Edición 59 - Febrero 2011

José Antonio Galán Zorro: EL Destacado Rebelde Popular de América

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A JOSÉ ANTONIO GALÁN ZORRO la historia artificial y deformada de Colombia apenas suele nombrar, y muchos creen que su figura histórica está disuelta por la tenebrosa herencia colonial y que su ejemplar sacrificio no proyecta para nuestro país ningún mensaje. Están equivocados, porque José Antonio nos ofrece un patrimonio de dignidad, justicia, honor y capacidad creativa para sacar a Colombia del abismo.

 

 

Nació en el año de 1749 en Charalá, , municipio que lleva el nombre  del cacique  Charalá de la raza Guane, una nación pacifica, laboriosa, esquiva y franca, cuyo territorio coincidía con lo que se llamó la Provincia del Socorro. Fueron los charaleños los primeros en enfrentar indomable y bravamente con las armas a la tropa del español Martín Galeano cuando éste, desde Vélez, cumpliendo órdenes estratégicas de su jefe Gonzalo Jiménez de Quesada,  invadió  la ondulada pradera alinderada por altos cerros y los ríos Táquiza y Pienta, donde todavía  allí se asienta sin variar su ubicación,  la generosa y valiente ciudad de Charalá.

José Antonio fue de origen  humilde, hijo de don Martín Galán, español pobre, de ascendencia gallega, que anduvo errando por las tierras colombianas hasta que contrajo matrimonio con una campesina charaleña llamada Juana Francisca Zorro. Fue José Antonio el quinto entre ocho hermanos, que se casó a los diecinueve años. A los veinte años ya era padre de familia.

Casi toda su vida la dedicó a laborar como jornalero y no llegó a poseer tierra propia. Entre el surco vio  florecer el algodón, el tabaco y la espiga encantadora de la caña de azúcar. Por el quehacer en las tabacaleras valoraba la laboriosidad en equipo y los resultados colectivos. José Antonio era reflexivo y silencioso, de muy escasas palabras. No daba a conocer, más allá de lo necesario, sus propósitos y planes. No hacía amenazas, ni envidiaba el poder. Nunca se vanaglorió de sus acciones rebeldes. Articulaba muy bien la meditación con la prontitud firme y decidida. Fue un hombre moderado y práctico.

José Antonio, por su natural y animada rebeldía, se ganó el desprecio de los ricos hacendados y explotadores de indígenas de Charalá, porque oficiosamente estaba a favor de los indígenas sometidos. Así que, confabulados para desterrarlo de Charalá, en 1779 lo reclutaron y llevaron a Cartagena, al Batallón el Fijo, para defender la ciudad de cualquier posible ataque de los marineros del Rey Jorge III de Inglaterra. Fue allí un guerrero atento, disciplinado, inteligente, que pronto ascendió a Cabo. Pero su energía revolucionaria exigía regresar a su tierra natal y tomó la decisión de desertar. Llegó silenciosamente a Charalá y entre la ternura de su esposa, hijos, familiares y amigos, tomó entre sus manos el azadón y empezó nuevamente a labrar la tierra.

En el ejército, sin embargo había adquirido con gran brevedad los conocimientos militares básicos y fundamentales que lograron hacer de él, como lo comprobó en el movimiento Comunero, un hábil estratega, instructor de tropa y economista de guerra. Dan destacada prueba de ello sus triunfos militares de Puente Nacional, Facatativá, Guaduas y Mariquita, entre otros.

La movilización comunera
En 1780 llegaron a Charalá los primeros vientos de protesta social que se dieron en Simacota, Mogotes, Barichara y la Robada (hoy municipio de Galán, vecino del Socorro, al nor-occidente de la Provincia Comunera). En estas localidades se habían efectuado violentos tumultos de protesta contra el regente visitador Juan  Gutiérrez de Piñeres y sus nuevos impuestos. Una fuerza de protestas recorría los poblados y llamaba la atención de todos los habitantes.

