Recorriendo cientos de kilómetros desde el resguardo La María Piendamó, en el Cauca, y defendiéndose con lo que les brinda la Madre Tierra frente a las fuerzas de la represión que los quiso apabullar con armas sofisticadas de fuego, hicieron su entrada el sábado 25 de octubre de 2008 a la ciudad de Cali y se establecieron en la Universidad del Valle. Ese fin de semana la ciudad universitaria del Valle del Cauca pasó a convertirse en la ciudad de La Minga Indígena por la Vida, la Dignidad y la Resistencia.
Un muchacho de aproximadamente 16 años se encontraba en la entrada con un bastón de madera, cubierto en uno de los extremos con cintas amarillas, verdes y rojas, registrando y requisando a los que intentaban entrar. Como había muchísimos estudiantes y personas de diferentes sectores sociales que querían hacerlo, cerca de ocho jóvenes guardias organizaban la fila. Este detalle de la requisa me hizo recordar varias situaciones que he tenido con la fuerza pública, en donde lo que hacen es manifestar su trato despectivo hacia uno. Pero en este caso, al llegar mi turno, el joven guardia me preguntó respetuosamente el motivo de mi presencia y le expliqué que quería registrar estos acontecimientos para luego publicarlos y difundirlos en varios medios alternativos.
Adentro, con fogones de leña y con ollas y pailas, los indígenas preparaban y cocinaban sus alimentos traídos desde sus resguardos, muchos de ellos de su propia producción. “El secreto está en que todos aportamos lo poco o nada que tenemos, un pedazo de yuca, una libra de maíz y un racimo de guineo para la gran olla comunitaria. Una viejita de 88 años me dijo que quería marchar, pero que por su edad ya no podía y me dio mil pesos ¡Eso es grande!”, señaló Daniel Piñacué, un líder indígena del Cauca.
Empezamos a caminar desde la entrada y ¡Sorpresa! Algo estaba ocurriendo. Un cordón de Guardias Indígenas caminaba junto con cinco hombres y una mujer. ¿Qué pasó con ellos?, fue la pregunta que hicimos a uno de los guardias. “Son periodistas de RCN y Caracol que ingresaron sin permiso a la universidad en un helicóptero de la Policía Nacional. Por ello se está procediendo a acompañarlos hasta la salida”, aseguró. “La Guardia nos informó que era un helicóptero de la policía… como aquí hay un control férreo, los periodistas fueron invitados por la guardia a conversar sobre este asunto y la forma como entraron. Ellos reconocieron en primer lugar que no fueron retenidos y en segundo lugar que fue un error el hecho de haberse dejado utilizar por parte de la policía”, señaló momentos después de estos hechos Darío Tote, integrante de la comisión política del CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca) y miembro del Consejo de mayores del resguardo de Coconuco. A los periodistas les cayeron varias rechiflas, pero ellos se limitaron a caminar silenciosamente y sosteniendo miradas de seriedad y hasta de un poco de temor y vergüenza. Al final pudieron salir sin problemas.
El día transcurrió como en cualquier ciudad. En algunas partes había gente comiendo de lo que habían cocinado, mientras en las zonas verdes de la universidad se improvisaron canchas de fútbol. Una exposición de fotografía llamó la atención de muchos que pasaban por allí; eran sobre diferentes acontecimientos dentro de la minga como tropeles y choques con la policía, y sus recorridos; también había algunos retratos de personas integrantes de diferentes sindicatos y otros sectores sociales que fueron asesinadas por agentes paraestatales. Atrás de esta exposición había un parqueadero y allí un viejo campero rojo en donde estaban vendiendo chicha, una de las bebidas sagradas de los indígenas. La gente, aparte de acercarse a comprar la chicha, se quedaba allí deleitándose con la música de tres corteros de caña que, a juzgar por su acento, eran oriundos de Nariño. Estaban vestidos con su tradicional ropa de trabajo, sus machetes en las cubiertas y a un costado de su espalda, y su habitual pañoleta roja con la que se secan el sudor amarrada a sus cuellos. Uno de ellos tocaba la guacharaca y los otros dos, guitarras. La música autóctona que hablaba de sus vivencias como corteros y, en general, como campesinos, fue compuesta por ellos mismos.
