Edición 35 - Noviembre 2008

Amo sus huesos…

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Hay en Colombia la costumbre por parte de los que nos gobiernan y por parte de sus medios de comunicación, que yo llamaría medios de desinformación, de maximizar acontecimientos y delitos y de minimizar e incluso invisibilizar situaciones, acontecimientos y delitos, todo según convenga al establecimiento.

Los secuestrados están en la selva en condiciones inaceptables como inaceptable es el secuestro. Pero por lo menos sabemos dónde están y conservamos muchas esperanzas de volverlos a ver y de recuperarlos para la sociedad y para sus familias. Y de hecho ya estarían en casa si no fuera por el orgullo e intransigencia del gobierno. Pero hay un delito que está por encima de todos los delitos, un delito que opaca a todos los demás delitos y que en sufrimiento, desconcierto y desesperanza no tiene igual: LA DESAPARICION FORZADA.

La desaparición forzada es el mayor delito de lesa humanidad. Y en Colombia es minimizado por el Estado y por los medios masivos. Y son precisamente las fuerzas de seguridad del Estado y las fuerzas paraestatales los mayores responsables de este delito. Con este delito se pone en una total incertidumbre a las familias de los desaparecidos: uno detrás de un prepotente general de la república para que le diga donde están los desaparecidos del Palacio de Justicia, o detrás de Mancuso o Gordo Lindo o don Berna para que le diga dónde está su ser querido y así sea con una mentira, le explique los porqué y los cómo de ese hecho.

En la desaparición forzada se combinan toda clase de delitos: Se secuestra a la persona, luego se tortura para que informe sobre lo que supuestamente sabe, luego se asesina y por último se oculta el cuerpo. Y terminada la pasión para la víctima, empieza el calvario para su familia.

A Juan lo he buscado por todas partes: He ido al campo y allí no está, he ido a la ciudad y tampoco allí está, he ido al cielo y tampoco allí me dan razón de él, he querido ir al limbo pero me han dicho que ese lugar ya no existe, he ido a los infiernos y allí no está, he ido a la morgue y no se encuentra allí, he querido ir al purgatorio pero las autoridades eclesiásticas no me han sabido dar las coordenadas exactas de ese lugar, he ido a la ilegalidad y no está, he ido a la luz y tampoco allí está.

He querido reclamar la pensión pero no puedo, he pretendido disfrutar su bienes y tampoco puedo, he querido volverme a enamorar pero…!qué tal que aparezca¡ ¡qué tal¡

Necesito encontrarlo, así sea en sus huesos, ya no es por él, es por mis hijos , por mi.

He encontrado un buen hombre: Es respetuoso, es amable, es responsable, es muy detallista pero…
!Que tal que aparezca ¡

Mis hijos han encontrado un buen amigo, un buen consejero, un buen apoyo, pero…!qué tal que aparezca¡

Mis noches de soledad y de ansiedad han encontrado una dulce tentación pero…!qué tal que aparezca¡

Estoy empezando a botar el susto, el pudor pero…!qué tal que aparezca¡

Ya lo espero y el día que no viene lo extraño pero… ¡que tal que aparezca¡

Me ha tomado de las manos en la soledad de la casa pero…!qué tal que aparezca¡

Necesito encontrarlo, necesito rehacer mi vida, necesito vivir. Necesito, por mis hijos y por mí, seguir el camino…

Ayúdenme por favor… encontrarlo quiero… AMO SUS HUESOS…

Gritado: ¡ A M O S U S H U E S O S ¡

Nota: hago un llamado a toda la humanidad para que me ayuden a poner este delito en el sitio de horror que le corresponde.

Los estudiantes decimos: “basta”

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