José Antonio Galán Zorro, al enterarse de las protestas y levantamientos, dinamizó en Charalá la agitación e inició una tarea de adiestramiento militar entre sus coterráneos. Extendió su acción a aldeas cercanas a Charalá, formando un batallón, que recibió el nombre de Batallón Charalá. Este batallón, a órdenes de José Antonio, marchó al Socorro, donde se estaban concentrando gentes de toda la región conocida como la Provincia del Socorro, que comprendía aproximadamente el 70% del actual Departamento de Santander.

El Batallón Charalá se constituyó en la vanguardia del avance del Movimiento Comunero y fue el primero en llegar a Puente Real,- Hoy Puente Nacional en la Provincia de Vélez- el día 7 de mayo de 1781 y vencer la tropa realista, conformada por más de doscientos hombres bajo el mando del capitán Joaquín Barrera. Representó el primer hecho de armas de la insurgencia Comunera y la primera derrota militar que el imperio español sufrió en el territorio nacional. Tal operación no fue tumultuosa, sino jerarquizada. Posteriormente José Antonio obtuvo resonantes triunfos militares en Facatativá, Guaduas y Mariquita, donde ordenó la libertad de todos los esclavos. La esclavitud ha terminado, fueron sus palabras categóricas. Mariquita era capital de la provincia que llevaba su mismo nombre e importante centro comercial por sus minas y haciendas.

Preludios de la traición
En el mes de junio de 1781, la revolución inundaba todo el territorio y el pueblo respondía decididamente a su llamado. Pero en el ambiente empezaron a correr rumores de incertidumbre. La palabra Capitulaciones andaba de boca en boca sin que nadie dijera a ciencia cierta qué significaba. Otros decían que la revolución había sido traicionada. El 8 de junio se firmaron las Capitulaciones. Se impuso la astucia sin moral de los jefes del movimiento Comunero en manos de Juan Francisco Berbeo y el engaño fríamente calculado del sentimiento religioso sobre un pueblo ingenuo pero honrado. La revolución había sido vendida y sobre el espíritu del pueblo encendido de dignidad y libertad se inició una multitud de violenta represión y desgracias.

En Ambalema, departamento del Tolima, José Antonio recibió la noticia sobre las Capitulaciones. Escuchó impasible aquella traicionera, engañosa y vergonzosa claudicación tapizada por la adornada ceremonia católica. La desmovilización de la gente dejó en José Antonio un impacto doloroso. Se desplazó para Mogotes, pues allí sus habitantes no habían aceptado las capitulaciones y las consideraban como lo que eran: una mañosa trampa. La llegada de José Antonio los alentó y fortaleció.

Los primeros diez días del mes de octubre (1781) los pasó en Mogotes. Todos le manifestaron su disposición para iniciar una segunda marcha sobre Santafé y exigieron caer primero sobre el Socorro para castigar a los traidores. Pero José Antonio les dijo que el único enemigo era Santafé. “No he venido a vengar pasiones, sino a proceder como hermanos”. Y, mientras tanto, al Socorro llegó, el 14 de septiembre, la orden de captura contra José Antonio, expedida por la Real Audiencia. El Socorro era al mismo tiempo el lugar de los arrepentidos jefes del movimiento, quienes para lavar sus culpas, juraban fidelidad al Rey. Se ofrecieron  para contener los nuevos brotes de rebelión que en distintos lugares de la provincia del Socorro surgían a cada momento.

Por esos mismos días estaba en el Socorro el Arzobispo Caballero y Góngora y, asesorado por Juan Francisco Berbeo y por Salvador Plata, antiguos líderes comuneros, buscó sofocar los inmediatos comienzos de un nuevo alzamiento. Salvador Plata, con petulancia, se ofreció para capturar a José Antonio, reclamando ante el Arzobispo Caballero y Góngora y las autoridades españolas la comisión pronta para la misión policiva. Salvador Plata ofreció todo: hombres, vestimenta, cabalgaduras, alimentos, dinero, lo que fuera necesario y también la colaboración de sus amigos, exjefes del movimiento Comunero, Francisco Rosillo, Pedro Alejandro Prada y Antonio Monsalve.

