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Cuando proteger es dañar: las CAR en la cuenca media y valle del río Cauca

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Por: Montes Nativos 

La cuenca media del río Cauca constituye un territorio de altísima relevancia ecológica, cultural e hidrológica para Colombia. Su extensión, diversidad altitudinal y riqueza hídrica la convierten en un sistema vital para el equilibrio ambiental del occidente del país. Los montes nativos que la conforman no sólo cumplen funciones esenciales en la regulación del ciclo del agua, la conservación de la biodiversidad y la estabilidad climática, sino que también representan espacios fundamentales de interdependencia entre las comunidades y la naturaleza.

Pese a su enorme relevancia biocultural, la cuenca media del río Cauca atraviesa una profunda crisis ambiental y social, en la que la negligencia institucional de las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) desempeña un papel decisivo ya que evidencia una profunda contradicción entre su mandato institucional y sus prácticas administrativas.

La gestión de las CAR ha estado marcada por prácticas de corrupción, clientelismo político y falta de transparencia. La designación de directores por cuotas partidistas, la contratación sin respaldo técnico y la ejecución fallida de planes de ordenamiento han erosionado su legitimidad. Las comunidades perciben a estas entidades como instrumentos de poder territorial, más que como garantes del bienestar ecológico. Dichas autoridades ambientales corruptas son un factor de degradación ambiental, en la medida en que los recursos destinados a su protección o recuperación son malversados en la celebración de contratos y convenios que no se ejecutan de la forma debida o no cumplen con la finalidad ambiental que los inspira.

La noción de “autonomía” que define a las CAR ha sido tergiversada: en lugar de fortalecer procesos comunitarios de cuidado del territorio, su independencia administrativa ha servido para consolidar alianzas con sectores empresariales, alineando sus objetivos estratégicos con las prioridades del gobierno central y del capital agroindustrial Incluso metas loables como la contención de la deforestación o la implementación del Acuerdo de Escazú se han traducido en acciones fragmentadas, sin arraigo territorial ni diálogo con las comunidades guardianas del agua y el monte.

En lugar de articular sus decisiones con los instrumentos de planificación territorial, muchas CAR han operado de manera aislada, opaca y descoordinada, legitimando un modelo extractivo que externaliza costos sociales y ecológicos, profundiza desigualdades y debilita los tejidos comunitarios.

La expansión del monocultivo de aguacate hass, impulsada por empresas transnacionales, no responde a necesidades alimentarias locales, sino a demandas del mercado internacional. Este modelo agroindustrial ha generado deforestación, presión hídrica, contaminación por agroquímicos y pérdida de autonomía territorial.

Las CAR, lejos de ejercer su rol como garantes del equilibrio ecológico, han operado como facilitadoras del extractivismo agrícola, otorgando permisos sin estudios acumulativos, promoviendo el monocultivo como “alternativa productiva” y omitiendo su rol de control ambiental. Esta captura institucional ha debilitado la confianza de comunidades y ha profundizado la fragmentación territorial y el deterioro ambiental.

Frente a este panorama, no proponemos reformar las instituciones desde dentro, sino cuestionar las estructuras jerárquicas que sostienen el modelo extractivo y los poderes regionales. Cualquier intervención sobre la cuenca debería partir del respeto profundo por sus dinámicas naturales y por los vínculos que las comunidades han tejido históricamente con el agua, el monte y la tierra. 

Las CAR en la cuenca media y valle del río Cauca

Las CAR fueron creadas como entidades públicas con autonomía administrativa y financiera, responsables de ejecutar la política ambiental en Colombia. La Ley 99 de 1993 les asignó funciones como otorgar licencias ambientales, vigilar el cumplimiento normativo, restaurar ecosistemas y promover la educación ambiental. Sin embargo, lo que se presenta como descentralización y participación ha operado, en la práctica, como una gobernanza vertical y tecnocrática.

