Edición 36 - Enero 2009

Cuba: Rebeldía, heroísmo y futuro

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Llegamos a Cuba el 24 de diciembre, casi a las 12 de la noche; era navidad y día festivo en Cuba. El 25 es el primer día para comenzar a caminar por la Habana. Caminar por la Habana el 25 era comenzar a conocer una ciudad en tranquilidad, porque era día feriado. Estábamos en el sector de Miramar, posiblemente el mejor barrio de la Habana, con unas casas grandes, muy lindas, que antes pertenecían a la burguesía cubana y que con el triunfo de la revolución muchas pasaron a propiedad de campesinos. Es el sector donde están ubicadas las embajadas y algunos hoteles lujosos.

 

Recorriendo la Habana
Caminamos por la avenida 5ta, que atraviesa el barrio, una avenida amplia, grande pero con una zona totalmente pensada para que se pueda caminar por ella, no solo para la velocidad de los autos. Después decidimos subir por alguna de las calles y poco a poco fuimos dejando el barrio Miramar, las calles fueron cambiando, se fue haciendo un ambiente más popular. Comenzamos a ver los murales “mensajes pintados en las paredes”, la imagen de Fidel, Camilo y el Che comienzan a verse por las calles, por los barrios, los mensajes de apoyo y continuidad de la revolución, de saludo al aniversario. Adentrarse en los barrios fue conocer muchas casas que decían en su fachada “sede de CDR”, casas que se ven en todos los barrios y en muchas calles y que sirven de sede a los Comités de Defensa de la Revolución. Estas imágenes, la de los CDR, también están pintadas por todos lados, un campesino con un machete en actitud de defensa.

Cuando llevabamos unas 3 horas de caminar por los barrios y sin saber dónde estábamos, decidimos acercarnos a una estación de gasolina, Oro negro, como se llaman y preguntar a alguna señora, ¿En qué lugar estamos, cómo se llama? “Acá se llama Buena Vista… Buena Vista Social Club”. Fue el fin de nuestra caminata inicial. Entonces le decimos a la señora que nos orientara para ir a la Plaza de la Revolución, ella nos sugiere tomar la guagua y nos pregunta si tenemos pesos cubanos nacionales. Al enterarse que no tenemos, entra a su casa y al momento vuelve con un peso en la mano y nos lo da para que paguemos la guagua, nos explica que con esto pagamos los dos.

Cuba no es lo mismo, Cuba es diferente. Sus calles llevan ese sello encantador de un pueblo que piensa más en la gente que en los desarrollos tecnológicos. Es la sensación que le queda a muchos visitantes y posiblemente algo que genera muchas quejas. Caminando por la Habana se juntan varios sentimientos, conocer una ciudad moderna, organizada, que poco a poco va mostrando sus progresos. El mítico “camello”, tractor convertido en bus, ya no existe en la Habana, las guaguas ahora son buses nuevos, que cumplen de muy buena forma con el transporte de la ciudad. Las calles de los barrios son limpias, organizadas.

Tomamos entonces la guagua, que ahora son buses iguales a los del transmilenio en Bogotá, sin saber dónde bajarnos, todavía no teníamos un mapa. Solo por curiosidad nos bajamos en un lugar donde vimos que se bajaba mucha gente y lo primero que nos encontramos es un monumento al “Quijote de la Mancha”. Esto no era cerca de la Plaza de la Revolución, pero igual queríamos conocer todo. El sector se llama “El Vedado” y esta avenida bonita “La Rampa”. Con el viento fuerte en contra bajamos rumbo al Malecón que queda al finalizar la avenida. Allí aparecen de nuevo las imágenes de Fidel y Camilo, afiches pegados en las vitrinas, en todas, de saludo al 50 aniversario. En el barrio habíamos visto muy pocos turistas, pero allí pululaban.

El malecón es hermoso, un lugar de descanso y encuentro de muchos habaneros; algunas parejas, muchas sombras, también muchas familias pasando el rato, gozando del mar, del viento, del tiempo lento en un día feriado. Tiene 8 kilómetros de longitud y entre otras contiene la Habana vieja, pasando por el Vedado y la Rampa, luego la tribuna antiimperialista José Martí, lugar de concentración y eventos culturales y políticos. El mar evoca a Hemingway, al Granma, y a Playa Girón.

De camino al cementerio Colón, pasamos por otro sector del Vedado, un barrio muy grande; descubrimos que las calles van numeradas en números pares y las carreras en impares; en el sector de la rampa hacia el malecón, en cambio, se conocen con letras y nombres de las calles. Nos fuimos encontrando almacenes de suministros de alimentos del Estado para la canasta básica (un mercado para el mes) a la cual todos los cubanos tienen derecho, y un mercado agropecuario en moneda nacional, lugar donde mercan los cubanos. El cementerio es grande y, para nosotros, extraño. Mausoleos grandes de los combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; enormes construcciones contienen los restos de algunos héroes, en este caso no tan anónimos, de Cuba.

