Edición 42 - Julio 2009

La quiebra de los manuales económicos neoliberales

0

En los últimos días del mes de mayo se presentó la nacionalización de una de las principales empresa automovilísticas del mundo y una de las más grandes de los Estados Unidos, la General Motors. Este suceso, que tiene una trascendencia notable en términos políticos y teóricos, sin embargo pasó desapercibido porque en torno al mismo no se produjo ningún tipo de ruido mediático.

 

Este hecho evidencia que en el funcionamiento real del capitalismo no opera de ninguna manera la retórica de los manuales neoliberales, los cuales sostienen que las empresas capitalistas no necesitan para funcionar de ninguna coacción externa, y menos la del Estado, y que mediante la competencia libre entre empresarios, guiados por la mano invisible del mercado, finalmente todos felices y contentos. Este es el estribillo que se nos viene repitiendo día a día, durante las 24 horas en los últimos veinte años y que se saca a relucir como argumento contra los proyectos de nacionalización de empresas que impulsan gobiernos como el de Venezuela, Bolivia, Ecuador o, en menor medida, Argentina.

Cuando en algunos de estos países se adelanta la nacionalización de alguna empresa petrolera, minera, aeronáutica, cementera o de un canal de televisión privado, inmediatamente, en coro, los portavoces del capitalismo mundial y latinoamericano sacan a relucir un arsenal de señalamientos y condenas a tales medidas, las que suelen ser consideradas como la expresión de un nacionalismo trasnochado, del socialismo de la peor especie, de acciones de dinosaurios que sueñan con el estatismo de hace unas décadas y de enemigos de la libertad de mercado, la cual es presentada como la condensación suprema de la libertad humana.

Pero, he ahí que cuando las nacionalizaciones las impulsa un país como los Estados Unidos para salvar una empresa, emblema de su capitalismo (recuérdese la célebre máxima que sostenía que “todo aquello que es bueno para la Crisler es bueno para los Estados Unidos”), nadie dice nada y los antiestatistas verborreicos (los neoliberales y sus corifeos) miran para otro lado. Hasta un pasquín de la extrema derecha colombiana y latinoamericana, como El Tiempo, llegó a decir en uno de sus editoriales que el problema no es la nacionalización de esta empresa sino cuándo se la devuelven a sus dueños, porque “la administración Obama tendrá el reto de saber cuándo retirarse de la gerencia de la automotriz, hoy empresa estatal, y recuperar algo de los 50.000 millones de dólares que le invirtió en el desesperado intento de salvarla” (“La quiebra de un ícono”, El Tiempo, junio 3 de 2009).

De modo que el problema, en este caso, no es que intervenga el Estado, sino que lo haga para salvar empresas, y que cuando las tenga recuperadas se las devuelva a quienes las quebraron. Es la típica lógica del capital privado que puede resumirse en un eslogan simple: “socializar pérdidas y privatizar ganancias”. Que las pérdidas que generan las empresas, como producto de la competencia exacerbada entre capitalistas y de su sed insaciable de ganancias, sean asumidas por el odiado Estado y que además la paguen los trabajadores, porque, con relación a la General Motors, se anuncia que, como parte de la reestructuración van a ser despedidos unos 21 mil obreros. ¿Y dónde queda la mano invisible del mercado? Este espectro solo operaría cuando se habla de las ganancias, porque en tal caso, sí se exige que el Estado no intervenga, que deje a los empresarios “crear riqueza”, que no coloque impuestos ni restricciones, y que los empresarios atesoren, con lo cual producen beneficios sociales y generan empleo, y mil pamplinas similares. ¡No por azar en los Estados Unidos muchos republicanos han dicho que no van a volver a comprar un carro General Motors porque estos les huelen a carros socialistas!

La quiebra de la General Motors, empresa que ha recibido una inyección de capital del Estado estadounidense por una suma de unos 50 mil millones de dólares, la mayor inversión en la historia del capitalismo para recuperar una empresa industrial, simplemente indica que con la crisis están cayendo uno tras otro los embustes de aquellos economistas que nos habían anunciado un capitalismo sin crisis y sin Estado, y con esto los manuales neoliberales han quedado convertidos en papel higiénico.

Se nos robaron a EMSIRVA

Previous article

La vida y la muerte se disputan mi Catatumbo

Next article
Login/Sign up