Al anochecer, se llevó a cabo en la parte trasera de uno de los bloques un acto cultural en donde participaron algunos estudiantes de la Univalle, con bailes de salsa y otros ritmos musicales. Pero, en general, el ambiente entre la gente era de gran expectativa por la reunión al día siguiente con el presidente. La Consejera Mayor del CRIC, Aída Quilque Vivas, anunció la petición del presidente de que la reunión se llevara a cabo en las instalaciones del canal Telepacífico, lugar donde solamente cabían 250 personas. La idea de que los 40 mil indígenas no participaran generó de inmediato su rechazo y las rechiflas, y, por consenso, se anunció que “toda la minga indígena se hará presente en las instalaciones del CAM (Centro Administrativo Municipal) y no sería un consejo comunal como lo pretende el señor presidente, sino un espacio para el debate publico”. Y es que una de las políticas más fuertes que tienen los indígenas es que el pueblo posee la última palabra sobre las decisiones, de allí tanta insistencia para la participación de toda la minga.
Las exigencias de la minga al gobierno
Según Darío tote, las demandas y planteamientos que tenían preparadas los indígenas para el gobierno eran las siguientes:
1. El resarcimiento al buen nombre del movimiento indígena pero también que nos diga en la cara, frente a frente, si está reunido con el movimiento indígena o con los terroristas.
2. La violación de los derechos humanos dentro de los territorios indígenas como es el caso concreto de la Maria Piendamó. Allí hemos sido objetivo de guerra y nos han sacado prácticamente a bala.
3. Vamos a hablar sobre el decreto 982 que es el que tiene que ver con tierras. Hasta ahora el gobierno dice que el movimiento indígena tiene una buena cantidad de tierras, pero vamos a demostrarle la realidad. Hay que ver cuáles son las calidades que ofrecen los terrenos para poder producir
4. Cómo la fuerza pública va a hacer el reconocimiento a las familias que han sido víctimas del ESMAD, grupo que se ha convertido en un escuadrón de terror.
5. Vamos a decirle sobre la inconformidad del tratado de libre comercio y explicarle por qué no estamos de acuerdo.
Un domingo difícil pero en resistencia
Muy temprano, cerca de las 6 am, la mayoría de la gente estaba despierta y dispuesta a salir a marchar hasta el centro administrativo de Cali. Gente al lado de las cocinas desayunando arroz con hojuela (masa de harina frita) y un poco de café. Una ligera llovizna hace retrasar un poco la salida, pero esta no dura más de 20 minutos.
Se abren las puertas de la Univalle y una fracción de la guardia indígena sale adelante dirigiendo la marcha, entre tanto otras fracciones quedan pendientes organizando a los costados y a la cola de la muchedumbre. En la parte de adelante salen varios indígenas llevando a cuestas unos ataúdes con los nombres de las personas masacradas en los últimos tiempos y la fecha de su asesinato. Niños, ancianos, mujeres cargando a sus bebés, jóvenes; todos hacían parte de una ciudad ambulante a la que no le importaba hasta dónde había que caminar. Pancartas rechazando la política de Álvaro Uribe porque los están matando, porque les están violando sus derechos y, peor aun, porque se sigue asesinando sin piedad a la madre tierra. Un grito que desgarraba la garganta de un indígena contagiaba de alegría y motivación a los demás, siendo este correspondido: -¡Hasta cuaaando…hasta siempre!, ¡Bush y las multinacionales, fuera de nuestras tierras!
