USA concentra el 46 por ciento del gasto militar total del planeta, y Colombia es su primer receptor de ayuda militar en el hemisferio y el tercero en el mundo. De esta manera, el pentágono apoya gobiernos aliados en su propósito común de desestabilizar las regiones que desea recolonizar. Hugo Chávez es el blanco, pero no el objetivo de la agresión de USA. El emplazamiento de bases militares en Colombia pretende romper la configuración del mapa geopolítico regional, para contener la imparable fuerza ética de la revolución bolivariana.
Según el reciente informe de la revista Military Power Review, Colombia, país en el cual USA ejecuta su programa denominado Plan Colombia, ocupa el primer lugar con 6.746 millones de dólares al año. Además, se beneficia de una cuantiosa ayuda militar adicional que asciende a 3.000 millones, destinada al Plan Patriota y refinanciación del Plan Colombia. Estos préstamos y “ayuda” los está utilizando la USA para presionar política y económicamente al gobierno colombiano, en búsqueda de instalar bases militares, cuyo número de emplazamiento, aún está por definir.
Según el gobierno de Uribe, en Colombia “no existe conflicto ni guerra”; sin embargo, está invirtiendo 6,5% del producto interno bruto para asistir un ejército, cuyas tropas superan las de Venezuela, Ecuador y Perú juntas. Mientras en este respecto la República Bolivariana de Venezuela ocupa el séptimo lugar en sur América con el 1% del PIB destinado al área militar, por debajo del promedio de la región, el cual alcanza 1,74% del PIB. Pero, al mismo tiempo redujo el hambre a cero, ocupa el primer lugar en inversión social, básicamente en salud, trabajo, vivienda y educación. Por tal motivo, hoy, por muy lejos que vivan los campesinos de los centros urbanos, saben leer y escribir; interpretar la historia del país e identificar gobiernos y políticos que trafican con la patria.
Los halcones de Washington y los guerreristas colombianos acusan a la República Bolivariana de Venezuela de supuestos gastos excesivos en el área militar, de ser aliado de las FARC-EP y favorecer al narcotráfico. Así ponen en evidencia una inminente invasión, legitimándola previamente con mentiras, tal como hicieron en Irak. Las bases militares que el pentágono pretende emplazar en territorio colombiano, debido a la aceptación dócil del gobierno de Álvaro Uribe Vélez y de su congreso, podría desencadenar una escalada de invasiones a todas aquellas naciones de gobiernos progresistas, con pretextos similares a los esgrimidos contra Venezuela.
A la República Bolivariana de Venezuela le asiste el deber y la responsabilidad de defender la revolución. Este es un compromiso no sólo con el pueblo venezolano, sino con todas las naciones suramericanas, teniendo presente que Chávez no es Chávez en su persona, sino la dignidad de todos los pueblos latino americanos. Por tal motivo, firmó acuerdos con Rusia y Brasil en materia militar. Y activó sus comandos de reserva incorporados a la nueva doctrina nacional de guerra.
Mientras, Uribe juega el destino de Suramérica apoyando la política de intromisión y control de Washington en países donde no debe estar. Lejos de renunciar su hegemonía imperial, Estados Unidos quiere adueñarse del 29% del agua dulce y del 32% de biodiversidad, que hasta hoy convierten a las naciones latino americanas en las mayores potencias vitales del planeta.
Los gringos quieren seguir extrayendo petróleo de Venezuela, cancelarlo en bolívares y revenderlo en dólares; igual que las minas de hierro, oro, carbón y diamante. Las minas metálicas, las reservas probadas de gas natural, calculadas en más de 4,32 millones de metros cúbicos, las reservas de uranio radiactivo de Hato Piñero en el estado Cojedes. Y el acuífero del gran reservorio de agua dulce de la región del esequivo que abastecerá la población venezolana durante muchas centurias. El gas de Bolivia y sus reservas acuíferas del Pantanal; saquear las reservas naturales de la amazonía ecuatoriana, abundante y variada y, privar al pueblo del Ecuador para siempre de ellos; también las riquezas forestales biodiversas de Brasil y los trescientos kilómetros cúbicos de agua potable que reserva el acuífero Guaraná. Y el afianzamiento sobre la soberanía de Colombia.
El Derecho Internacional, para el imperio, no es más que una política de fuerza que pretende imponer sus leyes fuera de sus fronteras; desestabilizar gobiernos progresistas, y reversar la historia de los pueblos que luchan por su independencia definitiva. Dijo Teodoro Roosevelt en su discurso “Speak softly but carry a big stick”- doblado al Español-: “nuestros intereses y aquellos de nuestros vecinos del sur son en realidad idénticos. Ellos tienen grandes riquezas naturales y si dentro de sus territorios se respetan nuestras leyes y la justicia, es seguro que les llegará la prosperidad. Mientras ellos obedezcan las normas elementales de las sociedades civilizadas pueden estar seguros de que serán tratados por nosotros con cordialidad y simpatía. Pero si resultan incapaces de hacer justicia en su propio país, y arriesgasen los intereses de los Estados Unidos, nosotros intervendríamos”. Y en su histórico discurso, “América para los americanos” agregó: “es deber de Estados Unidos prohibir toda alianza entre los países latinoamericanos y cualquier potencia europea o asiática”.
Ante la inminente invasión, la República Bolivariana de Venezuela tendrá que adaptar sus estrategias militares para la resistencia y enfrentar acciones similares a las que sucedieron en Corea, Vietnam, Kosovo y ahora en Irak, en caso de un conflicto que involucre las áreas selváticas de retaguardia. La estrategia de la resistencia no difiere mucho de la guerra de guerrillas y es un recurso que el ejército bolivariano no dudará en adoptar ante una posible confrontación con un imperio y un país aliado de este. Deberá contar con la propia selva tropical como aliada para combatir a quienes vislumbra como enemigos militares potenciales.
Pero la oligarquía colombiana está jugando con fuego, minando todo el territorio nacional con bases extranjeras, convirtiendo al país en vértice de una estrategia agresiva contra la República Bolivariana de Venezuela, Ecuador y Bolivia, cuyo conflicto podría extenderse a velocidad de meteoro a todos los países de centro, sur e islas del Caribe. Estos se opondrán resueltamente a favor de los pueblos que durante cuatrocientos años han aposentado en su corazón la chispa de odio contra la hegemonía de USA. No permanecerán neutrales, porque cuando los Estados entran en guerra, hay de temer al vencedor que no se resigna a aceptar amigos dudosos.