El término “Corporaciones Autónomas Regionales” (CAR) refleja la naturaleza jurídica y funcional de estas entidades dentro del Sistema Nacional Ambiental (SINA) de Colombia. Se denominan corporaciones porque están conformadas como organizaciones de carácter corporativo, con participación de entidades públicas, privadas y de la sociedad civil en sus consejos directivos. Son autónomas debido a que gozan de independencia administrativa, financiera y técnica frente al gobierno central, lo que les permite tomar decisiones y ejecutar acciones directamente en sus jurisdicciones. Finalmente, son regionales porque su competencia se limita a un territorio específico, usualmente definido por cuencas hidrográficas, ecosistemas o agrupaciones de municipios y departamentos, lo que les permite adaptar sus políticas ambientales a las condiciones locales.

Actualmente existen 33 CAR en el país. Cada una posee una estructura institucional compuesta por tres elementos clave: el Director General, quien actúa como autoridad ejecutiva y es elegido por el Consejo Directivo; este último es un órgano colegiado conformado por representantes del gobierno nacional, autoridades locales, comunidades étnicas, sector privado, organizaciones no gubernamentales ambientales y universidades. Además, las CAR cuentan con órganos técnicos y administrativos responsables de funciones como la expedición de licencias, la vigilancia ambiental, la restauración ecológica, la educación ambiental y la gestión de proyectos.

Este análisis aborda la gestión de seis CAR que operan en la cuenca media y valle del río Cauca —CVC, CRQ, CARDER, CORPOCALDAS, CORANTIOQUIA y CORNARE— en los departamentos de Valle del Cauca, Quindío, Risaralda, Caldas y Antioquia.

Cuenca media, la vida abundante descuidada

La cuenca del río Cauca es una de las más importantes de Colombia. Se extiende por unos 1.350 kilómetros desde su nacimiento en el Macizo Colombiano hasta su desembocadura en el río Magdalena, atravesando más de 180 municipios y cubriendo una superficie de 63.300 km² (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales [IDEAM], 2015). El territorio es complejo: después de salir de la cuenca alta, el río baña tres regiones: las dos primeras en la región Andina, pasando por dos escenarios antagónicos: el del valle del Cauca donde la corriente de suave pendiente es meándrica, y al pasar por el Eje Cafetero y Antioquia, incrementa su pendiente y se encañona, con su cauce tortuoso no navegable; y finalmente, la cuenca baja, al norte y en el interior de Sucre y Bolívar.

En la cuenca media del río Cauca predominan bosques (montes) ecuatoriales, tanto húmedos como secos, que desempeñan un papel fundamental en la regulación hídrica, el sostenimiento de la biodiversidad y la estabilidad climática de la región. Estos ecosistemas se distribuyen por zonas montañosas, macizos volcánicos, cañones, colinas y valles donde el gradiente altitudinal favorece una alta diversidad vegetal.

Los montes nativos constituyen expresiones tangibles de la interdependencia ecológica que sostiene la vida en la Tierra. Más allá de sus funciones ecosistémicas —como la regulación del ciclo hidrológico mediante procesos de infiltración y evapotranspiración, el almacenamiento de carbono, la generación de oxígeno y la protección edáfica frente a la erosión— estos sistemas conforman entramados biológicos de alta complejidad, caracterizados por su diversidad y capacidad de autorregulación, elementos esenciales para la continuidad de la vida humana. No deben ser concebidos únicamente como reservas de recursos naturales (madera, resinas o materias primas de uso industrial), sino como un tejido vital que vincula a las comunidades con su raíz biocultural.

El río Cauca constituye una de las principales arterias fluviales de Colombia y, en su tramo medio, se configura como una región fundamental para el orden territorial y la seguridad hídrica del país. 

Este inmenso cuerpo de agua es un entramado socio ecológico en el cual el agua opera como principio generador de vida: ríos como el Otún, Nima, Risaralda, San Juan, La Vieja, Chinchiná y Arma, entre otros, atraviesan paisajes heterogéneos, articulando ecosistemas y comunidades en un tejido hidrosocial. Favorecida por un régimen de lluvias bimodales y una elevada escorrentía superficial, esta región se cuenta entre las más abundantes en disponibilidad hídrica de Sudamérica, lo que la convierte en un espacio crítico para el cuidado ambiental. 

