Edición 68 - Noviembre 2011

Políticas educativas y sus efectos en la calidad de la atención médica

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Cuando tu, como paciente o cliente sales de una consulta médica después de horas y días de espera de una cita y de 15 minutos de fría relación con el médico que ni te toca ni te mira, faltándote al respeto como seres humanos iguales en esencia nos merecemos, desde luego sales triste, aburrido, preocupado. No sabes lo que le está pasando al funcionamiento de tu organismo, qué diagnóstico y pronóstico tiene, si es grave o no tu estado de salud; tampoco sabes si te van a aprobar los exámenes, los medicamentos, las remisiones a especialistas y todo lo demás que puedes necesitar. Sales de esa consulta con miles de dudas y tu confianza en el sistema de salud y en la capacidad y conocimientos del médico se hace mínima o nula. Pero igual no tienes otra opción.

Te preguntas qué experiencia tendrá ese médico, en qué universidad estudió, en una pública o una privada, por qué quiso ser médico, cuál es su compromiso con sus pacientes, qué tan crítico es del sistema de salud y de sus limitaciones…

Para tratar de responder a muchas de esas dudas es muy importante empezar por conocer y analizar cómo se mueve, como funciona el sistema de salud que nos rige y como está planteado el sistema educativo que está formando o deformando a esos médicos.

·    Sin asegurar que el sistema médico colombiano antes de expedida la ley 100 de 1993 era una maravilla, lo que sí es claro es que a partir de esa ley privatizadora, neoliberal y mercantilista del derecho a la salud, la atención y las condiciones cambiaron drásticamente y se orientaron principalmente al negocio, al lucro, a la ganancia y a la usura; y se planteó como secundario el derecho a una vida saludable y a una excelente atención médica de los pacientes. Esta ley vino a crear una estructura y unas normas del funcionamiento del sistema de salud que no han beneficiado ni resuelto adecuadamente los problemas de salud del pueblo colombiano.
·    Los médicos que laboran en instituciones públicas o privadas, en IPS estatales o en las EPS privadas se formaron y egresaron de universidades públicas y privadas donde hay grandes diferencias de intereses, académicas y económicas. A muchos médicos los mueve es el status social, el enriquecimiento “lícito”, pero otros ven lo más importante en el aporte solidario a los pacientes que sufren y que buscan su ayuda.
·    Se supone que a las universidades públicas ingresan los más inteligentes y aptos, dado los pocos cupos que ofrece el Estado para estudiar medicina; mientras que a las universidades privadas ingresan los que tienen rosca política o familiar y capacidad para pagar entre 5 y 10 millones por semestre.
·    La gran dificultad para que miles de jóvenes estudien medicina en las universidades públicas ha llevado a que se creen muchas universidades privadas de garaje donde no hay garantía de una adecuada formación y una mínima calidad de los médicos que egresan, que tienen que enfrentarse a un complejo sistema de salud y a un más complejo problema salud – enfermedad de los pacientes. 
·    Esas “universidades” o instituciones universitarias sacan cientos de egresados donde, al parecer y por negocio, lo que importa es la cantidad y no la calidad. Es parte del juego del mercado donde lo importante es que haya más oferta de mano de obra para poder ofrecer salarios cada vez más miserables.
·    Con la ley 30 de 1992 y su reforma en curso pretenden aumentar la cobertura en la educación pública con menos recursos aportados por el Estado, obligando a las universidades a conseguir más ingresos propios (autofinanciación) que es una consecuencia clara de la privatización.
·    No hay un aumento proporcional entre las facultades de medicina, el número de estudiantes y los hospitales o clínicas universitarias como sitios de práctica.
·    Los cursos teóricos se realizan hasta en grupos de más de 100 alumnos, donde es imposible hacer una pregunta o discutir a profundidad un tema.
·    La cantidad de alumnos para hacer las rondas o prácticas clínicas son demasiados, lo que no permite buena calidad y causa en los pacientes desagradables molestias y se vulnera sus mínimos derechos.
·    Los estudiantes de medicina y los egresados se enfrentan a una práctica profesional muy competitiva y ambientes laborales muy hostiles, lo que produce frustración y depresión por no tener autonomía y libertad para ejercer su labor tranquilos.
·    Al formar médicos en competencias específicas se va perdiendo la capacidad de ver al ser humano como una integralidad y esto lleva a no poder dar soluciones adecuadas y a cometer más errores.
·    La inmensidad de conocimientos, la relación entre ellos y la profundidad que se necesita para enfocar la salud y la enfermedad de un paciente requieren tiempo para poder analizar y reflexionar adecuadamente, pero tiempo es lo que no le da el sistema de salud al médico para una buena práctica médica, esto lleva a no poder hacer diagnósticos certeros y a no tener una adecuada relación médico – paciente.
·    Son muchos los conocimientos que tiene que asimilar un médico, para que después las normas de la ley 100 y sus artículos reglamentarios no permitan que el médico los aplique y crezcan cada día más las actividades que le están “prohibidas”, ya que hay un gran interés por promover las especialidades médicas (postgrados) que son el nuevo negocio .
·    Los pocos sitios de práctica médica y de trabajo tienen mucho déficit de recursos para desempeñar dignamente la profesión; muchos hospitales estatales no tienen lo mínimo para la atención de los pacientes.
·    Con la aprobación del TLC y la reforma a la ley 30 en curso se va a profundizar la competencia mercantil en el sector salud, lo que lleva a agudizar la crisis; no caen en cuenta que no están trabajando con objetos sino con seres humanos que sufren y que merecen respeto.

Como estudiantes y pacientes que nos beneficiamos o nos perjudicamos con todas estas leyes y reformas, tenemos la obligación de estar atentos al análisis y la discusión de estos temas y participar activamente en todas las protestas, marchas y movilizaciones que se están realizando para defender estos derechos fundamentales.

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