Edición 40 - Mayo 2009

El movimiento de los sin tierra en Brasil

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El Movimiento Sin Tierra de Brasil es hoy en día uno de los más destacados referentes políticos de la izquierda anticapitalista en el mundo. En el marco de los veinticinco años de la creación del MST (1984), tuvimos la oportunidad de conversar con Lucineide Barros Madeiros, quien por estos días visita a nuestro país. Lucineide es militante de movimientos sociales desde finales de la década de 1970 y profesora del Centro de Ciencias de la Educación de la Universidad Estadual de Piaui – Uespi.

 

¿Cuál es el contexto social en el que surge el MST?

Antes de todo debo decir que no soy dirigente del MST y que habló desde dos lugares: desde una militancia en movimientos sociales populares desde el final de la década de 1970; y como investigadora que actualmente estudia la educación en el campo, practicada por el MST, desde la experiencia que tuve en el período de 1994 a 1997 en la coordinación pedagógica de cursos de Educación del Campo, promovidos por el MST en mi Estado, el Piaui, que está localizado en la región Nordeste de Brasil. Sobre la pregunta, yo destacaría dos elementos fuertes que marcan el contexto de surgimiento del MST: el primero es respecto a la continuidad de un proceso histórico de luchas de los sectores populares campesinos en diferentes momentos de la historia brasilera, resistiendo contra el modelo de desarrollo excluyente e injusto instalado en Brasil desde la colonización.

Dentro de esas luchas podemos citar la Revuelta de Canudos, realizada en el Estado de Bahía de 1896 a 1897 y que fue una contraposición al sistema de explotación republicano, recientemente implantado en aquella época; un movimiento fuertemente disciplinado que llegó a reunir a cerca de 30 mil personas viviendo de modo autónomo y sustentable. Otra expresión de lucha y resistencia popular fueron las Ligas Campesinas, reconocido como el movimiento agrario más importante de Brasil en el periodo anterior al golpe militar de 1964. Este movimiento organizó campesinos en torno a reivindicaciones ligadas a la posesión y usufructo de la tierra y se difundió en varios estados, con fuerte repercusión social y política en favor de la reforma agraria. El MST se considera heredero de movimientos como este.

El segundo elemento fuerte que destaco es la existencia de una cuestión agraria en Brasil: una cuestión de naturaleza estructural formada desde el proceso de colonización que dio origen a la propiedad privada de la tierra y del territorio en el medio rural. Es un momento en que se instaló en Brasil un modelo de administración colonial caracterizada por la donación de grandes extensiones de tierra a amigos de la corona portuguesa, proceso formalmente legalizado con la promulgación de una legislación favorable al uso de la propiedad privada de tierra, especialmente con la Primera Ley de Tierras, en 1850. Este hecho ocurrió en un momento en que en Brasil todavía existía un fuerte régimen esclavista, que solo fue abolido oficialmente en 1888 y oficializó el latifundio y a los latifundistas como base del sistema de propiedad de la tierra en Brasil, ocasionando la exclusión estructural e histórica de hombres y mujeres pobres y afro – brasileros. Actualmente 1% de los grandes propietarios de tierra en Brasil concentra cerca de 50% de la tierra. Yo diría que estos dos elementos son decisivos para que en la década de 1980, en un momento intenso de debates y movilizaciones populares por la superación de veinte años de dictadura militar, surgiera en estados del sur del Brasil el MST. Tuvo incluso un fuerte apoyo de la iglesia católica por medio de agentes de la pastoral identificados con la teología de la liberación, especialmente de la Comisión Pastoral de Tierra.

¿Como funciona el MST?
El MST está organizado actualmente en todos los estados y su dinámica organizativa se constituye también en un espacio de pedagogía. Para comprender como ese proceso se realiza sería importante considerar que acciones como las ocupaciones, los campamentos y los asentamientos son elementos claves en esta dinámica. Es importante también afirmar que el MST trabaja por la reforma agraria y por la transformación de la sociedad desde diferentes frentes que pasan por la socialización de la tierra, por la afirmación del campo como lugar de posibilidad (en contraposición a la situación de atraso que el modelo capitalista ha impuesto) y por la construcción de un proceso de humanización que permita que el campo sea construido como lugar de vida y de producción por los propios trabajadores del campo. Este objetivo del MST lo lleva a considerar en su proceso de lucha a la totalidad de los trabajadores que viven en el campo, como los indígenas, pueblos de la selva y otros. Por tanto es un movimiento que se afirma como movimiento de masas a partir de una dirección política que se expresa en una organización, formada por elementos teóricos, prácticos y místicos, atravesada por el valor de la democracia y por el principio de la dirección colectiva.

