Desde hace algo más de 15 años, llegó al Departamento de Cundinamarca el Grupo empresarial de la familia Nannetti, haciéndose propietaria de varias fincas en los municipios de Mosquera, Faca, Fusa, El Rosal, algunas de ellas de propiedad de la multinacional Dole, para dedicarse a la producción y posterior exportación de flores, hacia los mercados norteamericano y europeo. Su producción, hasta hace poco, no superaba los 6 millones de dólares al año, y de manera sorpresiva sus ventas totales ascendieron a unos 200 millones de dólares al año. Claro, ello está justificado con el recibimiento, en calidad de subsidio enmascarado como “préstamo”, de $89.000 millones de pesos colombianos, de parte del gobierno de Álvaro Uribe y su ministro de Agricultura, en aquel entonces, Andrés F. Arias, dentro del tan nombrado programa “Agro Ingreso Seguro”.
Esta familia Nannetti, hoy propietaria de algo más de 15 empresas con casi 8.000 trabajadoras y trabajadores, se ha dado a la tarea de incumplir e irrespetar los derechos elementales laborales de estos compatriotas: dejar de pagar los parafiscales, la salud, las pensiones e incluso, en varias fincas, ha retirado el servicio del transporte y los casinos. Y, como si fuera poco, ha dejado de cancelarles arbitrariamente sus quincenas y sus primas.
Los trabajadores de las empresas agrícola Guacarí y Splendor Flowers, afectados por estas políticas, han entrado en huelga: primero lo hizo Guacarí, quien ya volvió a la normalidad laboral, y el 7 de diciembre lo hizo la finca-empresa Splendor Flowers, ubicada en el municipio El Rosal, buscando presionar a este grupo empresarial para que se ponga al día con sus responsabilidades ante más de 350 empleados que allí laboran.
Nos cuenta Doña Celina, una trabajadora víctima de las mañas de los Nannetti: “Yo ingresé a la empresa en 1994. Cuando llegamos aquí a la empresa teníamos transporte y todo estaba bien, nos daban subsidio para los niños, nos cumplían con los pagos y con todo lo de ley, hasta que el grupo Dolc le vendió a la familia Nannetti. No habían pasado más de 5 años cuando estos nuevos patrones empezaron a incumplirnos, los atropellos contra las mujeres, por enfermedad e incapacidades fueron frecuentes. Yo estuve 15 años en cultivos, esto es, en invernadero a más de 40 grados de temperatura; uno sale al viento en horas de almuerzo, y luego entra otra vez y vuelve a salir a las 3 de la tarde al frío, a ponerse la ropa fría, por ejemplo, y estamos sometidos a cambios fuertes de temperaturas”.
Don Alberto también se apresura a contarnos su experiencia: “Yo ingresé en el año 1999. Esta finca era de la multinacional Dolc, me contrataron a través de una cooperativa asociativa de trabajo, en la que duré 16 meses, para luego ser contratado directamente por la empresa. Esta multinacional no respetaba derechos de salud, teníamos gran sobrecarga laboral, negaban los permisos laborales, las dotaciones, no se les respetaban las restricciones a compañeros que tenían enfermedades profesionales o laborales, se les negaba el derecho a ir al médico, en fin, debido a esa serie de atropellos decidimos hacer nuestra organización sindical en el 2004. Obviamente, fuimos muy perseguidos por esta multinacional; no se nos permitía hablar con nuestros compañeros, pero lo hacíamos en horas de almuerzo o en las tardes; se nos alejaba a los directivos de nuestros demás compañeros de trabajo, nos ponían trabajos más difíciles, los supervisores nos insistían en que abandonáramos la organización, que nosotros lo que queríamos era acabar la empresa, y al final esta multinacional decidió vender la empresa a los señores Nannetti, y ahí sí que fue peor, porque ya no respetaban nada, ni la convención colectiva que ya teníamos pactada con la multinacional”.
Al respecto, el presidente del sindicato sintrasplendor, afiliado a la CUT, Campo Elías, afirma lo siguiente: “Lo más fuerte que se nos vino a los 500 trabajadores de cada empresa de este grupo fue lo de hace casi 6 meses. Empezaron a incumplir con quincenas, con primas, con parafiscales, con el casino, con transporte; entonces empezamos a tener reuniones con la empresa y con el Ministerio de la Protección Social, donde se firmaron compromisos, que fueron sistemáticamente incumplidos por la empresa. El Ministerio de la Protección Social no ha asumido ninguna presión sobre la empresa por el incumplimiento de sus deberes ni de los compromisos que firmamos. Ahí fue cuando tomamos la decisión de hacer un cese de actividades con 365 trabajadoras y trabajadores desde el 7 de diciembre a la fecha. Los administrativos de las 15 empresas de este grupo se prestan para engañar a los empleados. Nos motivan a que hagamos retiros voluntarios para evitar así las pensiones de los enfermos, las indemnizaciones por enfermedades profesionales, a que estos tratamientos médicos no se puedan realizar, etc.”
“Somos aproximadamente- continúa el dirigente sindical- seis mil familias las afectadas por estos atropellos, lo cual se convierte en un problema social. Desde que iniciamos esta huelga hemos tenido dificultades por alimentos, dormimos en cambuches de plástico, como ustedes lo pueden ver, no tuvimos navidad para nuestros hijos, no pudimos comprarle unos zapatos, ni un regalito, ni una muda de ropa. Esta temporada la quisieron usar como presión para que nosotros abandonáramos la huelga y derrotarnos, pero no lo lograron y aquí estamos”.
Según Campo Elías, la empresa busca que los trabajadores se retiren voluntariamente, que renuncien, y así poder contratar personal por cooperativas, y acabar por esta vía con el trabajo directo. “En este momento la mayoría de contratos están por cooperativas, debido a que a muchos antiguos los han hecho renunciar. Desde que iniciamos el movimiento fuimos amenazados con que nos iban a echar a la policía, que estábamos invadiendo espacio privado; han asumido acciones de provocación como el haberse llevado la puerta por delante con la camioneta del gerente de la finca, a ver si nosotros actuamos contra ellos y logran justificar la metida de la fuerza pública”.
A los comentarios de Campo Elías, doña Celina agrega lo siguiente: “Aquí en este movimiento le enseñamos a los empresarios y a los patrones que no tienen por qué maltratarnos ni pasar por encima de nuestros derechos, que no nos tienen por qué pisotear. Este diciembre fue para mi muy difícil, pues no tenía nada que darle a mi hijo menor de 14 años. Pero estoy acá porque de algo debe servir: tanto para ellos como escarmiento, como para nosotros conseguir nuestros derechos”.