
Las detenidas y detenidos políticos como parte de la población carcelaria, además de sufrir las inhumanas condiciones que afrontan los demás presos del país, soportan una carga adicional por su condición de opositores: La estigmatización, la segregación y el trato discriminatorio por parte de las autoridades judiciales y penitenciarias.
Con la supresión del delito político, la mayoría de estos detenidos están siendo procesados y condenados por terrorismo, homicidio, secuestro y por todo tipo de delitos, menos por rebelión. Y esta supresión es precisamente la que ha dado pie para que la pena impuesta, más que la tipificada en el código penal, sea una venganza, aplicada de tal manera que obligue al detenido a renegar de su condición de opositor al régimen existente.
Por ser quienes son, los presos políticos sufren torturas reiteradas por parte del Estado, y la más frecuente es la privación del derecho a la salud y el derecho a la vida. La negación del derecho a la salud se ha convertido en una tortura sistematizada, pues de esta manera han muerto decenas de presos políticos en los últimos años en las cárceles colombianas. Y la mayoría de las veces esto pasa desapercibido, pues los medios de comunicación no se ocupan de ello, y si lo nombran lo hacen como un hecho natural de la vida misma y nunca como consecuencia de la desatención en salud a que está sometida dicha población.
Podríamos referir cantidad de casos, pero sòlo nombraremos tres de varios de los sucedidos en lo que va corrido del presente año, para que nos hagamos una idea del padecimiento a que están siendo sometidos los presos políticos dentro de los establecimientos penitenciarios.
El caso de José Albeiro Manrique
Recientemente, y debido al abandono por parte del INPEC y Caprecom, murió el preso político José Albeiro Manrique Cupitre, quien, después de varios años de solicitar un tratamiento médico especial, murió de cáncer en el estómago tardíamente diagnosticado.
José Albeiro, de 30 años edad, era un combatiente del Ejército de Liberación Nacional. Fue capturado el 2 de marzo de 2008, en el Hospital Regional del Magdalena Medio de Barrancabermeja, mientras se encontraba recibiendo atención médica después de haber sido gravemente herido en combates ocurridos en el Sur de Bolívar. El 13 de mayo de 2008, el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Bogotá lo condenó a 28 años de prisión; desde esa fecha fue enviado a la cárcel de Palogordo (Girón Santander), solicitando atención médica desde el 1 de julio de 2009, debido a un fuerte dolor abdominal.
En diciembre 17 de 2010 los detenidos políticos recluidos en el Pabellón tres (3) de dicho establecimiento denunciaron su grave estado de salud y la falta de atención eficaz de parte del INPEC para su recuperación. A pesar de las huelgas de hambre de los presos políticos del patio tres y de múltiples derechos de petición dirigidos al Inpec, José Albeiro nunca recibió atención especializada, y los médicos de Caprecom afirmaban que se trataba simplemente de una “gastritis aguda”. Sólo hasta el 17 de diciembre de 2010 le fue diagnosticado cáncer de estómago en estado terminal. El sábado 18 de enero de 2011, a las 10:30 de la mañana, fue realizado el levantamiento del cuerpo por parte del CTI, quien lo envío a medicina legal como “NN”, a pesar de que el INPEC contaba con la plena identificación del recluso, y, además, tenía los teléfonos de la familia, a la que nunca informò de su muerte.
Unidades De Tratamiento Especial: Un Infierno
En el Establecimiento Penitenciario y Carcelario de Alta y Mediana Seguridad de Valledupar, es insufrible el régimen de crueldad y Tortura, al que están sometidos los reclusos, especialmente aquellos recluidos en la Unidad de Tratamiento Especial (calabozos), quienes permanecen encerrados las 24 horas del día en sus celdas, con temperaturas que superan los 35 grados centígrados. Esto los lleva incluso, en un ataque de desesperación, a atentar contra su propia vida. Esta situación la vivió el recluso Leandro Salcedo Zea, quien se suicidó en la cárcel después de un prolongado aislamiento. El día viernes 21 de enero de 2011, a las 10:50 am, fue encontrado sin vida, según la información suministrada por los demás reclusos. Al parecer se ahorcó, desesperado, porque llevaba más de 9 meses de aislamiento en esta mal llamada Unidad de Tratamiento Especial.
Esta penitenciaría es conocida por sus condiciones extremas de crueldad y tortura; es un verdadero infierno. Dentro de los Calabozos de aislamiento o llamados en el lenguaje cínico del INPEC, “Unidades de Tratamiento Especial,” hay reclusos que llevan más de dos años.
¿Cuál será el destino de Johan Ochoa?
Llega a tal extremo el trato cruel inhumano y degradante hacia los presos políticos que el caso de Devis Johan Ochoa habla por sí solo: Es un joven preso político, que se encuentra actualmente detenido en el patio 6 de la prisión de Palogordo – Girón. Fue condenado por un juzgado de Simití (sur de Bolívar) a 4 años y 8 meses de prisión por el delito de rebelión. Devis fue capturado en combate, y desde su ingreso al penal aceptó su condición de preso político.
Su estado de salud es grave; padece diabetes tipo dos. Actualmente pesa 47 kilos y requiere una dieta especial, baja de azúcar y rica en verduras y frutas. La prisión no le suministra este tipo de alimentos: por ejemplo, el desayuno es “aguadepanela” con pan, y ante el hambre que siente se ve obligado a ingerirlo. Hasta el momento no ha recibido atención médica especializada; y el médico de la prisión le recetó glibenclamida y una dieta especial: la prisión no le suministra ni la dieta ni el medicamento.
Como la misión de las autoridades penitenciarias y de la guardia del INPEC es procurar la aniquilación física y así mismo el arrepentimiento y la negación de su condición política, a este joven se le presiona por todos los flancos. Por esto, no solo se le niega la atención requerida en salud, sino que se le pisotea y se le humilla a más no poder: para redimir pena, por ser bachiller Devis solicitó dar clases; pero el INPEC, de forma arbitraria, lo ubicó en “clei 2” que equivale a estar en tercero o cuarto de primaria; indagó sobre esta situación y el Inpec le respondió insultantemente que por su apariencia física (extrema delgadez) no se permitía ubicarlo en esta función. Como forma de mitigar el encierro ha querido dedicar su tiempo a la pintura; pero ni siquiera el Estado, en cabeza del INPEC, le permite desarrollar esta actividad, pues en requisa reciente un guardia le decomisó un lápiz de carboncillo por considerarlo un objeto peligroso.
Seguramente Devis Ochoa será muy pronto uno más de los detenidos que mueren en estas prisiones sin recibir atención médica alguna; o posiblemente no resista, y la presión a que está siendo sometido lo obligue a tomar una decisión igual a la de Leandro Salcedo Zea.