Salimos por la parte trasera del cementerio, al sector del nuevo vedado, vamos buscando el zoológico. Bajamos buscando la avenida de la Independencia y nuevamente salimos de los barrios para entrar en una avenida amplia y muy bonita. En todo el camino hay saludos y mensajes de continuidad a la revolución en las fachadas de las casas, con letreros muy elaborados o hechos a mano.

La avenida de la independencia nos lleva a la Plaza de la Revolución, símbolo de la Habana; en ella se han hecho las mayores concentraciones, y es desde donde Fidel le ha hablado al pueblo cubano y al mundo entero en innumerables ocasiones. Llegar a la Plaza de la Eevolución es sentirse en un lugar histórico, es el Che Guevara vigilante, es Martí y el memorial en su nombre custodiando el lugar de la gente. Martí y el Che son los personajes permanentes de la plaza, Fidel y Raúl los visitan y congregan al pueblo, ahí se complementan historia, presente y futuro de la revolución.

Bajamos por la Rampa hacia el malecón, tomamos rumbo a la Habana, caminamos y disfrutamos de las casas que dan al mar, esas viejas pero imponentes casas, altas, con grandes columnas que las hacen fuertes para resistir el tiempo, el desgaste y hasta los huracanes. Al borde del malecón algunos niños juegan, se tiran al mar donde pueden, pues no hay playa, todo es roca, otros pescan desde la parte alta. Carros antiguos remodelados, no todos, recorren las calles todo el día, algunos de estos son taxis para los cubanos. En el malecón se ve pasar todo el día un peculiar transporte para el turista, los “cocotaxis” que por 3 o 4 pesos te llevan a la zona turística de la Habana Vieja, donde está la “Bodeguita del Medio”, la plaza de armas y el museo de la revolución, antiguo edificio de gobierno que fue convertido en museo. La Habana Vieja se convierte para el turista en el lugar de contraste, lugar diseñado y remodelado para el turista y que limita con Centro Habana, que aunque tiene iguales construcciones, no están remodeladas ni pintadas, no son para el turista, esto genera un aspecto diferente.

Nuestra Anfitriona
Cuando llegamos a La Habana, nos hospedamos en casa de una señora hermosa, doña Iris. Cálida pero igualmente llena de dignidad y orgullo. Del orgullo de saber que su madre fue combatiente con Fidel en la Sierra Maestra. Cada conversación con ella era una clase de historia cubana en la que conocimos tantas anécdotas del proceso revolucionario. Su madre, doña Rita, aprendió a disparar teniendo como instructor al mismo Fidel. Cuenta que era zurda y graciosamente le daba mal genio por su mala puntería. Dice que existía un grupo de mujeres combatientes que fueron de gran aporte a la revolución, combatiendo o en labores de propaganda e información a través de Radio Rebelde, creada en la Sierra en 1958 y todavía al aire en la radio cubana. Nos enseña las fotos de su madre que fue delegada al primer congreso del Partido Comunista de Cuba, las fotos con Fidel y sus demás compañeras.

Orgullosa de su historia, la de su familia y la de Cuba, doña Iris es de esa generación de cubanos que vivió todo el proceso de revolución y transformación; ella describe muy bien los logros del proceso, también sabe que hay cosas por mejorar pero confía en que se trabaja para ello. Ella era una campesina de un pueblo de provincia, Bartolomé Masó, su familia después del triunfo de la revolución vino a la Habana, los otros que se quedaron junto con los demás campesinos de la Sierra después del triunfo de la revolución pudieron estudiar y prepararse académicamente y seguir siendo campesinos.

Camino de Santiago

El 31 de diciembre tomamos bus rumbo a Santiago, capital de las antiguas provincias del oriente, dado que en la Habana no se iba a realizar actos políticos de celebración por los 50 años de revolución. Allí en Santiago, en cambio, se realizaron actividades culturales durante varias semanas de diciembre, como la feria “leer la historia”, muestra y venta de libros por la celebración; estas actividades terminarían con grandes conciertos en la tribuna antiimperialista y en centros determinados de los barrios. Raúl Castro se iba a dirigir en acto público a los cubanos desde la plaza Céspedes en el centro de Santiago, desde el mismo lugar donde habló Fidel a los cubanos ese primero de enero de 1959 cuando en el triunfo de la revolución se toman Santiago y comienzan el avance hacia La Habana con Camilo y el Che. En todo caso se sabía que no habría grandes actos de celebración organizados por el gobierno, y la gente misma decía que era por las dificultades económicas que enfrentaba la isla después de los huracanes que la azotaron en el último año.