En el lugar del encuentro aguardaba un anillo de la fuerza pública que rodeaba los edificios públicos correspondientes a la Alcaldía de Cali, la Gobernación del Valle del Cauca y Emcali. Una tarima estaba por fuera de ese anillo y era el lugar en donde se iba a dirigir el debate público. Una gran cantidad de periodistas rodeó en unos instantes aquella tarima que se preveía sería el epicentro de este encuentro. La muchedumbre indígena se acomodó de frente a la tarima, resguardándose del inclemente sol en las sombras de los árboles. Sobre la tarima se presentaron varios indígenas de otros países como Ecuador, Perú y Bolivia, respaldando la Gran Minga. Luego los miembros del CRIC, de la ONIC y otras autoridades indígenas se acomodaron en la tarima. Sobre las 11:45 a.m. estaba todo coordinado para dar inicio a la asamblea popular. Pero sobre la tarima había una silla vacía, y era la del presidente Álvaro Uribe. La minga estaba impacientada por su ausencia, pero por consenso se decidió esperar su presencia hasta la 1 p.m.
Por vía telefónica, la comisión del gobierno sugirió a la representación indígena que el encuentro se llevara a cabo dentro de las instalaciones del Consejo Municipal de Cali con algunos delegados, y que se transmitiera por pantalla gigante sobre una de las paredes del edificio de la alcaldía toda la reunión, de modo que todos los asistentes lo siguieran de cerca. Uno de los líderes de la minga anunció esta solicitud del Gobierno y de nuevo el descontento no se hizo esperar por parte de los indígenas. “En la reunión participamos todos o nos vamos para Bogotá”, fue uno de los gritos que más se escuchó de los indígenas. Los ánimos se fueron subiendo y arreciaron de todas partes las arengas contra el gobierno.
La estrategia del gobierno
Sobre las 4 p.m., decepcionados de la espera, empezaron los indígenas el regreso en algunas chivas que habían llegado para recogerlos y otros optaron por el transporte público. Media hora después llegaron 3 automóviles blindados escoltados por varias motos. Era el ministro del interior y de justicia, Fabio Valencia Cossio, quien fracasó en su intento de subir a la tarima porque la guardia indígena, que acordonaba el acceso a la tarima, se lo impidió.
La mayoría de los indígenas continuaron su salida hacia la universidad, y cuando ya quedaban unos pocos llegó el “inesperado esperado”. El presidente Álvaro Uribe se ubicó sobre un puente peatonal que estaba cerca a la tarima con un megáfono a dar el “consejo comunitario”. Los pocos indígenas que quedaban allí lo empezaron a rechiflar y a exigirle respeto. “Paraco, Paraco, Paraco”, era lo que gritaban los pocos que aun permanecían allí, mientras que el presidente emitía por el megáfono varios informes y las cifras sobre su gestión. Se defendía de los ataques verbales diciendo: -“los únicos que me dicen paraco son los de la FARC… critíquenme con argumentos, porque yo no soy ningún paraco”. Para bajar los ánimos, algunos indígenas le propusieron al presidente cancelar agenda nacional y que se reunieran al día siguiente, el lunes 27 de octubre, en el estadio Pascual Guerrero de Cali, para que pudiera asistir toda la minga indígena, propuesta que no fue posible realizar por negativa del gobierno.
De la minga indígena a la minga popular
Al Lunes 27 la minga indígena entró en asamblea permanente para discutir cuál era el paso a seguir. Muchos querían emprender el viaje para Bogotá para reunirse de nuevo con el mandatario nacional, pero las condiciones estratégicas eran un gran impedimento. Las reservas de comida, que estaban escaseando, y el desgaste físico fueron los factores que motivaron el regreso a la Maria Piendamó para reabastecerse y coger de nuevo fuerzas. Pero el domingo 2 de noviembre de 2008, el gobierno viajó hasta La María Piendamó y pudo realizarse al fin la anhelada reunión con la minga indígena, aunque el presidente llegó de nuevo dos horas retrasado.
Estos avances, según el movimiento indígena, no tocan los puntos centrales de sus demandas y, además, los condicionamientos que les pone el gobierno prácticamente los minimiza. Por eso, al final de la misma reunión y frente al gobierno, la minga indígena tomó la decisión de continuar la movilización. “Que nos esperen en Bogotá, porque la minga continúa por el debate publico”, fue la conclusión de los indígenas, terminada la reunión que duró cerca de seis horas.