger” ser empleado dependiente o ser independiente, muchos trabajadores deciden ilusamente que ser independiente, en el capitalismo, es la mejor opción. Pero lo que no saben, y luego se dan cuenta, es que escogieron un camino de penurias y problemas. Esta humilde pareja de amor resultó amarrada a una de las ramas de la producción más explotada: las confecciones.

A sus 35 años de edad y después de pagar más de 10 años de cuotas a Conavi – hoy Bancolombia – con la esperanza de tener su casa propia, una situación de salud se le presentó de manera repentina. Se le diagnosticó de manera sorpresiva un cáncer de útero que cambiaría toda su vida y la de su familia.

Mujeres, después de su menarca – primera menstruación –, es normal que continúe sangrando cada mes. Pero lo que no es tan normal es que ese sangrado sea muy abundante, a chorro, que dure más de 8 días, que sea más de una vez al mes o cada 3 meses, que produzca dolores insoportables u olores putrefactos. Cada mujer debe conocer y cuidar muy bien su cuerpo. La prevención es esencial, la citología vaginal se debe hacer como mínimo cada año. Porque el cáncer sigue siendo el coco para todas las medicinas del mundo, sean alternativas o no.

Después de tan duro garrotazo, se le propuso a la mujer una serie de tratamientos como la histerectomía, cirugía para sacar el útero o matriz, quimioterapia, radioterapia y braquiterapia, a los cuales la paciente accedió.

Cinco años después, la situación ha cambiado profundamente. Ya no tiene cáncer, pero hay un conjunto de secuelas horribles: daños renales, dolores de columna y en miembros inferiores, tan insoportables que los tiene que controlar con medicamentos, y no siempre ni para todos los dolores son efectivos. En general, un estado de salud y una calidad de vida corporal muy lamentable.

La situación económica desastrosa. No pudo volver a trabajar por su condición de salud; su esposo pasa varios meses del año desempleado porque no hay que hacer en las confecciones; el pulpo usurero llamado Bancolombia les quitó la casa que ya habían pagado tres veces y el gobierno y sus leguleyos no sirvieron para nada, ya que, en últimas, están del lado del más fuerte.

¿Por qué comunicar cosas tan tristes? Por muchas razones, que van desde la solidaridad de familiares y amigos en lo afectivo y económico hasta recordar las condiciones funestas en que el sistema capitalista puede colocar a cualquier persona, familia o pueblo.

Hay que darle importancia a la solidaridad en esas circunstancias, pero como el hecho real de la miseria que se acrecienta no se puede resolver con ese tipo de solidaridad, hay que seguir buscando caminos de unidad de todo el pueblo para poder terminar con este monstruo que nos asesina y enferma. Sólo con la unidad ideológica, política y organizativa el pueblo podrá construir su futuro y contribuir para que los seres humanos vivan y disfruten la vida como se la merecen, con dignidad y alegría.

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