Edición 40 - Mayo 2009

La culpa no es del cerdo

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 El escándalo mediático orquestado entorno a la gripa A-H1N1, bautizada en un principio como influenza porcina, oculta diversos aspectos de la realidad capitalista contemporánea que es bueno recordar, para entender el verdadero sentido de lo que está pasando. Es algo mucho más complejo de lo anunciado en forma histérica por los medios de comunicación, y que nos remite al verdadero responsable: al capitalismo. Porque el cerdo no tiene la culpa de lo que está sucediendo, solo es otra víctima más del capitalismo, como tratamos de mostrarlo con las siguientes tesis.

 

1. Efectos de convertir a los animales en fábricas de carne

El capitalismo es un sistema que se caracteriza por convertir todo en mercancías, sin importar las consecuencias que ello origine. Así, la producción de carne de animales domésticos, como las gallinas, las vacas y los cerdos, ha sido sometida a un proceso de industrialización a vasta escala, con la formación de grandes granjas, en las que se crían miles de animales, sin ninguna clase de cuidados y franqueando las barreras naturales (como convertir a seres herbívoros en carnívoros), lo cual está en el origen de enfermedades como la vaca loca o la gripa aviar.

En el caso de los cerdos tenemos, por ejemplo, que en Estados Unidos se han establecido monopolios, como el de la multinacional Smithfield -en una de cuyas granjas de México se originó la cepa de gripa que tanto escándalo ha producido- que amontona miles de animales, en medio de la suciedad, apretujados, casi sin espacio para respirar, sometidos a un terrible estrés, que nunca ven el sol, son alimentados con gallinaza, y muchas veces son aplastados por el resto de la manada cautiva. Es obvio que en estas condiciones tan irracionales, exista un terreno fértil para la incubación de epidemias y enfermedades en cualquiera de los puercos que están hacinados y que luego se transmita a los demás. Ese riesgo se disimula con el uso masivo de antibióticos, hormonas y fármacos para intentar mantener sanos a los cerdos, lo que en lugar de atemperar el problema lo agrava por la desprotección viral que esto genera. A esto deben añadirse los problemas de contaminación que origina la cría de millones de animales, puesto que sólo en el 2008 la mencionada Smithfield sacrificó, sólo en los Estados Unidos, a más de 30 millones de marranos, junto con la desaparición acelerada de las pequeñas granjas de criaderos de cerdos, apabulladas por la competencia desaforada de la producción industrial.

2. Las epidemias y los impactos negativos del libre comercio
Que el escándalo de la gripe A-H1N1 se haya desencadenado en México no es casual, puesto que las élites de este país se presentaron desde hace 15 años como los campeones, por el lado de América Latina, del libre comercio, y fueron los portavoces, teóricos y prácticos, de las virtudes mágicas de la firma del TLCAM con los Estados Unidos y Canadá. Pero los sueños de la globalización virtuosa, que justifica esos tratados, se han convertido en terribles pesadillas para México, tales como la reducción de su producción agrícola en sectores en que eran autosuficientes (como el maíz y el fríjol) y la llegada de emporios multinacionales de la mala alimentación, procedentes de los Estados Unidos, que no vienen solos sino que traen consigo enfermedades y epidemias, que acompañan sus formas de producción de alimentos, como se sabe hasta la saciedad en el caso de la comida basura de McDonalds y otras empresas de ese estilo. Con esta lógica, México ha abierto sus puertas a Smithfield y a empresas similares, las cuales han aprovechado la liberalización comercial para insertarse en México y burlar hasta las normas más elementales de protección sanitaria.

Resulta casi tragicómico que los habitantes del país que era presentado como el modelo del libre comercio se hayan convertido en los leprosos del siglo XXI y no puedan ni entrar ni salir de México y nadie los quiera recibir, como se está demostrando con la prohibición de viajes de y hacia el país azteca, hasta el punto que ya ni siquiera sus equipos de fútbol son aceptados en otros lugares. Este es uno de los paradójicos costos que tiene que asumir el país que ha sido sometido a la delirante locura del libre comercio indiscriminado, víctima del “propio invento” de las élites neoliberales de México.

3. La destrucción de los sistemas de salud públicos
México también es campeón, como efecto del neoliberalismo exacerbado, de la privatización y reducción al absurdo del sistema de salud pública, convertido en un lucrativo negocio del capital privado. Esta privatización, que también se ha aplicado en el resto del continente, con contadas excepciones, ha significado el cierre de hospitales, centros de salud e instituciones preventivas, así como el licenciamiento del personal médico más capacitado con que contaban los países. Si a esto se le añade la crisis alimentaria, fomentada por la conversión de la agricultura en otro negocio multinacional, que se expresa en la desnutrición crónica y en la pésima alimentación, encontramos que cualquier gripa normal –como finalmente es la A-H1N1- puede generar decenas de muertos, ya que no existen posibilidades sanitarias de enfrentarla, por la desaparición de las instituciones públicas de tratamiento y prevención.

Si la lógica capitalista y neoliberal en términos sanitarios es la de “sálvese quien pueda”, es decir, quien tenga dinero para pagar al sistema privado de salud, es obvio que los más afectados por cualquier enfermedad, que puede convertirse de manera fácil y rápida en una pandemia, son los pobres. Estos, a menudo, tienen que enfrentar el dilema de alimentarse mal o pagar un servicio médico, privado e ineficaz, o escoger entre morirse de hambre y desnutrición o perecer por causa de algunos de los virus generados por la lógica irracional del capitalismo mundializado y por la destrucción del sistema de salud pública.

4. El negocio de producir y vender medicamentos, orquestado por falsimedia
No debe dejarse de lado, para concluir, que como parte de la privatización de la salud y de la vida, hay otros poderosos intereses, representados por las multinacionales productoras de fármacos y vacunas, convertidas en costosas mercancías que están protegidas por el monopolio criminal de las patentes. Estas empresas que se lucran con el dolor humano y animal solamente producen medicinas cuando les reportan fabulosas ganancias y por eso sus mercados predilectos los forman los ricos y opulentos, aunque no les viene mal cualquier coyuntura de pánico sanitario, como la de estos días, para aumentar sus ganancias, so pretexto de combatir una oleada de gripa, que siempre se presenta de manera periódica durante ciertos periodos del año.

En el caso actual de la influenza A-H1N1 es evidente que los principales beneficiados han sido unas pocas empresas productoras de medicamentos, como Roche, que se benefician de manera inmediata del miedo masivo generado por los medios de comunicación. Valga recordar que Roche está presidido por Ronald Rumsfield, ministro de guerra de Bush junior y un criminal de guerra nato, lo cual es un buen indicador de la “filantropía” que guía las acciones de estos empresarios. Por ello, para Roche, una empresa poseída por la lógica de vacunar de forma indiscriminada como forma de aumentar las ventas de sus productos patentados, esta gripa, inflada en forma alarmante en los dueños del mundo, les ha caído como bendición divina. Para completar, a estas multinacionales les va mucho mejor si, aparte de todo, culpan de la enfermedad a los desgraciados cerdos y ocultan la responsabilidad del capitalismo, porque al mismo tiempo se presentan como víctimas de epidemias inexplicables y benefactoras de la humanidad, cuando sólo son una muestra palpable de la hipocresía inmoral de un sistema mundial de muerte y desolación.

EDITORIAL No. 40 Que no nos gobiernen más ladrones

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