La organicidad procura asegurar una unidad nacional y es formada por instancias, sectores y núcleos de base, todos estos interligados. En un intento de visualizar cómo esto funciona, diría lo siguiente: cuando el MST hace una ocupación, un campamento (que puede ser en una tierra ocupada, predio público o en cualquier otro lugar), cuando hace una marcha o cuando organiza un curso, constituye núcleos, formados por personas o familias, dependiendo de la actividad; estos son núcleos de base. También forma comisiones por actividades (movilización, limpieza, comunicación, disciplina, salud, educación y otras) y de estas comisiones o núcleos deriva el grupo con el papel de coordinación más general y todos son articulados en momentos de asamblea. Por tanto, practica una democracia ascendente que va del núcleo de base, pasando por las coordinaciones hasta la asamblea general, y una democracia descendiente que va de las instancias de decisión a los espacios de base. Los Estados hacen congresos cada dos años y en estos eligen a los coordinadores estaduales.

¿Qué papel juega la educación en el MST?
La educación es comprendida como tarea política y pedagógica para la humanización y para la transformación social. Desde su fundación la educación aparece como elemento importante; con todo, fue en el proceso histórico de comprensión de los propios desafíos que se fue ganando esa afirmación. En la medida en que se comprobó que no bastaba ocupar un latifundio y promover la producción para superar el hambre y la pobreza, era necesario también vencer la condición de ignorancia a que fue sometido históricamente el pueblo del campo. Las primeras acciones fueron de alfabetización de adultos y poco después otras como escolarización en nivel fundamental y medio, con cursos técnico – científicos y profesionales, cursos superiores y postrados. Este proceso de asumir la educación como parte del proyecto, también llevó a la lucha por la escuela.

Es común escuchar dirigentes del MST decir que el movimiento está haciendo una verdadera ocupación de la escuela, pues comprenden que la escuela que tradicionalmente existió en el campo o en la ciudad para “educar” los pueblos del campo no servía como instrumento ni realización del proyecto de sociedad que el Movimiento quiere construir. Por tanto, era necesario construir la escuela adecuada a este objetivo y, en este sentido, ver la opción por la escuela ya existente como punto de partida. Por tanto, este proceso de pensar y construir la otra escuela del contorno es lo que hoy se denomina en Brasil Educación del Campo, que es diferente y contrapuesta a la educación rural que a lo largo del tiempo se practicó, pues piensa y considera al campo como lugar de saberes, de cultura, de producción, y considera al hombre y a la mujer del campo como sujetos de estos procesos, de modo que rechaza el modelo productor de educación y de conocimiento desde fuera que trata el territorio rural y las personas como objeto. Por eso es una Educación “del” y “en” Campo y no “para” el campo.

El MST y los movimientos del campo que se articulan en torno de la propuesta de Educación del Campo la proyectan como lucha por una política pública, afirmando el papel del Estado en su implementación y el papel de los movimientos sociales en la proposición y la cogestión. En este sentido, quiero destacar algunas conquistas importantes, por la vía de la movilización y presión de los movimientos sociales del campo y en especial del MST: la creación, en 1998, del Programa Nacional de Educación en Reforma Agraria – PRONERA, vinculado al Ministerio de Reforma Agraria. En este programa son aportados recursos para la realización de actividades educativas para asentados/as de la reforma agraria, especialmente cursos de alfabetización, fundamental, medio y superior. Para la realización de estos cursos es obligatorio la realización de parcerías entre los Estados, (por medio de instituciones de enseñanza como universidades o secretarías de educación) y entidades del movimiento social del campo. Estas entidades son también las proponentes de los cursos, participan del proceso de aprobación de los mismos y constituyen su coordinación político-pedagógica.

Las Directrices Operacionales para La Educación Del Campo también constituyen una conquista importante en este proceso. Se trata de un conjunto normativo aprobado por el órgano máximo de regulación de la educación brasilera, que reconoce y asegura la educación del campo como especificidad; con tiempos, lugares y prácticas educativas diferenciadas, respetando, por ejemplo, el momento de colecta como tiempo importante en la vida del campo y como parte del proceso de educación de sus sujetos. Por tanto, considero que este papel atribuido por el MST a la educación, en cuanto práctica y parte de un proyecto de sociedad que se contrapone al proceso criminal de deshumanización del campo y de su gente, patrocinado por el capitalismo, representa nuevas esperanzas, en la medida en que articula el derecho de acceso al conocimiento históricamente producido por la humanidad como un proceso de formación política, por la elevación de la conciencia que se propone como articuladora y dirigente de una nueva sociedad.

