Edición 40 - Mayo 2009

¡Hijos de P…residente!

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El presidente ilegítimo e ilegal que manda en este país, como si fuera su hacienda privada del Uberrimo, anunció que su gobierno iba a ser el abanderado de (la lucha contra) la corrupción, lo cual ha cumplido al pie de la letra porque nunca antes en la historia de Colombia había existido un régimen tan corrupto, con claros visos de criminalidad, hasta el punto que para poder entenderlo es indispensable leer la historia de la mafia siciliana o de la Cosa Nostra.

En efecto, la corrupción se ha entronizado en todos los ámbitos relacionados con el régimen: los altos funcionarios (Ministros, Jefes de Instituciones del Estado y otros) en lugar de hoja de vida exhiben un prontuario delictivo, en el que se destacan sus nexos directos e indirectos con capos del narcotráfico y jefes paramilitares; una cantidad inaudita de parlamentarios de los partidos uribistas son los portavoces políticos de la motosierra homicida; en las fuerzas armadas, convertidas en una de las máquinas de matar más cínicas del mundo, campean los manejos turbios de los cuantiosos dineros que corresponden a un descomunal presupuesto, nutrido además por los millones de dólares provenientes del Plan Colombia; el Ministro de Defensa (sic) no tiene vergüenza en usar, y en justificarlo como algo normal, los helicópteros del Ejército para trasladar a su familia a su finca de veraneo, cerca de Bogotá. Es tan corrupto este régimen que desde su entronización en el 2002, como lo denunció el Jefe de Informática del DAS, las elecciones en la Costa Atlántica reportaron un fraude de unos 400 mil votos, a favor, por supuesto de AUV.

La apropiación fraudulenta de recursos del erario público por parte del régimen para efectuar su propia campaña reeleccionsita, el pago de dineros para pagar propagandistas (empezando por reconocidos periodistas) y abogados para que hagan lobby en los Estados Unidos con el fin de aprobar el Tratado de Libre Comercio, son otros ejemplos de esta “honradez” generalizada. No podía faltar como otra expresión de dicha corrupción el nepotismo, tan propio de los regímenes de tipo mafioso, si recordamos que una de sus características distintivas es la constitución de clanes familiares, privados, que se lucran por sus nexos directos con el Estado, o mejor, que privatizan el Estado para obtener beneficios para la familia.

En este sentido, los hijos de P(api) siguen la tradición familiar de efectuar maniobras fraudulentas desde temprana edad, para demostrar su capacidad en los asuntos traquetos y mafiosos y probar que ya están preparados para heredar los negocios de la familia. Esto, además, se sustenta en esa lógica criminal que se populariza todos los días en este país y que se expresa diciendo que “todo vale”, “todo se puede” y no deben haber obstáculos para los colombianos porque somos “echados p’lante”. Y esto lo ha demostrado desde muy temprano uno de ellos, Jerónimo, alias Jerry, porque desde cuando era estudiante de la Universidad de los Andes fue descubierto en flagrancia por plagiar un simple trabajo académico, lo que significó que le fuera impuesta una sanción en esa Universidad. Su hermano mayor, Tomás, alias Tom, tampoco se queda atrás si recordamos sus turbias relaciones con David Murcia Guzmán, un simple testaferro del capital narcotraqueto.

Lo que acaban de hacer Tom y Jerry en los terrenos donde se construirá la zona franca de occidente, situada en Mosquera (Cundinamarca), es otra expresión adicional de la corrupción del entorno presidencial, ya que aprovecharon su privilegiada posición para obtener la valorización de unos predios cuyo avalúo pasó en el lapso de una hora de 30 millones de pesos a más de 3000 millones de pesos, con lo cual su inversión se valorizó 100 veces, con un margen de ganancia envidiable para cualquier capitalista y especulador del mundo. Para completar el fraude, el propio AUV ha declarado que los inversores de la zona franca van a ser favorecidos por la reducción de impuestos. Hasta tal punto les ha ido de maravillas a estos “arriesgados y precoces empresarios” que una de sus empresas, Residuos Ecoeficiencia, se constituyó en el 2003 con un capital inicial de 10 millones de pesos, en el mismo instante en que Jerry hacia fraude en la Universidad de los Andes, y cinco años después el capital pagado de esa empresa es superior a los mil millones de pesos.

La habilidad de los “angelitos”, a los que los plumíferos a sueldo tildan de “audaces empresarios”, no se queda ahí, porque con una de sus numerosas empresas han decidido, con el obvio apoyo del hacendado del Uberrimo, apropiarse del manejo de la basura, con lo cual se va a impedir que los recicladotes (que pertenecen a los más pobres entre los pobres) sigan malviviendo de los desechos urbanos. De ese negocio también se van a apropiar Tom y Jerry y para ello se van a dedicar al “tratamiento técnico” de los residuos, como lo deben hacer los “empresarios de alta alcurnia”. Para eso, su padre, desde la Presidencia de la República, les confeccionó una ley hecha a su medida, la 1259 de diciembre de 2008, en la cual se les prohíbe a los pobres esculcar en las canecas y talegos de basura y trasladar residuos de un lugar a otro, porque eso ahora lo van a hacer las “gentes de bien”, como nuestros precoces empresarios paisas, con la técnica y sofisticación del caso, y con una entidad constituida para el negocio, que responde al nombre cínico, para que no quede duda, de Residuos Ecoeficiencia. De esta forma, los pobres son lanzados literalmente a la basura, mientras que la basura se convierte en un negocio para los ricos, que disponen de capital y técnica para moverse con eficiencia criminal en el lucrativo negocio, recién descubierto en Colombia, de convertir los desechos en fuente de ganancias.

Ante tamaño descaro, vale preguntarse si ¿cualquier joven de este país puede construir una empresa de estas características en pocos meses y convertirse en multimillonario de la noche a la mañana, vendiendo basura o diversificando sus actividades, como dicen los tecnócratas uniandinos, con la inversión en los terrenos donde se va a construir una zona franca? ¿Los jóvenes asesinados, por el solo hecho de ser pobres, a lo largo y ancho de Colombia (de Soacha a Ocaña), tuvieron las oportunidades de los hijos del Ejecutivo para enriquecerse en poco tiempo? Una cosa queda clara, este es un típico ejemplo de una política de clase, puesto que mientras los ricos y poderosos tienen todo tipo de gabelas, en la que se incluye propaganda gratis por los medios de comunicación, a los pobres sólo les queda esperar que en cualquier esquina los asesinen los escuadrones “legales” de la muerte para mostrarlos como “terroristas dados de baja en combate”. Así, se comprueba que hay una reducción de la pobreza de una manera simple, matando a los pobres, los cuales ahora ni siquiera pueden reciclar basura porque por ese solo hecho son considerados por el uribismo como peligrosos delincuentes, mientras que los hijos del P(residente) son considerados como esforzados empresarios que con su “propio esfuerzo y dedicación” han hecho una cuantiosa fortuna, y con eso están engrandeciendo a esa otra P que es la Patria, un apelativo que se debe usar para referirse a las haciendas, caballos y peones de los terratenientes, ganaderos, gamonales, banqueros, narcos y paramilitares que son los verdaderos dueños de este país.

 

Asedio político en la Universidad Industrial de Santander

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