Expansión del monocultivo de aguacate hass en la cuenca media del río Cauca

La producción de aguacate hass en Colombia ha experimentado un crecimiento sostenido en los últimos años, consolidándose como una de las principales actividades agroindustriales en el occidente del país. Los departamentos de la cuenca media del río Cauca son vistos como zonas estratégicas para el cultivo de esta fruta, gracias a sus condiciones climáticas, altitudes ideales y acceso logístico a puertos internacionales como el de Buenaventura. En estas regiones, diversas empresas locales, nacionales e internacionales han establecido operaciones que impulsan la expansión del monocultivo de aguacate hass.

Para diciembre del 2020, según el Ministerio de Agricultura, Tolima, Antioquia, Caldas, Santander, Bolívar, Cesar, Valle del Cauca, y Quindío, representaban el 86 % del total del área sembrada de aguacate y se estima que en el país existían alrededor de 16.500 productores en cerca de 39.172 unidades productivas cuya principal actividad económica era el cultivo de aguacate (Ministerio de Agricultura, 2020). Actualmente, se proyecta el aumento de la producción, fomentada por el aumento del consumo nacional, pero especialmente por el consumo global y la ampliación de mercados.

Colombia está en la mira de los inversionistas y actores globales de la cadena de producción de aguacate hass. Por la ubicación ecuatorial, el régimen de lluvias, fertilidad de los suelos y la pobreza en la ruralidad que se conecta con la disponibilidad de tierras, así que el país se viene perfilando como uno de los grandes proveedores de esta fruta para el mundo, donde el consumo está en aumento y existen enormes mercados dormidos, como China. Colombia ocupa ya cuarto puesto como productor mundial, con 540 mil toneladas, antecedida por México (1.9 millones), Perú (470 mil) y Chile (133 mil). Los Países Bajos, Reino Unido, España, Bélgica, Alemania, Japón, Canadá, Estados Unidos, Argentina y Emiratos Árabes figuran entre los destinos de esta variedad. La inversión extranjera viene principalmente de Chile, Perú, Estados Unidos, México y Suráfrica (Revista Nacional de Agricultura, 2020).

Según la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria UPRA, Colombia se proyecta como un productor especializado de diversos productos como cacao, banano, café, flores, y aguacate hass. En la zonificación de la frontera agropecuaria nacional que realizó la UPRA, se identificó que Colombia tiene una aptitud de 3.304.222 millones de hectáreas para cultivo comercial de aguacate hass.

En 2021 el aguacate hass se consolidó en Colombia como el segundo producto de exportación agropecuaria con mejores cifras, pues entre enero y marzo este producto creció más del 90 por ciento en comparación con el mismo periodo en 2020. Las ventas alcanzaron de 64,2 millones de dólares (Medina 2021)6. Buena parte de esa fruta exportada sale de los territorios montañosos ubicados en la cuenca media del río Cauca.

En el departamento de Valle del Cauca los monocultivos de aguacate abarcan más de 14.000 hectáreas (DANE, 2023). Estos se extienden en las montañas de Bolívar, Caicedonia, Trujillo, Sevilla, Versalles, Toro, El Dovio, El Cerrito y Palmira. Empresas como Aguacates El Encanto y Frutales Las Brisas S.A.S. lideran la producción regional y cuentan con un potencial agrícola estimado en 123,000 hectáreas aptas para el aguacate hass (Invest Pacific, 2023). Estas compañías se enfocan en la comercialización nacional e internacional, aprovechando la cercanía al puerto de Buenaventura para facilitar la exportación.

