Edición 122 Octubre - Noviembre 2016 |#64bd6e

Una nueva oportunidad para la paz

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Algunas caras nuevas en la delegación oficial de paz de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional, hacen prever que los “elenos” estarían preparados para enfrentar con seguridad y suficiencia la fase pública de las conversaciones de paz con el gobierno de Colombia, que iniciarían el 27 de octubre en la ciudad de Quito, en temas como los de género, diversidades étnicas, paramilitarismo y víctimas, que han sido el corazón de las polémicas en los acuerdos de La Habana por cuenta de los mensajes engañosos impulsados por el Centro Democrático.

Una figura de mujer, desconocida para casi la totalidad de los televidentes que observaron en vivo la transmisión del anuncio de la fase pública entre el ELN y el gobierno, es uno de esos nuevos rostros. Se trata de Consuelo Palacios, una joven de ascendencia afrodescendiente, quien militó en el movimiento social y político A Luchar en los años 90 en la región antioqueña.

Consuelo se vinculó desde muy joven a A Luchar y ante la persecución, los asesinatos y el exterminio al que fue sometida su organización social a manos de los organismos de seguridad y armados del Estado colombiano, tuvo que huir. “Luego cuando se incrementó toda esa persecución me vinculé a la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, pero esta organización también fue prácticamente exterminada, entonces ya no tuve otra opción que irme para la montaña para preservar mi vida y continuar mi proyecto revolucionario, empuñando las armas del ELN”.

Frente a las preguntas por el presunto maltrato que reciben las mujeres en la guerrilla y la condición de desigualdad a las que son sometidas, Palacios manifiesta: “el ELN tiene una política de igualdad de género en el desarrollo del trabajo, en las oportunidades y el crecimiento como militantes. La conducción estratégica de la organización respalda la participación y el desempeño de la mujer en el liderazgo social y político. Nunca he recibido maltratos; tenemos un código de funcionamiento, una normatividad que regula el trato entre compañeros y no se permite el maltrato o violencia contra las mujeres, este código interno penaliza este tipo de maltratos”. Lo que pasa, dice Consuelo, es que el régimen sataniza la participación de la mujer como líder y como revolucionaria, entonces a través de los medios masivos deja ver que allí en la guerrilla la mujer se prostituye, la maltratan o la hacen abortar, pero según ella, en el ELN no es así.

Consuelo Palacios llegó a la delegación por sus capacidades según dice, nadie le regaló nada. En el ELN hay varias mujeres que están en la línea de mando, y no solo será ella la que participe en el proceso desde la delegación, son varias mujeres que apoyarán diferentes campos en esta negociación de paz. Como ella viene del trabajo político y social, considera que tiene capacidad para abordar temas en este campo y en el de participación política y el debate de género.

En las imágenes de Telesur y en las fotos de los diarios y de las redes sociales, aparecen junto a Consuelo dos hombres, uno de ellos, el más joven, es Bernardo Téllez. Es un campesino caribeño nacido en el departamento del Cesar, quien también dio sus primeros pasos en la lucha revolucionaria en los procesos sociales. “En 1987 en el contexto del paro costeño estuve en un núcleo de colaboradores clandestinos, posteriormente me incorporé con tan solo 17 años. Luego el paramilitarismo conociendo mi vinculación a la guerrilla secuestró a mis padres y los tuvieron cautivos por más de un año. En esa época los paramilitares utilizaban toda la información de los organismos de inteligencia del ejército y la policía para golpear no solo a los guerrilleros sino especialmente a sus seres queridos, con el fin de doblegarlos. Por fortuna mis padres fueron dejados en libertad por mediación de la Cruz Roja, hacia el año 97. Pero años después en el 2005, los paramilitares asesinaron a mi único hermano, un campesino que no tenía ningún vínculo con la guerrilla”, concluyó Bernardo.

Frente a las condiciones y características que diferencian esta negociación de otros esfuerzos realizados en años anteriores, Téllez señala que en esta oportunidad pareciera que en la sociedad existen intenciones de paz verdaderas, “viene creciendo un fuerte anhelo por encontrar una solución política al conflicto social y armado, pero se requiere de la capacidad del proyecto social y de las organizaciones populares que puedan catapultar una propuesta de paz y participación política que sea imparable”.

Téllez considera que todo esto se puede dar si hay voluntad del ELN, si hay participación del pueblo en la construcción de la paz, y en especial si hay la voluntad por parte del Estado, sus gobernantes y el régimen, de sacar la violencia y la guerra sucia de la lucha política y de ideas. Si es así, si el ELN en su exploración observa que las condiciones están dadas, estaría dispuesto, según Téllez, a posibilitar que las armas se vayan dejando y así pasar a la lucha política sin armas.

El tercer integrante de la delegación, que no es nuevo en el ELN, es Gustavo Martínez. Este hombre es realmente un baluarte del ELN en la lucha contra el paramilitarismo. Martínez ha desarrollado su vida guerrillera en diferentes frentes, pero el que más conoce de sus proezas es el Darío Ramírez Castro, con influencia en el departamento de Antioquia y la parte sur de Bolívar.

Martínez manifiesta que conoce casi hasta el último palmo de esas regiones y que allí junto con el comandante Alape del secretariado de las Farc confrontaron durante muchos años la arremetida del paramilitarismo, descaradamente apoyada por las fuerzas militares. Dice que a estos les proporcionaron más de dos mil bajas, y recibieron también en sus filas por lo menos a 500. Martínez es un hombre inteligente, de un gran olfato político, con intereses culturales profundos y con alcances comunicativos altos. A pesar de estar curtido en la guerra, tiene una inclinación al diálogo y a la comprensión de los fenómenos de la violencia desde el punto de vista humanista y sociológico.

El 27 de octubre el ELN y el Gobierno de Colombia tendrán una oportunidad para inyectar optimismo a la nación a través de este proceso que da paso a la fase pública. Serán por lo menos 30 los insurgentes que integrarán el equipo o delegación de paz, y 10 de ellos estarán en la mesa como principales y suplentes. Es posible que este proceso se inicie con un pacto de cese del fuego y con unos gestos de carácter bilateral para darle confianza a las partes. Ya el ELN inició la entrega de retenidos y probablemente este gesto sea respondido de la misma manera por el gobierno dejando en libertad o como gestores de paz a varios de sus miembros presos en las cárceles. Esta fase pública iniciará abordando el primer punto de la agenda, “Participación de la Sociedad”, y el 5F, que trata sobre acuerdos humanitarios. Ojalá esta sea otra oportunidad para la paz en Colombia.

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