Edición 49 - Marzo 2010

¿Bicentenario de la Independencia?… ¿Y es qué hubo una independencia?

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Algunas personas sostienen que nunca tuvimos un proceso de independencia, porque “luego permanecimos sometidos a otro imperio y a otra clase de dependencias”. Aunque estas razones son ciertas, es necesario precisar, que sí tuvimos un proceso de independencia, una guerra de independencia bastante difícil, heroica y compleja. Lo que nunca hemos tenido, en estos casi ya 200 años, es un Estado-Nación que haya creado una mayor suma de felicidad posible, una mayor suma de seguridad social y una mayor suma de estabilidad política; sino que, por el contrario, hemos tenido unos gobiernos que han entregado el país a unos poderes extranjeros, en detrimento de la felicidad, la seguridad social y la estabilidad política de los colombianos.

 

Pero digamos que los interrogantes del título de este artículo no surgen de alguien que quiera ironizar sobre el asunto, sino de una persona que, en verdad, no tiene la más mínima idea de la historia de Colombia, y mucho menos del proceso de independencia. Digamos que son los interrogantes de alguien que puede confundir fácilmente a Simón Bolívar con Cristóbal Colón. Y agreguemos que este tipo de personas, sin conocimiento histórico alguno, son la mayoría de la población.

El historiador Eric Hobsbawm en su magistral Historia del siglo XX explicó que “La destrucción del pasado, o más bien de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea del individuo con la de generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y extraños de las postrimerías del siglo XX. En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres, de este final de siglo crecen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven”. Es decir, vivimos en un mundo donde el pasado desapareció, o mejor dicho, el discernimiento sobre la historia en la mayoría de las personas se esfumó. Dado que, -agrega Hobsbawm- “vivimos en un mundo cautivo, desarraigado y transformado por el colosal proceso económico y técnico-científico del desarrollo del capitalismo”.

¿Saben la mayoría de los medellinenses que la calle Boyacá se llama así, por la reminiscencia de una batalla donde 2.000 patriotas derrotaron a 3.000 realistas? ¿Saben que la carrera Junín se llama así por la reminiscencia de una batalla donde 259 españoles murieron y tan sólo 49 patriotas perdieron la vida? ¿Saben que la calle Ayacucho se llama así por la reminiscencia de una batalla cuya victoria significó la liberación total de América del imperio español? ¿Saben los apasionados amantes del futbol en Medellín que su estadio lleva el nombre de un destacado guerrero antioqueño que murió en el campo de batalla cuando tan sólo tenía 22 años?

Y eso que estas no son las cuestiones más importantes, a lo sumo sólo sirven para un acervo de cultura general. Lo anterior es lo de menos, lo de más, por ejemplo, son cuestiones como estas: ¿saben la mayoría de los colombianos que, después de varios siglos de ignorancia y tiranía bajo el yugo del imperio español, una guerra de independencia dio lugar a la emancipación y a la creación de una república llamada Colombia, que muy pronto vio frustrada sus aspiraciones de unidad y libertad? ¿Saben la mayoría de los colombianos que la guerra de independencia fue el único logro digno y corajudo que hemos tenido en nuestra historia, porque lo demás ha sido una historia vergonzosa de exclusión e inequidad? ¿Saben que después de la guerra de independencia la apropiación de la tierra por una minoría ha sido la constante hasta hoy, y que la lucha por la tierra subsiste después de dos siglos de existencia?

El primer obstáculo para una conmemoración del bicentenario de la independencia en Colombia es que la mayoría de las personas no saben que ocurrió en esta gesta; muchos no saben siquiera qué significa la palabra “bicentenario”. Es cierto que la indiferencia por el pasado es un fenómeno universal del mundo del capitalismo y de la sociedad del consumo; pero es más preocupante recordar el hecho de que la independencia de Colombia no fue un proceso de conciencia popular ciudadana, sino un proyecto de una minoría criolla. Y lo preocupante de esto es la verificación de que 200 años después la conciencia popular ciudadana sigue en iguales niveles de ignorancia y enajenación.

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