Hace poco, en una pesebrera en la Estrella, observé una imagen que me causó estupor: era Bolívar montado en un Caballo, y a su lado, Uribe Vélez en otro caballo, con su porte inconfundible de mafioso, y una leyenda que decía: “Los libertadores de Colombia”. Si Bolívar fuera testigo de semejante horror se levantaría de su tumba y simplemente volvería a repetir algo parecido a lo que le dijo a Pedro Briceño el 20 de septiembre de 1830: “Yo no puedo vivir entre asesinos y facciosos; yo no puedo ser honrado entre semejante canalla… Yo no pido por recompensa más que el reposo y la conservación de mi honor: por desgracia es lo que no consigo”.
Las aspiraciones de Bolívar
El próximo 24 de julio se cumplirán 226 años del natalicio de Bolívar, y en 10 años, en el 2019, Colombia cumplirá sus primeros 200 años. Y ya se anuncia en muchas partes, con gran diversidad de propósitos, las celebraciones del bicentenario del grito de la Independencia. Y en medio de tantas conmemoraciones, aún perviven y hasta se intensifican en Colombia los abusos y los maltratos al nombre y a la figura del Libertador Simón Bolívar. Pero ¿quién era Bolívar o qué era lo que pretendía? Observemos lo que dijo él mismo.
“La intención de mi vida ha sido una: la formación de la República libre, e independiente de Colombia entre dos pueblos hermanos. Lo he alcanzado: ¡¡¡Viva el Dios de Colombia!!!” (Proclama a los colombianos, 8 de marzo de 1820)
“Mi mayor flaqueza es mi amor a la libertad; este amor me arrastra a olvidar hasta la gloria misma. Quiero pasar por todo, prefiero sucumbir en mis esperanzas a pasar por tirano, y aun aparecer sospechoso. Mi impetuosa pasión, mi aspiración mayor es la de llevar el nombre de amante de la libertad”. (Carta a Robert Wilson, 16 de junio de 1827)
“Habéis presenciado mis esfuerzos para plantar la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiabais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono. Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia.”(Proclama a los colombianos, 10 de diciembre de 1830)
En mi concepto, estas palabras resumen perfectamente los fines y las aspiraciones de Simón Bolívar. Su vida heroica y trágica así lo demuestra. Quien quiera conocer esta historia, hoy día puede disponer de excelentes biografías, pero mejor aún, puede leer el libro que recrea más fielmente la vida y la personalidad de Bolívar: El general en su laberinto, de Gabriel García Márquez.
Infames tergiversaciones: Bolívar precursor del conservatismo
El más conocido de estos abusos con la figura de Bolívar se dio desde la misma época de la independencia y se mantuvo hasta finales del siglo XX. Algunos historiadores y políticos del siglo XX quisieron prolongar una idea falsa de que Bolívar tenía una ideología conservadora y, peor aún, que era el precursor del Partido Conservador colombiano. Esta falsificación réproba de la historia se sostuvo por mucho tiempo, desde la época en que Santander, por simple ambición, comenzó a manipular y a crear cizaña alrededor del Libertador, para quedarse con el poder. Pero el mismo Bolívar ya le había advertido a Santander en una carta del 19 de junio de 1820 lo siguiente: “En una balanza ordinaria se diría que Ud. era más liberal que yo, pero esto es un error”.
Esta idea de que Bolívar era conservador prosperó por su oposición insistente a que los autoproclamados “liberales”, encabezados por Santander, copiaran ciegamente las constituciones liberales del mundo, sin tener en cuenta las circunstancias complejas y únicas de este pueblo que, sumido en la ignorancia y la anarquía, requería de unos gobiernos distintos y fuertes para crear una república de hombres libres; lo cual no significaba en ningún caso invocar monarquías medievales, pretensiones que también se le adjudicaron alevosamente a Bolívar. Pero la astucia de Santander se impuso y logró difundir la difamación de que Bolívar era un tirano que se quería proclamar emperador. Y tuvo tanto éxito, que varios años después en las mentes más desprevenidas se incorporó la absurda idea de que Bolívar tenía algo que ver con aquella inmundicia de la oligarquía colombiana que se ha llamado bipartidismo.
Bolívar no era conservador ni era liberal, ni de derecha ni de izquierda. Todos esos motes se los hemos puesto nosotros con nuestros prejuicios y anhelos del siglo XX. Bolívar es más grande que todo esto. Fue el hombre que más luchó por la libertad, fue un creador de naciones, fue un guerrero. Su tragedia consistió en que no quiso imponer la libertad por la fuerza, sus contemporáneos no lo comprendieron y muchos lo traicionaron.
Infamias recientes
Como apasionado y especialista en la vida y obra de Simón Bolívar, manifesté públicamente la indignación que sentí al leer la columna de José Obdulio Gaviria titulada “¿Los dos grandes majaderos de Colombia?”, que publicó el Tiempo el pasado 26 de mayo. En esta columna de opinión, José Obdulio Gaviria tiene la insolencia de comparar a Álvaro Uribe con Simón Bolívar. Y no es una simple comparación, sino además una atrevida referencia a una conocida frase de Bolívar, pronunciada antes de su muerte en 1830: “Los tres grandes majaderos de la humanidad hemos sido: Jesucristo, don Quijote y yo”. Esta frase la pronunció Bolívar en medio de la más profunda tristeza y desilusión, al ver cómo otros desbarataban su creación.
El asunto es que José Obdulio Gaviria ahora no sólo compara al hombre más libre que ha tenido Suramérica con un simple mafioso, fascista, que se hizo al poder con crímenes y artimañas; sino que afirma que este último, Uribe Vélez, está viviendo una “encrucijada del alma idéntica a la que vivió Bolívar”. Comparar a Uribe con Simón Bolívar es el mayor insulto a la razón, a la inteligencia y a la memoria del Libertador. Esta es ya una ofensa que ningún hombre, con un mínimo de decencia e inteligencia, puede admitir.
No pretendo decir la “verdad sobre Bolívar”. Lo que sí puedo es develar las calumnias y la manipulación que se hace en Colombia de la historia. Lo que sí puedo -citando a Fernando González-, es dejar al lector una provocación: “Bolívar en América es un fenómeno muy raro. ¿No fue, en el desespero, el precursor de Nietzsche, al ver a la humanidad tan baja aún?”.