En el Quindío a 2023 (DANE) se tenían más de 8.800 hectáreas sembradas en aguacate. Avocados del Quindío y Aguacates Quindío S.A.S. se enfocan en productos derivados como el aceite de aguacate extra virgen, mientras que Green SuperFood ha establecido una planta de empaque en La Tebaida con capacidad para procesar hasta 10 toneladas por hora. Esta última empresa firmó en 2023 una alianza estratégica con la chilena Cabilfrut, con el objetivo de consolidar una oferta conjunta de fruta de alta calidad para mercados globales (Portal Frutícola, 2023). Los monocultivos de aguacate hass se encuentran en los municipios de Pijao, Calarcá, Salento, Circasia, Génova y Buenavista.

Risaralda, cuenta con aproximadamente 4.678 hectáreas cultivadas (DANE, 2023) en Guática, Santuario, Quinchía, Apia, Marsella y Santa Rosa de Cabal. Las empresas como Aguacates de Occidente y Agroindustrias del Café y Aguacate S.A.S. operan en municipios como Santa Rosa de Cabal y Marsella. Además, el departamento es sede administrativa de Camposol, empresa peruana que inició operaciones en Colombia en 2017 y que en 2023 ya contaba con más de 2,000 hectáreas sembradas en los departamentos de Valle del Cauca, Quindío y Caldas (Camposol, 2024).

En Caldas, existen más de 23.000 hectáreas de cultivos de aguacate hass (DANE, 2023), concentradas principalmente en los municipios de Aguadas, Aranzazu, Salamina, Pácora, Neira, Aguadas, Anserma, Riosucio, Villamaría y Manizales (Gobernación de Caldas, 2025) que se deben a la presencia de empresas como Aguacates Caldas S.A.S., Wakate, Camposol y el Grupo Daabon.

De otro lado Antioquia se posiciona como el líder nacional en producción de aguacate hass, con más de 25.000 hectáreas (DANE, 2023) y exportaciones que superaron los US$107,5 millones, llegando a más de ocho países (El Colombiano, 2025). Empresas como Cartama, Fruty Green, Westfalia Fruit Colombia y Mission Produce operan en este departamento, consolidando su presencia en mercados internacionales.

La mayoría de estas empresas cuentan con certificaciones internacionales como Global G.A.P., Rainforest Alliance, Carbono neutro y Fair Trade, lo que les permite acceder a mercados exigentes en Europa, Estados Unidos y Asia. La infraestructura logística, que incluye plataformas en Medellín, Pereira y La Tebaida, así como el puerto de Buenaventura, facilita la exportación eficiente del aguacate colombiano. En conjunto, estas regiones y empresas conforman un entramado agroindustrial robusto, con proyección de crecimiento.

A pesar de la expansión acelerada del cultivo de aguacate y de las múltiples denuncias por sus afectaciones, aun no hay un estudio amplio relacionado con la pérdida de los llamados intangibles en los procesos productivos del monocultivo de aguacate, es decir, el vaciamiento progresivo en lo local de innumerables propiedades de la naturaleza en los procesos de exportación, por ejemplo agua, suelo, fertilidad, trabajo, biodiversidad, entre otros (Sánchez & Ángel, 2022).

La ausencia de una política clara de ordenamiento territorial y agroecología en las CAR ha permitido que el modelo extractivo avance sin restricciones, debilitando su función reguladora y afectando gravemente tanto a los ecosistemas como a las comunidades que dependen de ellos. En este escenario, la cuenca media del río Cauca se configura como un territorio de alta vulnerabilidad socioambiental, donde el Estado ha fracasado como garante del bien común y las comunidades rurales son tratadas más como obstáculos que como actores centrales en la construcción de alternativas. La ampliación de la frontera aguacatera sobre el monte andino reduce los corredores biológicos y fragmenta ecosistemas para muchas especies, afectando la fauna, la flora y la funga (Jimenez, et al, 2020). Los impactos son evidentes: deforestación, presión hídrica, contaminación por agroquímicos, pérdida de biodiversidad y conflictos socioambientales.

Para leer el informe completo: Cuando proteger es dañar: las CAR en la cuenca media y valle del río Cauca

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