Edición 71 - Marzo 2012

En el sur de Bolívar la resistencia continúa

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El sur de Bolívar está ubicado entre el río Magdalena y el río Cauca, dos ríos que dan vida a grandes ciénagas y donde desembocan múltiples quebradas. Esta región, con gran riqueza hídrica y también minera, ha servido como fuente de trabajo y de alimentación para sus habitantes durante generaciones; es un territorio construido por familias campesinas, pescadoras y mineras, que han tenido que enfrentar la arremetida de los megaproyectos de las multinacionales que destierran a las comunidades y destruyen el territorio.

La minería artesanal, al igual que la pesca y la agricultura, representan las principales fuentes de trabajo para las comunidades del sur de Bolívar, pero estas formas de vida se han visto afectadas por el modelo de desarrollo impuesto por el Estado que, a través de las políticas del despojo, pretende dejar a los pueblos en la miseria. Según José Vidal Polanía, miembro de la Asociación de Familias Agromineras del Sur de Bolívar y Antioquia (AFASBA), Cantagallo es un claro ejemplo: este municipio, que fue convertido en una zona de explotación de hidrocarburos, antes de la reforma del código minero era el segundo municipio del país que más recursos económicos recibía por regalías. Sin embargo, hoy no cuenta con agua potable, las vías están en muy mal estado y las comunidades están sumidas en la pobreza.

Terror y despojo: principales estrategias de las multinacionales
Tal como lo ve la comunidad del sur de Bolívar, la llegada y la permanencia de los paramilitares desde finales de los años 90 es la primera estrategia que utilizaron las multinacionales para desalojar la región. En los lugares donde se cometieron grandes masacres y desplazamientos, hoy están empresas como Anglo Gold Ashanti saqueando el oro del territorio. El caso que mejor ilustra esto ocurrió en el municipio de Río Viejo el 25 de abril de 1997, donde un comando paramilitar se tomó el pueblo para amenazar, torturar y generar miedo en la comunidad con el asesinando y la posterior decapitación de Juan Camacho Herrera miembro de ASFASBA.

Pero para Narciso Beleños, directivo de la Federación Agrominera del sur de Bolívar- FEDEAGROMISBOL,  la fuerza pública también continúa generando el terror en la región, “parece que quisieran terminar lo que por algún motivo los paramilitares no pudieron terminar. La fuerza pública entra  asesinando líderes, desacreditando el trabajo de la Federación y causando terror en la población minera.

Cuando las multinacionales obtienen las áreas para la explotación de minerales y de hidrocarburos utilizan su poder económico para convencer a los campesinos y mineros de que la minería artesanal ya no es rentable, que ahora lo rentable es la gran minería. Y como muchos de los habitantes no comprenden claramente las estrategias de estas empresas, acceden a sus intereses por razones económicas o por miedo a tener que dejar sus territorios.

Estas estrategias políticas, económicas y sociales crean discordia entre las comunidades agromineras porque hacen que los campesinos se retiren de los procesos para trabajar por las necesidades individuales. Con ello se rompen los acuerdos construidos y los procesos organizativos de la región se dividen por diferentes opiniones o pensamientos. “Nosotros teníamos nuestras propias leyes como agromineros, una de ellas era la preservación. Habían sitios donde eran prohibidos trabajar para un minero o para un pescador, pero cuando el Estado dice que esos sitios no son de nosotros y se los entregan a multinacionales, algunos compañeros dicen que para qué cuidar el sur de Bolívar si el Estado se lo entregó a las multinacionales y lo van a explotar de la manera más voraz”. Cuenta Narciso Beleños.

Uno de los impactos más grandes que trae la presencia de las multinacionales en la región es el rompimiento del tejido social. “En algún momento teníamos más o menos el 70% de los habitante del sur de Bolívar dispuestos a defender la región, hoy habrá un 30 o 35%, porque el tejido social se ha roto”, comenta Narciso Beleños.

Otro de los impactos que es importante destacar es la destrucción del medio ambiente que genera la minería a gran escala. Según la información obtenida por FEDEAGROMISBOL, en el sur de Bolívar la explotación minera por parte de las multinacionales ya está proyectada a 20 años; para la comunidad esto representa una gran amenaza, ya que la minería a gran escala contamina el agua, atenta contra la soberanía alimentaria y destruye la biodiversidad de la región.

Lucha y resistencia
La denuncia sigue siendo para la comunidad una forma de resistencia. “Nosotros nunca hemos parado de denunciar las acciones que hicieron los paramilitares, la fuerza pública y las multinacionales. Es poner en evidencia el interés que tiene el país en desalojar la gente para entregar la región”, expresa Beleños.

Las banderas de lucha que utiliza la comunidad para seguir resistiendo han sido el derecho al trabajo y a la vida digna. Según José Vidal Polanía, la comunidad ha utilizado pocas herramientas jurídicas, “porque lo más importante es la legitimidad que se da desde los territorios y, como las leyes todos los días cambian, cada vez las van ajustando para dejarnos por fuera. Entonces preferimos quedar por fuera de las leyes pero dentro de nuestros territorios”.

A pesar de las problemáticas y de las diferencias políticas que se pueden presentar en los procesos organizativos del sur de Bolívar, tanto para ASFASBA como para FEDEAGROMISBOL, la búsqueda de la unidad es lo que les permite seguir luchando y resistiendo colectivamente, no sólo contra las multinacionales sino también contra un sistema económico, político y social que quiere condenar a la comunidad al destierro. Los líderes sociales del Sur de Bolívar son conscientes de que el hermanamiento y la articulación con los procesos y organizaciones nacionales como la Minga de Resistencia Social y Comunitaria y el Congreso de los Pueblos es una de las estrategias principales para enfrentar el despojo. Y es que para las regiones cada vez es más difícil resistir solas, el hermanamiento brinda la fuerza política que se necesita para defender conjuntamente el territorio.

Uno de los retos más grandes para la comunidad hoy es justamente la construcción de un territorio más digno, que, según, Narciso Beleños, implica sacrificar muchas prácticas que hoy tienen los campesinos. Es necesario darle prioridad a la conservación del territorio y no a las necesidades individuales. No se puede dejar avanzar las políticas de destrucción y despojo, y por eso hay que seguir en constante movilización, y preparar a la población políticamente para defender el territorio.

Inmovilizaron la maquinaria para la desviación del río Magdalena

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“Si la pequeña minería es ilegal, la gran minería es terrorista”

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