Edición 37 - Febrero 2009

Más de 10 años de impunidad

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En Octubre de 2007, un desmovilizado de las otrora Autodefensas Unidas de Santander y el Cesar (AUSAC), motivado por la recompensa ofrecida por el Gobierno, se comprometió a señalar el lugar donde se habían enterrado algunos cuerpos pertenecientes a los desaparecidos del 16 de Mayo. La Fiscalía ubicó las coordenadas y encontró allí los restos de seis personas. 14 meses después, habiéndose realizado el respectivo análisis y cotejado el parentesco a través de la prueba de ADN, la Fiscalía General de la Nación anunció que cinco de estos restos pertenecían a los desaparecidos el 16 de Mayo de 1998.

LOS HECHOS

El 16 de Mayo de 1998, a las 8:30 P.M, tres vehículos con cuarenta hombres armados entraron por la parte noreste de Barrancabermeja. Se detuvieron en el bar “La Tora” y maltrataron a dos hombres obligándolos a subir en uno de los camiones. Luego se dirigieron al norte, hacia una cancha de fútbol en donde se realizaba un bazar popular. Allí obligaron a las personas a tirarse boca abajo, calificándolos de guerrilleros.

Obligaron a algunas personas a subirse a los camiones; uno de ellos, por haberse resistido, lo degollaron delante de todos. Después se dirigieron al barrio 9 de Abril, entraron a un salón de billar y se llevaron a la fuerza a tres personas que se encontraban en el lugar. Caminando por el barrio se acercaron a un grupo de personas que jugaban tejo, una de ellas intentó huir y fue acribillada, las tres restantes fueron llevadas a los camiones. Habiendo bloqueado la ruta principal del sector, los paramilitares dispararon hacia un pequeño bosque en donde ciertas personas se habían escondido. Hay que subrayar que los disparos se podían escuchar perfectamente desde la instalación militar llamada Pozo Siete, y, además, la barricada de los paramilitares era visible desde otra instalación militar que custodia una termoeléctrica que se encuentra en el sector. A pesar de todo, las fuerzas del ejército del lugar permanecieron inmóviles permitiendo que los paramilitares asesinaran a siete personas y desaparecieran a 25.

¿POR QUÉ LOS MATARON?

El otrora jefe paramilitar del Bloque Central Bolívar, Rodrigo Pérez Alzate, alias “Julián Bolívar”, hoy preso en la cárcel de Itagüí y acogido a la Ley de Justicia y Paz, en versión libre ante un fiscal de Justicia y Paz, reconoció que el asesinato de siete personas y la desaparición de 25 había sido un error porque todos ellos eran inocentes. Dijo que esta acción había sido una grave equivocación de “Camilo Morantes”, comandante de entonces, y que por eso “Carlos Castaño” había ordenado su muerte.

Pastoral Social de la Diócesis de Barrancabermeja considera que esta masacre se dio por la necesidad de privatizar a Ecopetrol, por la urgencia de avanzar en la siembra de miles de hectáreas de palma y caucho, por evitar que se siguieran reclamando los derechos fundamentales, por la necesidad de concretar mega-proyectos relacionados con la hidroeléctrica del sogamoso y por la extracción del oro, el carbón y el petróleo que hay en la región del Magdalena Medio. “Por eso fue que los mataron” señaló la diócesis.

¿QUÉ HA SIGNIFICADO PARA BARRANCABERMEJA?
El caso del 16 de Mayo se ha convertido en un hecho emblemático que divide nuestra historia reciente: allá quedó la Barrancabermeja convulsionada por los problemas de orden público, producto de la corrupción administrativa, la ausencia de políticas orientadas a superar la pobreza, la profundización de una política extractiva de recursos naturales, el mantenimiento y creación de redes sociales, así como una presencia significativa de grupos insurgentes en el casco urbano y rural. A partir del 16 de Mayo inicia la toma a sangre y fuego por parte de los paramilitares de todo el casco urbano de la ciudad, con la connivencia de los organismos de seguridad del Estado. De esta forma se anuncia una nueva era, después de copar espacios políticos, de la justicia se concreta la era de la ilegalidad, es decir, la era del dominio paramilitar.

