Desde mediados del mes de Diciembre de 2008, la empresa Muriel Mining Corporation viene adelantando trabajos de exploración en los territorios propios de los resguardos indígenas de Careperro, Murindó, Turriquitadó, Coredó, Citaguarodó, Guaguas, Coredocito, Jiguamiandó Y Mutatá, en el Bajo Atrato Antioqueño. Todo valiéndose de engaños, transgrediendo el derecho a la consulta previa, donde las comunidades indígenas y afrodescendientes pueden decidir sus propias prioridades acerca del desarrollo territorial y cultural, que no afecte a sus vidas, creencias, tradiciones, territorios y bienestar espiritual.
La Muriel es una multinacional de los Estados Unidos, con sucursal en Colombia en la ciudad de Medellín; actualmente desarrolla el megaproyecto minero “Mandé Norte”, en el que, el gobierno colombiano, a través de Ingeominas y la gobernación de Antioquia, le otorgó nueve títulos mineros para explotar y comercializar las reservas de cobre y los subproductos de oro y molibdeno, que se utiliza en aleaciones de alta resistencia. Según la autoridad nacional del gobierno indígena, “…en estas zonas se encuentran recursos naturales no renovables que hacen parte del denominado “Batolito de Mandé” que emerge desde el municipio de Bagadó (Chocó), pasa por el Carmen de Atrato (Chocó) y llega hasta Murindó (Antioquia), haciendo un recorrido de sur a norte, desde el Alto hasta el Medio Atrato, en territorio tanto Chocoano como Antioqueño”.
Allí donde tiránicamente se encuentra el proyecto de explotación Mandé Norte conviven ancestralmente Emberas y Afrodescendientes, que sobrevivieron a la esclavitud, la presión colonizadora, y despojo de los títulos colectivos coloniales. Hoy, después de 512 años, deben seguir resistiendo a los intereses de los terratenientes, del estado colombiano y las empresas multinacionales, con sus estrategias de presión, el conflicto armado, los señalamientos y el bloqueo económico. Allí La Muriel viene haciendo presencia, en compañía del ejército nacional, con el fin de adelantar trabajos de exploración en los territorios propios de los resguardos indígenas de Careperro, Murindó, Turriquitadó, Coredó, Citaguarodó, Guaguas, Coredocito y Jiguamiandó, en el Bajo Atrato Antioqueño, y en los Municipios de Murindó y Mutatá, sin que las comunidades hayan sido consultadas.
Este norte del Chocó y de Antioquia han sido golpeados por diferentes tipos de violencia, como modelos de represión, de control y de corrupción que persisten hasta el día de hoy; iniciando, como lo manifiesta la OIA, con el “arrasamiento colectivo, persecución selectiva, control de la población y de los bienes, ocupación territorial, explotación maderera-, agronegocios, explotación de recursos naturales, obras de infraestructura para el mercado mundial” y operaciones conjuntas entre el ejército y los grupos paramilitares, tales como la operación “Génesis” en 1996 y la operación “Tormenta del Atrato” en diciembre de 2002.
Para el colmo del irrespeto a las comunidades y la entrega de nuestro territorio a intereses privados, ni el gobierno nacional ni la Muriel adelantaron mecanismos para consultar a las comunidades negras e indígenas de la zona sobre la viabilidad del proyecto. Por el contrario, la empresa minera ha venido deforestando bosques naturales para la construcción de un helipuerto e instalación de campamentos en el cerro de Careperro, que tiene un significado ancestral y por lo tanto de protección cultural de las comunidades indígenas.
La Muriel con el propósito de entrar a los territorios indígenas ha utilizado artimañas como comprar a los lideres indígenas con comida, licor y ofreciendo dinero; reflejando dicha actuación una clara violación de los derechos de las comunidades indígenas y afro-descendientes de la zona.
Ante esta provocación y desconocimiento de las autoridades indígenas y sus pueblos, las comunidades indígenas afro descendientes en compañía de caponías (mestizos), con la fuerza de la Madre Tierra y sus espíritus, reiteraran la posición de no permitir la exploración ni muchos menos la explotación. Se han asentado en el cerro dispuestos a defender sus territorios; la organización indígena de Antioquia -OIA- ha realizado visitas de seguimiento constante para verificar la situación en la zona, como alimentación, salud y avance del proceso de asentamiento. Este asentamiento persistirá hasta que no salga completamente la empresa de sus territorios.
En las próximas fechas se hará una consulta legítima, donde le preguntarán a sus comunidades si desean la intervención de esta multinacional y así expresar una vez más, por medio de su ejemplar forma de organización, que no desean, ni permitirán que sus territorios sean usurpados por los terratenientes, multinacionales y cualquier otro interés que atente contra sus formas de vida. Ellos siguen resistiendo y gritando “! El Oro no lo necesitamos para vivir, el maíz y el patachuma (plátano) Sí!