
Cuenta la mitología griega que Zeus, padre de los dioses y de los hombres, envió a la tierra a Pandora, trayendo consigo un ánfora sellada que contenía todas las epidemias capaces de contaminar el mundo. Pandora un día abrió la caja, liberando la malignidad contra la vida. En la época, narra la leyenda, todos los pueblos eran felices porque los humanos no conocían enfermedades inducidas por seres perversos. Pero hoy es diferente: la singular teoría sobre el origen súbito de enfermedades cancerosas que padecen varios gobernantes de América latina, planteada por el comandante de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez, dejó sorprendida a la opinión mundial:”¿Sería extraño que hubieran desarrollado una tecnología para inducir el cáncer y nadie lo sepa hasta ahora?” Y si uno mira bien las intervenciones de Estados Unidos en el mundo, tendría que responder que no sería nada extraño.
Los gobiernos de los Estados Unidos tienen una larga historia de experimentos con seres humanos e indefensos animales. Sus fuerzas armadas han experimentado todas las formas de crueldad. Pero los medios de comunicación generalmente han guardado silencia al respecto. Por eso era necesario que se alzara una voz con autoridad moral para poner la cuestión en el escenario público.
Las primeras experiencias, de las que se tiene constancia, sobre el efecto de células cancerígenas en seres humanos se realizaron en 1931 en Puerto Rico, patrocinadas por el Instituto Rockefeller para investigaciones médicas; el experimento dejó una tragedia de cientos de ciudadanos puertorriqueños infectados con células cancerígenas en hospitales civiles. Y en 1975, en los laboratorios Fredick, la Marina de los Estados Unidos, bajo la supervisión del Instituto Nacional del Cáncer, desarrolló un virus para provocar cáncer inducido. También logró aislar en Fort Detrick el “HTLV”, virus linfotrópico humano, para el que no existe ninguna inmunidad en el ser humano. Además, provoca hematopía maligna, denominada leucemia – linfoma.
Ya, en 1918, durante la I Guerra Mundial, utilizó más de mil toneladas de gas mostaza y proyectiles de cloro contra la población civil. En esa guerra se bombardearon 124.200 toneladas de proyectiles de gas nocivo, que causaron 400.000 muertes civiles, en su mayoría niños. La indignación popular condujo al acuerdo de Ginebra -1925-, que prohibió el uso de gases asfixiantes, tóxicos y nocivos. Pero continúa siendo el agente favorito de los Estados Unidos para causar cáncer inducidos de la piel.
Durante la Guerra de Corea, apoyada por la Organización de las Naciones Unidas –ONU, los Estados Unidos, al mismo tiempo que bombardeaba Corea del Norte con 280.000 litros diarios de napalm, realizaba experimentos con su misma población, para asegurar su efectividad contra el pueblo coreano. Liberó napalm en aerosol sobre seis ciudades norteamericanas y canadienses; estas poblaciones en sus mayorías sufrieron problemas respiratorios severos, sin que los ciudadanos se enteraran de este terrorismo desatado por sus mismos gobernantes.
En 1962 la CIA contaminó un barco cargado de azúcar que hizo escala en Puerto Rico; la carga iba destinada a la antigua Unión Soviética. También en 1962 un agente de Inteligencia Militar de los Estados Unidos pagó 5000 dólares a un técnico canadiense que trabajaba en Cuba para infectar los pavos de la isla con un virus mortal. En 1971 la CIA entregó el virus que causa la peste porcina africana a varios exiliados cubanos residentes en Miami.
Esta mafia cubanoamericana en el exilio tenía conciencia que el virus podía infectar miles de compatriotas que supuestamente dicen defender. Seis semanas después, en la isla, el gobierno tuvo que sacrificar más de 500.000 cerdos.
El catedrático de biología molecular Michael Breindl, de la Universidad de San Diego, afirma lo siguiente: «Estados Unidos está recombinando genéticamente una bacteria de la flora intestinal inofensiva – la Escherichia coli -, para obtener un arma terrible. A través de genes de resistencia la están haciendo inmune a la acción de los antibióticos; para elevar su resistencia contra los ácidos intestinales a fin de asegurar su libre circulación por todo el aparato digestivo, además, están implantando genes de toxinas procedentes de otros organismos, una toxina neural para detener la acción coagulante de la sangre. Y luego insertar un gen del tipo «invasor», que permitirá a la bacteria penetrar desde la pared del intestino en los tejidos interiores y las células del organismo. La bacteria así recombinada podrá escaparse de la acción de defensa del organismo y verter sus toxinas directamente en los tejidos celulares, y podrá entrar al organismo a través de líneas de agua mineral de alta gama, o por cualquier comestible o bebestible».
La política terrorista de los Estados Unidos es la mayor amenaza que se abate sobre la vida. Todos los pueblos donde desencadena guerras han quedado abrumados por secuelas económicas y ambientales, su doctrina es de guerra y sufrimientos; de desplome financiero y crisis política para desestabilizar países democráticos e imponer regímenes totalitarios y sumisos. Un gobierno que se aparta de las normas de convivencia pacífica, de lo considerado normal y lógico, y agrede a sus mismos ciudadanos para establecer un régimen de terror y una política genocida en el planeta, ¿qué no haría para garantizar sus intereses?
Fuente: “The military’s war of animals”, noviembre de 2005. PET
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