A través de la historia los jóvenes que han llegado a ser médicos no necesariamente eran los más inteligentes de su tiempo, eran los hijos de terratenientes, comerciantes, monarcas, reyes, clase media y clase alta o burgueses que llaman. Los jóvenes del común, del pueblo raso, los hijos de campesinos y obreros, no tenían ese derecho y menos ese privilegio. Es así como la medicina y el ser médico ha sido para las élites y la oligarquía de los países. Aún hoy, siglo XXI, los médicos son en su mayoría salidos de la pequeña burguesía o de la burguesía; y los pocos que lograron salir desde abajo, no esperan a graduarse para buscar la forma de colarse y codearse con la pequeña burguesía. Y afirmo lo anterior, dado que por diferentes razones, que hay que estudiar cuidadosamente, son muy pocos los hijos de los obreros y campesinos que pasan a las universidades públicas, y, por otro lado, los precios de las universidades privadas son un sueño inalcanzable para los hijos de los que ganan un mínimo o menos.
Hay una dialéctica macabra en el tal “mundo del conocimiento de hoy y del futuro” y se manifiesta claramente en que a medida que unos pocos conocen algo de ciencia, tecnología y cultura, las grandes mayorías se mantienen y las mantienen en la más crasa ignorancia. En otros tiempos, los médicos eran respetados por su estudio, sabiduría y conocimiento; ahora, un médico general -para muchos- es un simple bobo que lo único que sabe es mandar ibuprofeno y acetaminofén para todas las enfermedades y molestias. Ahorita, cualquier joven que tenga dinero puede ser médico, es tan fácil como matricularse en la Remington de Medellín y listo.
Señalo la ignorancia como uno de los problemas actuales dado que el mero hecho de no valorar y respetar al médico en su condición de protector de la salud y la vida de su “pueblo” es una vulgar muestra de la ignorancia colectiva que nos abruma. Pero los médicos también tienen responsabilidad en el asunto de cómo son tratados individual y colectivamente por la sociedad; cuando los médicos colectivamente no ponen posición y no son capaces de exigir sus derechos y colocar sus condiciones, son manejados como marionetas que no tienen autonomía ni capacidad de pensar por su propia cuenta. Parece que al médico general como individuo no solo no le importa su condición de esclavo y marioneta, sino que poco o nada le importa el real impacto de sus actos médicos para aportar a la calidad de vida de sus pacientes.
Un aspecto más de la ignorancia lo vemos plasmado en los pacientes que se mantienen a la ofensiva buscando activamente o esperando la caída que le dé cualquier médico para demandarlo y volverse millonario. Y es ignorancia porque no conoce todo el enredo jurídico, leguleyo, en el que se mete, ya que si hay una cosa difícil de demostrar en la vida es la impericia o la negligencia médica; la medicina no es de resultados, en muchas condiciones particulares de la vida no es posible saber la verdadera causa de la muerte o de las complicaciones del paciente. El demandador ignorante e inocente no sabe que en el gremio médico todavía existe algo de lo que se llama colegaje médico y solidaridad de gremio, y que si su demanda no prospera será contrademandado por igual monto de dinero del que pensaba ganar, ya que incurre en los delitos de injuria y calumnia contra el médico.
Hace varias décadas el sistema de la salud se volvió un negocio, la atención a los pacientes una mercancía y el paciente se convirtió en cliente. En Colombia se concretó tan grave situación con la ley 100 de 1993, con el apoyo y aval del señor Álvaro Uribe Vélez, cuya familia es dueña de Saludcoop y tienen acciones en otras empresas EPS mercenarias de la salud. Al ser el sistema de salud un negocio, las EPS, hospitales y clínicas son empresas capitalistas y los médicos sus obreros sometidos a las leyes capitalistas de mercado, incluida la oferta y la demanda.
Ha demostrado la economía política que la principal forma de ganancia del capitalista es la plusvalía y que su magnitud depende del salario del obrero. Si el capitalista necesita luchar contra la tendencia – ley – a la baja de la tasa de ganancia, debe disminuir el salario para aumentar la plusvalía y, por tanto, la ganancia. Pero disminuir el salario implica mayor grado de explotación de la fuerza de trabajo y menos calidad de vida para los médicos. Nadie puede negar la pérdida adquisitiva del salario médico y la caída de dicho salario; para ilustrar veamos unos datos:
En la década del 70 un médico general se ganaba entre 20 y 30 salarios mínimos, casi lo mismo que un senador; en la década del 80 eso bajó a un promedio entre 10 a 20 mínimos; en la década del 90 era alrededor de 10 mínimos; a principios del siglo XXI, estaba el salario médico entre 7 y 10 mínimos. En el año 2002, en algunos municipios de Antioquia se le pagaba al médico rural lo mismo que a los médicos generales de planta, $ 2’300.000 mensuales, que equivalían a unos 8 salarios mínimos. Y da rabia saber que hoy, en el 2009, hay cooperativas que le ofrecen a sus médicos generales un salario mensual entre $1’500.000 y $2’000.000; es decir, han bajado los salarios para los nuevos médicos a 3, máximo 4 salarios mínimos. Este es el mismo salario que se gana un conjunto, pequeño, de obreros en este país; entonces, ¿por qué los médicos no se consideran todavía obreros de la salud?
La situación anterior planteada se ve agravada con la gran oferta que hay de facultades de medicina de garaje que cada semestre sacan cientos de médicos generales sin consciencia social y política, sin hablar de su calidad académica y experiencia, lo que lleva a los chupasangres de las cooperativas y las EPS a ofrecer cada vez menos salarios y condiciones laborales a los médicos recién graduados y los viejitos sin rosca ni futuro.
Por otro lado, en los fantasmas de organizaciones sindicales médicas, que dicen estar vivas y no funcionan para los intereses laborales médicos, no se puede confiar, y menos en las organizaciones gremiales academicistas y politiqueras. Es necesario entonces crear organizaciones de médicos con posición política que organicen, formen y movilicen a los médicos para la defensa de sus intereses y para recuperar todo lo perdido y plantear una visión de medicina y sociedad totalmente opuesta a esta porquería de sistema que nos ha tocado vivir y sufrir. Por eso invitamos a los médicos a marchar el próximo Primero de Mayo para unir fuerza con la clase obrera y poder luchar juntos por una nueva y muy diferente sociedad.