La presencia de los nuevos actores violentos profundizó la corrupción, el saqueo, detuvo las dinámicas sociales de exigibilidad y acrecentó las estadísticas relacionadas con violaciones de los derechos humanos. Hoy podemos demostrar que con el posicionamiento paramilitar en Barrancabermeja se legalizó la pena de muerte, se vendió a Ecopetrol a intereses privados, se ferió el presupuesto municipal, se incrementó el hurto a la gasolina y el tráfico de estupefacientes, se implementó un control  social desde los barrios y calles de toda la ciudad por parte de empresas de seguridad privada de propiedad del paramilitarismo, se legitimó la amenaza, el chantaje, el desplazamiento y la desaparición forzada de personas, se entregó el poder político a los señores de la guerra.

Lo que pasó el 16 de Mayo de 1998 y lo que ha ocurrido en la ciudad hasta hoy, amparados en la presencia del actor paramilitar, es la violación sistemática y permanente por parte del Estado de los derechos humanos. Entendemos  los DDHH como atributos, prerrogativas y libertades que se le reconocen a un ser humano por el simple hecho de serlo, e indispensables para una vida digna. Sin ellos no es posible un desarrollo civilizado de personas y de pueblos, en el que prevalezcan la libertad, el respeto al derecho del otro, la justicia, la equidad, la tolerancia y la solidaridad. Esos excesos tienen responsables y ellos deben pagar los daños causados. Es por eso que nuestro compromiso, el de los familiares del 16 de Mayo y el de las organizaciones sociales y defensoras de DDHH, es la lucha porque se conozca toda la verdad, se castigue a los responsables, se repare a las víctimas y se garantice que estos hechos monstruosos no se volverán a perpetrar.

Los familiares de las víctimas del 16 de Mayo, en su lucha por la exigibilidad de los derechos, le han dado al mundo un ejemplo de dignidad y de dignificación de sus seres queridos, porque entienden que tal dignidad constituye la fuente de todos los derechos humanos.

¿QUÉ HEMOS CONSEGUIDO EN MÁS DE 10 AÑOS?
Para hacer realidad la aplicación de las normas y mecanismos que garantizan la verdad, la justicia y la reparación, es fundamental la organización de las comunidades excluidas y gravemente vulneradas que exigen el respeto a sus derechos. Un ejemplo de lucha contra la impunidad en Colombia, es el proceso que libraron los familiares de las víctimas y otros sectores democráticos para que se tipificara el “delito de desaparición forzada de personas”. Efectivamente solo hasta el año 2000 este crimen fue incluido en el Código Penal Colombiano como conducta castigable, y con penas para los responsables; además se crearon mecanismos específicos, como los de “búsqueda urgente” y “protección a los bienes de los desaparecidos” , entre otros.

El Tribunal Internacional de Opinión (TIO):
Como consecuencia de la lentitud de las diferentes investigaciones de carácter penal y disciplinario, y convencidos de que al impunidad constituye un obstáculo fundamental para la vigencia de los DDHH y de los pueblos, más de trescientas organizaciones y familiares de las víctimas hicieron un llamado para una campaña nacional e internacional, con el propósito de crear conciencia sobre la masacre ocurrida y la situación crítica de los derechos humanos en Colombia.

A raíz de ello, surgió el Tribunal Internacional de Opinión (TIO), que sesionó durante los días 14, 15 y 16 de Mayo de 1999 en Barrancabermeja. Su misión fundamental fue la de verificar el derecho universal y efectivo de los derechos de los pueblos y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, determinando si tales derechos fueron violados con los hechos del 16 de Mayo, examinando las causas de tales violaciones y denunciando a los autores materiales e intelectuales ante la opinión pública nacional e internacional. Luego, en apoyo a la campaña, “Barranca clama justicia”, se realizaron dos tribunales más en Canadá; uno en Toronto y otro en Montreal, cuya tarea principal fue determinar si existía responsabilidad de Estado colombiano por acción u omisión en los hechos ocurridos.