La alcaldía del Socorro aceptó la entusiasta petición de Salvador Plata para que se le diera a él la comisión de ir a capturar a José Antonio Galán Zorro, y traerlo al Socorro, vivo ó muerto. El nueve (9) de octubre salió Salvador Plata con treinta y cinco (35) hombres armados y bien equipados a capturar a José Antonio en Onzaga, donde éste se preparaba para salir a Santa Rosa de Viterbo, luego a Tunja y posteriormente a Gachetá, en donde se reuniría con las tropas que llegarían del Socorro y de San Gil para tomarse a Santafé.

Sin el empeño de Salvador Plata, José Antonio Galán Zorro no habría sido capturado y por consiguiente su sacrificio tampoco hubiera sido posible. La captura, se puede decir, no fue obra de las autoridades españolas, sino la primera operación asesina de la naciente oligarquía criolla, posiblemente porque lo vieron encarnar perseverantemente las reivindicaciones de los más pobres y desposeídos.

Mártir de la revolución
A la media noche del día 13 de octubre de 1781 llegó silenciosamente Salvador Plata al sitio conocido con el nombre de Chaguanete con más de los treinta y cinco chacales, pues había recibido refuerzos en el sitio “Hoyo de los Pájaros”, cerca a Mogotes. En Chaguanete se hallaba una choza con techo de paja, sin paredes ni puertas, muy cerca del municipio de Onzaga, en la ruta que, subiendo la vertiente, asciende hasta el páramo de la Cruz Colorada y baja luego al municipio de Soata en Boyacá. 

Habiendo despachado espías para conocer la situación en que iba José Antonio y su grupo de compañeros, Plata supo que no pasaban de quince (15) y por las detalladas noticias que tenía del endeble hospedaje, donde se encontraba José Antonio y sus compañeros, del escaso armamento. Estaba, además, seguro que José Antonio no imaginaba que iban sobre él. Así, Plata rodeó la choza y ordenó a sus sicarios, a nombre del Rey, una descarga de balas, hiriendo en el hombro derecho a José Antonio. También sufrió heridas graves su fiel sobrino,  Andrés Porras Galán, quien murió al instante: otros heridos fueron Manuel Salvador Álvarez y Custodio Arenales. Conseguida la ansiada captura de José Antonio, Salvador Plata se descuidó y algunos lograron escapar protegidos por el bosque y la noche.

Arrogante llegó Salvador Plata al Socorro a las siete (7) de la noche del dieciséis (16) de octubre, con un total de ocho (8) víctimas cargadas de cadenas que le sirvieron para obtener de las autoridades españolas no solo el perdón por su pasado Comunero, sino el nombramiento de Administrador de las Rentas que siempre codició. José Antonio fue indagado el diecinueve (19) de octubre y posteriormente enviado a Santafé con pesadas cadenas y excesivas medidas de seguridad y control, donde el día nueve (9) de noviembre de 1781 le iniciaron juicio, el cual terminó el treinta (30) de enero de 1782. La sentencia fue ejecutada el primero (1º) de febrero del mismo año.

Sentencia de Muerte del 30 de enero de 1782′.
“Condenamos a José Antonio Galán a que sea sacado de la cárcel, arrastrado y llevado al lugar del suplicio, donde sea puesto en la horca hasta cuando naturalmente muera; que, bajado, se le corte la cabeza, se divida su cuerpo en cuatro partes y pasado por la llamas (para lo que se encenderá una hoguera delante del patíbulo); su cabeza será conducida a Guaduas, teatro de sus escandalosos insultos; la mano derecha puesta en la plaza del Socorro, la izquierda en la villa de San Gil; el pie derecho en Charalá, lugar de su nacimiento, y el pie izquierdo en el lugar de Mogotes; declarada por infame su descendencia, ocupados todos sus bienes y aplicados al fisco; asolada su casa y sembrada de sal, para que de esa manera se dé olvido a su infame nombre y acabe con tan vil persona, tan detestable memoria, sin que quede otra que la del odio y espanto que inspiran la fealdad y el delito”.

Si la revolución Comunera hubiera triunfado, tendría José Antonio Galán Zorro una gran estatua en la hoy plaza de Bolívar, donde fue sacrificado. Pero el  infeliz desenlace de la insurrección Comunera en nada disminuye la grandiosa figura de José Antonio Galán Zorro. Su liderazgo y dimensión humana no pueden ser juzgados sin el análisis de su medio y de su época.

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