¿La mística es un elemento esencial en la militancia del MST?
Sin ninguna duda. Yo diría que la mística es parte del proceso que afirma la existencia del MST y también una de las herencias de la teología de la liberación. Ella se realiza por medio de gestos simbólicos: con la mediación de música, de danza, de dramatización, trayendo al presente vivencias y experiencias que contribuyen al proceso de fortalecimiento del espíritu de grupo, de pertenencia al Movimiento y a la clase trabajadora, situando cultural e ideológicamente a los Sin Tierra. La mística, en este sentido, se constituye como práctica social, que trae al presente la perspectiva histórica afirmando la importancia de luchadores del pueblo en procesos de lucha. Es común en las místicas del MST encontrarnos con luchadores/as como Paulo Freire, Che Guevara, Florestan Fernandes, Milton Santos, Rosa Luxemburgo y tantos/as otros/as que también hacen parte de las historias de acampamentos y asentamientos y que con su memoria y ejemplo animan la lucha.

Los instrumentos y los frutos del trabajo también son muy utilizados en las místicas, remitiendo siempre a la identidad de los Sin Tierra que es mucho más que un ser desprovisto de tierra, es una identidad de sujeto político que pertenece y hace una construcción colectiva. Quiero aprovechar la ocasión para homenajear a un luchador brasilero que, coincidencialmente, falleció el 2 de mayo de este año, el mismo día del fallecimiento de Paulo Freire: Augusto Bual, el creador del Teatro del Oprimido, ampliamente practicado por el MST.

¿Cómo ves al MST de cara al futuro?
Pienso que existen muchos desafíos y no podría ser diferente, considerando que estamos hablando de un movimiento que vive las contradicciones del sistema que combate –el capitalismo, y que cuanto más avanza como movimiento de masas, más deberá incorporar demandas sociales en niveles más complejos. Con todo, los 25 de años de historia del MST da algunos testimonios importantes que señalan la perspectiva de avances, como, por ejemplo, el hecho que después de 25 años se ha mantenido fiel al proyecto de transformación social sin dejarse cooptar y sin sacrificar su autonomía en relación con los diversos actores con los cuales se relaciona, inclusive con el Estado.

Otro importante testimonio es su esfuerzo permanente y constante de articulación con otros movimientos brasileros, latinoamericanos y mundiales: su relación de pertenencia a Vía Campesina es un ejemplo; también merece destacarse su participación en la construcción y también en el proceso de crítica del Foro Social Mundial; la participación en diversos espacios de defensa y promoción de la vida y de la autodeterminación de los pueblos, en la perspectiva de formación de una solidaridad que es concebida como internacionalista. Comprendiendo, por tanto, que el proceso de crecimiento del MST está también en la posibilidad de animar, fortalecer y articularse con otros sujetos colectivos, considerando la transformación social una obra de la humanidad.

 

En este sentido tiene que tener en cuenta el actual cuadro político brasilero que envuelve al gobierno de Lula y que agrega importantes desafíos a la acción del MST. Se trata, en mi opinión, de un gobierno que ha profundizado la política neoliberal; un gobierno que inviabiliza varias conquistas en curso, inclusive en el ámbito de la reforma agraria, aliena organizaciones sociales como la Central Única de Trabajadores – CUT y el propio Partido de los Trabajadores – PT y pone en una situación defensiva a los movimientos sociales históricamente identificados con el Campo Democrático Popular y con la izquierda brasilera. De esta manera hace avanzar un proceso de institucionalización de las organizaciones del movimiento social por medio de pequeñas concesiones y por la acción populista, vía programas sociales de transferencia de renta, como el Programa Hambre Cero; situación que requiere de un movimiento como el MST, para realizar acciones para conquistar logros objetivos, como nuevos asentamientos; actuar en el espacio institucional confrontando un modo de producción de la maquina estatal que centraliza poder y recursos públicos y contra el proceso de minimización de la conciencia política que inhibe la movilización social y la participación efectiva y libre. Estas son demandas que se suman al desafío de enfrentar el proceso de criminalización de los movimientos sociales, del cual el MST es una de las principales víctimas, sufriendo una fuerte represión policial, prisiones y señalamientos de lideres, amenazas de cierre de las escuelas itinerantes y tantos otros ataques. En este sentido, el acumulado de fuerza debe responder a los correspondientes desafíos impuestos y convocar a todos los sectores y personas comprometidas, por otro mundo, con la lucha solidaria y constante.

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