El tribunal que se adelantó, pertenece al género de los tribunales de Opinión, que no reciben su investidura de ningún poder estatal, sino de la conciencia ética de la humanidad, expresada en personalidades destacadas del mundo de la ciencia, del arte, de la religión, de la política, etc. Sus dimensiones tampoco tienen poder vinculante, más bien constituyen juicios éticos contra los responsables, y en determinado momento, además de contribuir en el esclarecimiento de la verdad, pueden servir de presión internacional para que los Estados tomen las medidas necesarias en materia de justicia y reparación.

El resultado de los tribunales fue contundente: “el Estado es responsable por acción y por omisión de la masacre de 7 personas y la desaparición de 25 personas más en el barrio Mariaeugenia del municipio de Barrancabermeja Colombia, hechos ocurridos el 16 de Mayo de 1998”

Dado que los recursos de justicia interna se encuentran agotados por la impunidad se tomó la decisión de presentar el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, y hoy se espera que esta acuse al Estado colombiano ante la Corte Interamericana por su responsabilidad dentro de los hechos.

¿QUÉ DEBEMOS SEGUIR HACIENDO?
Los hechos del 16 de Mayo ha sido generador de más violencia debido a la reacción natural de familiares que en búsqueda de la verdad han pagado con su vida esta osadía. Recordemos a Elizabeth Cañas Cano, madre de Giovanni herrera Cano y Hermana de José Milton Cañas Cano, fundadora de la Asociación de Familiares de Desaparecidos del Magdalena Medio y testigo en los Tribunales de Opinión realizados en Colombia y Canadá. Elizabeth fue asesinada por paramilitares en el casco urbano de Barrancabermeja el 11 de Julio de 2000. Otros cinco familiares, un padre y cuatro hermanos de las víctimas, también han sido asesinados por “arañar” a la justicia para que actúe y cumpla con su responsabilidad constitucional.

El 23 de Enero del presente año fueron entregados los restos de Ricky Nelson García Amador, Wilson Pacheco Quiroz, Ender González Baena, Oswaldo Enrique Vásquez Quiñones, Oscar Leonel Barrera Santa, todos ellos desaparecidos el 16 de Mayo de 1998. El 24 de Enero, después de darle sagrada sepultura a los restos, las organizaciones que participaron en las exequias recibieron una amenaza de muerte, firmada por las “Águilas Negras” donde dicen: “SIGAN HACIENDO ACTICOS GUEVONES QUE TENDRÁN EL MISMO FUTURO… HIJUEPUTAS LOS VAMOS A MATAR…”

Esta historia de dolor y lágrimas ha dejado grietas enormes en nuestros corazones, grietas que nunca van a cerrarse. Pero también ha dejado, y es triste que fuera a este precio, beneficios para la construcción de nuestra presente y futura sociedad. Con esta historia de dolor que inicia con los hechos del 16 de Mayo aprendimos….
– Que la dignidad es un valor irrenunciable al que todos debemos rendir tributo
– Que la memoria es el poder que nos pone de cara a la verdad
– Que el olvido es la mayor traición para con las víctimas
– Que la organización y la exigibilidad de los derechos son el camino a la justicia
– Que reconociéndonos como víctimas somos constructores de Paz
– Que la solidaridad es la ternura de los pueblos, y
– Que a nuestros muertos no los enterramos, los sembramos en el fértil campo de la esperanza, no porque la esperanza sea lo último que se pierda sino porque ella nos ayuda a continuar la marcha para secar nuestras lágrimas y para superar el dolor.

Mesa de vida y territorio en el Sur de Bolívar

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