Al caminar en Santiago se siente la misma sensación de orgullo, el de ellos y el nuestro, de estar ahí. Acá, además de los letreros y vallas de saludo a la revolución, se ven muchos resaltando la labor de la ciudad en los diferentes procesos revolucionarios: “Santiago bastión de la revolución” y “Santiago es Rebelde, hospitalaria y heroica”. Como todo el oriente, Santiago está en el nacimiento de las montañas y se siente la diferencia con la Habana, que es casi toda plana. El centro está en una pequeña montaña que sube desde la bahía. Sus calles también son limpias y organizadas; aunque es la segunda ciudad de Cuba, tiene en algunos sectores un aire a pueblo, a campo, a provincia.

Caminar por Santiago es recorrer una ciudad histórica, donde se realizó el alzamiento popular en cabeza de Frank País ese 30 de noviembre del 56 como apoyo al desembarco del Granma. De camino a la casa donde nos alojaríamos pasamos por la parte trasera del cuartel Moncada, una especie de fortaleza de color ocre, en donde las tropas de Fidel intentaron la toma el 26 de julio del 53 y que todavía conserva en sus paredes exteriores los tiros del enfrentamiento registrado. Ahora en el cuartel funciona un colegio, como cumplimiento de la promesa de Fidel de convertir todos los cuarteles militares de la dictadura en colegios y centros de estudio.

Las calles de Santiago son más estrechas, hay menos carros, menos congestión, más tranquilidad. Desde la parte alta de la ciudad se ven abajo la bahía y al fondo las montañas del oriente, de la Sierra, esas desde donde combatía el ejército rebelde al mando de Fidel.

Un anciano excombatiente
A unas cuadras de la plaza central, encontramos la casa de alojamiento. En ella viven dos ancianos muy cálidos, él, don Noel, excombatiente de la lucha revolucionaria y miembro del partido, y ella, Doña Pilar, Ex integrante del Partido. Qué mejor alojamiento podríamos tener. Con ellos hubo mucha cercanía desde que llegamos. Don Noel, orgulloso, desde temprano sacó sus medallas, las 9 que tiene por su historia de combatiente, y comenzó a contarnos sus anécdotas, su presencia en el segundo frente de guerra oriental bajo el mando de Raúl Castro. Ingresó muy joven, a los 16 años. Dice que muchos jóvenes en Santiago pertenecían a la lucha clandestina o se incorporaban al ejército en La Sierra. Don Noel o “el enfermero”, como le decían porque era el encargado de las medicinas, fue herido en una de sus piernas durante un enfrentamiento con tropas del ejército de Batista. De ello conserva unas secuelas que no lo dejan caminar bien; sin embargo, aunque cojo, camina firme.

Cuenta cómo mataron a Frank País, líder de la guerra clandestina desde Santiago y que había organizado varias actividades conspirativas e insurrecciónales. Fue descubierto en una redada del ejército e identificado por uno de los soldados. Ahí mismo lo asesinaron en una de las casas donde era escondido por algunos pobladores cercanos a la lucha.

Una celebración más que austera
Desde las 2 de la tarde era la cita para ellos, para los invitados, pues al evento central de celebración había que entrar con invitación. Y los invitados eran algunos miembros del partido y excombatientes, un grupo de casi 3.000 personas, entre las que estaba don Noel, invitadas para presenciar el acto de celebración y las palabras de Raúl Castro.

Desde temprano, la numerosa cantidad de visitantes de muchos países nos fuimos congregando en un parque cerca de la plaza Céspedes, donde está la sede del Partido Comunista en Santiago, el parque Dolores. Teníamos la ilusión de que nos dejaran acercar siquiera a una cuadra de la plaza y desde ahí presenciar el acto y las palabras. Esto no se dio, las medidas de seguridad eran fuertes e inmodificables. En mi terquedad todavía me pregunto por qué no se hizo un acto sencillo y público, con el pueblo, y me digo que el gobierno tendría sus razones. Ellos, los cubanos, también tendrían que verlo por televisión y eso hicimos nosotros también, en la casa de nuestros anfitriones, al lado de doña Pilar, quien por no ser invitada tampoco pudo acompañar a su esposo.
Allí, frente al televisor y al lado de una familia cubana asistimos a la celebración de los cincuenta años de la revolución, no como cada uno pensó que se haría, sino como se hizo. Estuvimos en ese momento histórico compartiendo con el pueblo cubano, de la forma que definieron hacerlo, sin más. Escuchando las palabras de Raúl que prometía profundizar en los caminos de la revolución con las transformaciones que fueran necesarias para sostenerla.

La otra versión de DMG

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